El Día Nacional de la Ancianidad debería ser una jornada para celebrar la dignidad, la experiencia y los derechos de las personas mayores. Sin embargo, bajo el gobierno de Javier Milei y Luis Caputo, la fecha encuentra a miles de jubilados haciendo cuentas para comprar medicamentos, pagar servicios o llenar una bolsa de supermercado.
La imagen es tan injusta como dolorosa: más de 22 mil jubilados tuvieron que volver a trabajar durante el último año porque la jubilación mínima no alcanza para vivir. Personas que trabajaron toda su vida salen nuevamente a buscar una changa, atienden clientes, realizan tareas informales o dependen de la ayuda de sus hijos para llegar al final del mes.
El dato fue elaborado por el Instituto Argentina Grande (IAG) a partir de los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec. En el primer trimestre de 2026, el 12,6% de las personas de 66 años o más formó parte del denominado desempleo blue, el nivel más alto desde 2017.
La cifra es el reflejo de una vejez atravesada por la angustia: jubilados que no pueden viajar, que deben elegir entre comer o comprar remedios y que vuelven al mercado laboral cuando el cuerpo ya pide descanso.
De Eva Perón al abandono de los derechos
El Día Nacional de la Ancianidad se conmemora cada 28 de agosto porque en esa fecha de 1948 Eva Perón proclamó el Decálogo de los Derechos de la Ancianidad, en la sede del entonces Ministerio de Trabajo de la Nación. La iniciativa buscaba reconocer las necesidades específicas de las personas mayores y establecer garantías para asegurar una vejez digna; así, un año después, esos principios fueron incorporados a la Constitución Nacional de 1949, que estableció la protección de los adultos mayores como una responsabilidad del Estado.
El contraste con el presente resulta brutal. Aquella declaración nació para proteger a quienes habían trabajado durante toda su vida. Hoy, miles de jubilados deben seguir trabajando porque el Estado no garantiza ingresos suficientes y porque los aumentos quedan muy por debajo del costo real de vivir.
Los diez derechos proclamados fueron:
- Derecho a la asistencia
- Derecho a la vivienda
- Derecho a la alimentación
- Derecho al vestido
- Derecho al cuidado de la salud física
- Derecho al cuidado de la salud moral
- Derecho al esparcimiento
- Derecho al trabajo
- Derecho a la tranquilidad
- Derecho al respeto
"Tengo 82 años y ya no tengo la fuerza de antes"
En una recorrida de BigBang por la calle, una jubilada de Villa Bosch, Caseros y contó el drama que atraviesa todos los meses: "No sé qué me va a alcanzar; me cobran 80 mil pesos de tasa municipal en Villa Bosch más los remedios".
La mujer explicó cuánto debe gastar para sostener sus tratamientos: "Tomo dos remedios para la presión: esos dos solos, 100 mil pesos pero después tengo para el colesterol, la glucosa. Así como se cobra no alcanza y ahora nos van a dar un aumento de 10 mil pesos".
Su jubilación tampoco le permite comprar alimentos suficientes; contó que solo puede comprar medio kilo de carne, que le dura un día y, a raíz de esta situación, la mujer expresó además su indignación con el Gobierno: "Tenemos un presidente que lamentablemente hace lo que se le da la gana". Y agregó: "Estoy muy indignada, no puedo creer lo que hace con la gente, aparte nos insulta, nos maltrata".
A sus 82 años, todavía tuvo que salir a trabajar: "Yo estuve trabajando pero tengo 82 años y ya no tengo la fuerza de antes pero he tenido tres trabajos".
"Tengo 71 años y tengo que estar trabajando"
Otro jubilado entrevistado por BigBang contó que continúa trabajando durante jornadas de entre ocho y nueve horas para completar una jubilación mínima. "A esta altura tengo 71 años y tengo que estar trabajando. No me alcanza con la jubilación, cobro la mínima", relató.
El hombre explicó que recibe ayuda de las personas para las que trabaja: "Tengo un poco de ayuda de mis clientes que me están ayudando". También describió la situación de otros jubilados que, como él, quedaron atrapados por el endeudamiento: "Están mal, endeudados con deudas de hasta 10 o 15 millones, con las tarjetas, cómo hace esa gente para llegar, impagables".
La escena contradice cualquier discurso que presente el endeudamiento como una decisión individual o como el resultado de compras innecesarias. Para muchos adultos mayores, la deuda aparece para pagar remedios, servicios, alimentos o gastos básicos. Después llegan los intereses, los atrasos y la imposibilidad de salir del círculo.
"Quisiera ir a trabajar pero no puedo"
Una jubilada de 76 años contó que cobra la mínima y que depende de sus hijos para sobrevivir. No trabaja porque tiene graves problemas en la cadera, pero si pudiera, volvería a hacerlo: "No trabajo porque estoy mal de la cadera y cobro la mínima. Me ayudan mis hijos porque sino sólo llego al día 20 porque me viene mucho de luz, de gas y de agua y tengo a mi hija que es discapacitada entonces le tengo que comprar los remedios, antes te daban todos los remedios en el PAMI pero ahora sólo te dan los más baratos, los toros me los tengo que comprar", explicó.
Luego agregó: "Quisiera ir a trabajar pero no puedo porque tengo muy mal la cadera". La mujer contó que trabajó toda su vida y planteó una pregunta que resume el drama de millones: "¿Quién puede vivir con 400 mil pesos, nadie". Sobre el Presidente, fue contundente: "Quiero que se vaya este lo más pronto posible".
A 78 años de la proclamación del decálogo de Eva Perón, el Día Nacional de la Ancianidad encuentra a miles de personas mayores trabajando, endeudadas o dependiendo de sus familias. La fecha sigue existiendo en los almanaques argentinos, pero sus derechos parecen haber quedado encerrados en un documento histórico.