En el corazón del Hospital Italiano se desató una investigación propia de una novela policial. Una de las protagonistas más importantes es Delfina "Fini" Lanusse, una residente de anestesiología que hasta hace poco era considerada una promesa brillante dentro de su especialidad pero que ahora está bajo los ojos de la justicia.
Junto a su colega y presunto amante Hernán Boveri, enfrenta graves acusaciones por el desvío y presunto consumo recreativo de propofol, un potente anestésico que, según los testimonios, habría sido utilizado en fiestas que se hacían llamar "Propo fests".
La investigación, encabezada por el juez Javier Sánchez Sarmiento y el fiscal Lucio Herrera, destapa inquietantes irregularidades en el manejo de medicamentos dentro del hospital. Pero lo que comenzó como un caso de presunto abuso de sustancias revela un Lúgubre que incluye la muerte del anestesista Alejandro Salazar, un hecho que todavía no tiene explicaciones claras.
Entre las declaraciones más recientes incorporadas al expediente, destaca la de M., una anestesióloga de planta que coordina la residencia de Anestesiología del Hospital Italiano. Con 50 años y una trayectoria intachable en la medicina, M. no pudo ocultar su sorpresa al enterarse de las acusaciones contra Lanusse: "Para mí era una residente brillante", declaró con firmeza y también declaró: "Nunca jamás un problema, proactiva, con una mirada constante de lo que pasaba a su alrededor".
"Para mí esto ha sido una enorme sorpresa, negativa por supuesto. Aclaro que yo solo tenía relación en lo profesional, no suelo participar de eventos sociales con el hospital, más allá de los meramente requeridos por cuestiones laborales", explicó M en su declaración ante la justicia.
Sin embargo, esta imagen contrasta con las versiones aportadas por otras testigos. Una de ellas es Chantal "Tati" Leclercq, quien aseguró haber encontrado a Lanusse "tirada en el piso, semiconsciente" en su departamento. Según su relato, la escena incluía jeringas y una ampolla de propofol, un potente anestésico que habría causado la muerte de Salazar.
M., por su parte, afirmó no haber presenciado nunca comportamientos erráticos por parte de Lanusse durante las 51 intervenciones quirúrgicas que compartieron. Sin embargo, su testimonio incluyó un dato que podría ser clave para la investigación: los residentes del hospital están habilitados para retirar medicamentos de la farmacia sin mayores controles. "A diferencia del fentanilo, la ketamina o la morfina, el propofol no requiere receta", explicó M. y detalló: "Lo pedís al técnico y te lo trae".
Las declaraciones de M. han puesto bajo la lupa el sistema interno de control sobre los medicamentos en el Hospital Italiano. Según explicó, aunque el uso de propofol queda registrado en fichas anestésicas y sistemas digitales vinculados a cada procedimiento quirúrgico, los controles no parecen haber sido suficientes para evitar el presunto desvío de ampollas.
El jefe de residentes de Anestesiología, identificado como F.D.B., ratificó esta información ante la Justicia. Según su testimonio, tanto residentes como anestesiólogos y técnicos tenían acceso a la farmacia para retirar medicamentos como el propofol sin necesidad de presentar recetas: "Los opioides sí necesitan una receta, el fentanilo, morfina. El propofol no requiere receta", señaló contundente.
El próximo 10 de junio será una fecha crucial en este complejo caso. Ese día, los jueces Ignacio Rodríguez Varela, Rodolfo Pociello Argerich y Hernán López revisarán los procesamientos de Lanusse y Boveri que podría marcar un punto de inflexión en la investigación y determinar si ambos deberán someterse a un juicio oral por los cargos que se les imputan.