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Horror en el altar

El cura Alejandro Nicola, denunciado por 5 casos de abuso infantil, reapareció dando misa en la Catedral cordobesa

El crudo relato de la madre de una víctima.

30 Julio de 2026 11:34
 Catedral de Córdoba

El silencio de la Catedral de Córdoba fue profanado por una presencia delictiva. Allí, en el corazón del templo más importante de la provincia, reapareció el sacerdote Alejandro Nicola: no estaba escondido, ni cumpliendo penitencia... estaba celebrando misa. Lo aterrador del hecho no es solo su presencia, sino su historial: Nicola arrastra cinco denuncias por presunto abuso sexual contra menores. 

La imagen del cura frente al altar, mientras rige sobre él un supuesto "apartamiento preventivo", desató indignación entre las madres denunciantes que no se quedaron en silencio. Es que para estas, la escena fue una puñalada. 

 Catedral de Córdoba

Una de las madres de las niñas denunciantes rompió el silencio con un relato desgarrador que expone la impunidad clerical para TN: "Existe la presunción de inocencia, pero él tenía un apartamiento preventivo. No podés ponerlo en la Catedral de Córdoba, la iglesia más importante de la provincia, a dar una misa. ¿Qué tipo de apartamiento preventivo sería ese? Es una burla para nosotros", sentenció. 

El horror comenzó el 19 de mayo del año pasado, un día que quedó marcado a fuego en la memoria de esta madre. Al retirar a su hija del jardín de infantes, se encontró con una imagen que ninguna madre debería ver: la ropa de la pequeña tenía una importante mancha de sangre. La urgencia la llevó directamente al hospital, donde la realidad se volvió una pesadilla técnica y forense.

Alejandro Nicola

"Fui a la guardia y me atendieron dos pediatras. La revisaron y levantaron un protocolo porque me dijeron que era sangre vaginal. Ahí empezó todo", recordó la mujer. El diagnóstico médico activó de inmediato los protocolos de abuso infantil, pero el camino que siguió fue un calvario burocrático y emocional: "Fui a Desarrollo Social, a la Comisaría de la Mujer. Mi nena no podía hablar porque le dolía". Mientras la niña sufría en silencio, el sistema empezaba a mostrar sus grietas.

A medida que la denuncia tomaba cuerpo, la soledad de la familia se rompió de la peor manera: aparecieron más víctimas... otra madre vivía un calvario idéntico. Sin embargo, al intentar buscar pruebas en la institución educativa, se chocaron contra una pared: "La mamá de otra nena estaba viviendo algo parecido. Nos presentamos con un representante legal del jardín y nos dijo que no tenían cámaras de seguridad, que no existían o que las grabaciones se borraban", relató.

Alejandro Nicola

Lo que siguió fue un intento de revictimización perverso. En lugar de buscar al culpable, el foco se puso sobre la denunciante: "En vez de ponerse en mi lugar y ayudar a aclarar la situación, me dijeron que podían estar investigándome. Después empezaron a aparecer denuncias de niños que nosotros ni siquiera conocemos". El caso Nicola no era un hecho aislado; era un pozo que se hacía cada vez más profundo.

La Arquidiócesis de Córdoba, dirigida por el cardenal Ángel Rossi, mantuvo un silencio sepulcral durante meses. Según la madre, la Iglesia solo reaccionó cuando el escándalo era incontenible: "Nunca se comunicó la Iglesia de Córdoba. En diciembre del año pasado el representante legal avisó a la Arquidiócesis y recién este año nos llamaron. Algunos padres fueron y otros no", explicó. La frialdad institucional fue absoluta: "Ellos no se pusieron nunca en nuestro lugar. El cura manda y toma las decisiones. Escucharon los testimonios, pero de parte de ellos no hubo nada".

Ángel Rossi dirige la Arquidiócesis de Córdoba

Pero el horror no se limita a las sotanas; el Poder Judicial es cómplice de la espera eterna: "Es de destacar el no accionar de la Justicia. Cualquier otro ser humano estaría preso esperando una condena. Este tiempo es eterno", denunció la mujer, quien hoy debe repartir sus fuerzas entre la crianza y su propia salud mental destruida: "Tengo que sostener a mi hija. Me encantaría hacer justicia por mano propia, pero tengo que estar con ella. Yo también necesito tratamiento psicológico porque cada vez que hablo de esto se me retuerce todo".

Alejandro Nicola sigue libre, dando misa en la Catedral, protegido por un sistema que prefiere el escándalo de la reaparición antes que la justicia de la condena: "De la Iglesia lo puedo esperar porque lo sacan de un lugar y lo ponen en otro, ¿pero la justicia? No lo entiendo y no me entra en la cabeza. Hoy me toca estar de este lado, pedir justicia y salir a hablar. No quiero que quede en la nada".