No será una semana más para el gobierno de Javier Milei. En medio de una acumulación de escándalos, tensiones internas y señales de desgaste político, la administración libertaria ensaya un relanzamiento de su agenda con un doble objetivo: recuperar centralidad y contener el impacto de una crisis que tiene como principal protagonista al jefe de Gabinete, Manuel Adorni. La estrategia combina una ofensiva comunicacional -con el regreso de las conferencias de prensa y una agenda intensa de reuniones- y un intento por ordenar el frente legislativo con proyectos sensibles.
Sin embargo, el contexto dista de ser favorable: las críticas arrecian, los números de opinión pública empeoran y la propia interna oficialista empieza a mostrar fisuras. El regreso de Adorni llega tras semanas atravesadas por polémicas -viajes cuestionados, la inclusión de su esposa en comitivas oficiales y denuncias sobre inconsistencias patrimoniales- el funcionario buscará reposicionarse como la voz central del Gobierno.
En la Casa Rosada admiten, aunque sin decirlo en voz alta, que la figura del ex vocero quedó "golpeada". Aun así, el respaldo político de Karina Milei se mantiene firme, al menos por ahora. La apuesta es clara: mostrar gestión, retomar el control de la agenda y diluir el escándalo en la dinámica cotidiana del poder. Pero el movimiento tiene más de necesidad que de fortaleza. Incluso dentro del universo libertario comenzaron a escucharse cuestionamientos inéditos.
El escritor Nicolás Márquez, cercano al Presidente, pidió públicamente la renuncia de Adorni: "No le está haciendo bien al Gobierno su permanencia", lanzó, marcando un quiebre simbólico en el discurso oficialista. En paralelo al intento de recomposición política, el Gobierno acelera su programa de ajuste. Bajo la órbita de Federico Sturzenegger, el plan de desregulación y recorte del Estado avanza con nuevos capítulos: retiros voluntarios en organismos como el INTI, posibles reducciones en el INTA, Senasa y Aduana, y la no renovación de contratos en distintas áreas.
La llamada "Ley Hojarasca", que busca eliminar regulaciones y profundizar la liberalización económica, aparece como uno de los ejes de la agenda legislativa, junto con reformas al Código Penal, cambios en leyes de tierras y expropiaciones, y un nuevo esquema de financiamiento universitario alineado con el equilibrio fiscal. Este último punto promete abrir un nuevo frente de conflicto. Tras el veto presidencial a la ley votada en 2024 -luego ratificada por el Congreso en medio de masivas movilizaciones- el oficialismo insiste con una reforma que ya genera rechazo en la comunidad académica y los gremios docentes.
El frente parlamentario tampoco ofrece alivio. Adorni acumula pedidos de informes, iniciativas de interpelación y presentaciones judiciales, mientras aún no cumple con una obligación clave: la presentación del informe de gestión ante el Congreso, estipulada por la Constitución. Aunque el oficialismo promete que esa exposición se realizará en abril, la demora alimenta las críticas opositoras y refuerza la percepción de desorden institucional.
El intento de recuperar la agenda ocurre, además, en un contexto de deterioro en los indicadores de opinión pública. Según la última encuesta de la Universidad de San Andrés, la satisfacción con la marcha general del país cayó al 33%, mientras que la desaprobación de la gestión alcanza el 59%. El malestar social se explica, en gran parte, por el impacto económico del ajuste: los bajos salarios y la falta de empleo encabezan las preocupaciones, en un escenario donde el desempleo volvió a subir y el consumo sigue en retroceso.
En la misma línea, el Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella registró su cuarta caída consecutiva y se ubica en el nivel más bajo desde la asunción de Milei, acercándose a los valores que mostraba la gestión de Mauricio Macri en momentos de desgaste. Puertas adentro, el clima está lejos de ser estable. Aunque públicamente se descartan cambios, los nombres de posibles reemplazantes para Adorni circulan con insistencia: desde Sandra Pettovello hasta Martín Menem, pasando por otros dirigentes con peso propio.
La centralidad de los hermanos Milei en la toma de decisiones agrega un factor de imprevisibilidad. En un gobierno donde las definiciones suelen ser abruptas, nadie se anima a garantizar la continuidad del jefe de Gabinete. Por ahora, la estrategia oficial es resistir y avanzar. Conferencias de prensa, fotos de respaldo político y una agenda cargada de reuniones buscan transmitir normalidad.