En el aire de la sala judicial de Comodoro Rivadavia se respiraba una tensión insoportable, un silencio pesado que solo era roto por el eco de las palabras del tribunal. Pero todo cambió en un instante, cuando Luis López, el padre de Ángel López, el niño de apenas cuatro años brutalmente asesinado, no pudo contener la furia y el dolor que lo consumen desde aquel fatídico día.
Frente a los presuntos asesinos de su hijo -la propia madre del pequeño, Mariela Altamirano, y su pareja, Maicol González-, el hombre se hizo notar con un grito desgarrador que resonó como un lamento en las paredes de la sala y les gritó: "¡Asesinos, mataron a mi hijo, asesinos de mierda!".
El grito de Luis fue el eco de un dolor que no encuentra consuelo, la voz de un padre que exige justicia por su hijo muerto. Sin embargo, Altamirano, la madre del niño, permaneció impávida, con una frialdad que helaba la sangre. Por su parte González, padrastro del menor, se mantenía serio, como si su rostro no pudiera reflejar emoción alguna.
El caso de Ángel sacudió a la comunidad de Comodoro Rivadavia y al país entero. La autopsia reveló una verdad que heló la sangre: al menos 20 golpes en la cabeza del niño, impactos brutales que le provocaron un edema en el cerebelo y, finalmente, la muerte por paro cardiorrespiratorio. Los peritos forenses fueron claros: las lesiones no eran accidentales: alguien -o ambos- había descargado una violencia inhumana sobre el pequeño cuerpo de Ángel.
La fiscalía no dudó en calificar el caso como un homicidio agravado por el vínculo. Según los investigadores, Maicol González habría sido el autor material de los golpes, mientras que Mariela Altamirano, la madre biológica del niño, no hizo nada para protegerlo ni para detener el horror que se desataba en su propio hogar.
Durante la audiencia, González tomó la palabra para defenderse. Su testimonio estuvo plagado de negaciones y justificaciones que parecían buscar desviar la atención del horroroso crimen. En sus propias palabras: "Nosotros somos inocentes", afirmó con contundencia y, en la misma línea agregó: "Nosotros también queremos saber qué le pasó", explicó.
"Al nene se lo corregía como a cualquier nene, se le sacaba la tele o el juguete, como cualquier corrección. Pero esas barbaridades que dicen de golpes, maltratos o agua fría, no". González insistió en que las acusaciones en su contra son producto de malentendidos y prejuicios: "Nos juzgaron desde el primer momento que lo llevamos al hospital. Yo quiero que se descubra la verdad y nos dejen de culpar, porque somos inocentes con Mariela. Lo encontramos en la cama, nosotros no tenemos dos habitaciones. Una sola que es una cama cucheta arriba y abajo una cama de dos plazas".
Mientras Maicol González intentaba defenderse con palabras vacías, la actitud de Mariela Altamirano era aún más perturbadora: la madre biológica del niño permaneció en silencio durante toda la audiencia. Ni una lágrima, ni un gesto de arrepentimiento o dolor cruzó su rostro como ausente. Sus ojos evitaban mirar a la familia paterna del pequeño Ángel, especialmente a Lorena Andrade, la madrastra del niño, quien estaba presente exigiendo justicia con una fuerza desgarradora.
Si bien Mariela Altamirano y su pareja, Maicol González quedaron imputados y con seis meses de prisión preventiva por peligro de fuga y de entorpecimiento de la investigación, Luis López sigue enfrentando cada día con el peso del vacío dejado por su hijo... Es que detrás del horror y las lágrimas hay una verdad innegable: Ángel merece justicia.