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Vuelta a los '70

"Es grotesco si no fuera trágico": a quién le habla Milei cuando habla de "terroristas"

El Presidente usa muy campantemente la terminología de enemigos internos y externos enfatizando la idea de "terroristas disfrazados" de estudiantes, periodistas, profesores e investigadores. El historiador Sergio Wischñevsky trazó un paralelismo con la Doctrina de la Seguridad Nacional de la última dictadura cívico-militar.

29 Agosto de 2026 14:51
Javier Milei

Javier Milei intentó volver a construir un enemigo público. Lo hizo primero en una entrevista con Luis Majul y luego durante el homenaje a José de San Martín, donde habló de amenazas internas y externas, defendió el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas y sostuvo que quienes eligen "el mal" deben ser enfrentados por la fuerza.

En diálogo con Majul, en La Cornisa, el Presidente afirmó: "La estrategia de Gramsci de tomar la educación, de tomar los medios de comunicación, de tomar la cultura, de tomar el Estado pasó a una etapa 2.0, entonces se le meten como estudiantes, como profesores, se le meten como investigadores. [...] Usted tiene terroristas disfrazados de estudiantes, terroristas disfrazados de periodistas, terroristas disfrazados de profesores, terroristas disfrazados de investigadores".

Javier Milei y Victoria Villarruel

Sin embargo, durante el acto por el aniversario de la muerte de San Martín, Milei insistió con la misma lógica: "Hoy la libertad se enfrenta a un nuevo conjunto de enemigos, tanto internos como externos", dijo y también afirmó que "el mal existe y quienes eligen ese camino deben ser sometidos por la fuerza" y sostuvo que defender la libertad implica "oponerse con toda la fuerza pública a los criminales".

El historiador Sergio Wischñevsky observó que el discurso presidencial incorporó una matriz propia de la Doctrina de la Seguridad Nacional, aquella que comenzó a desarrollarse en la Argentina antes de la última dictadura, especialmente durante el gobierno de Juan Carlos Onganía y en el marco de la Guerra Fría. Su lógica desplazó el eje de la defensa militar: las Fuerzas Armadas dejaron de concentrarse exclusivamente en posibles amenazas externas y comenzaron a ser preparadas para intervenir contra supuestos enemigos dentro del propio país.

Wischñevsky explicó que la modernización militar implicó una inversión en armamento y recursos destinados a la represión interna y no solamente a una guerra convencional. En el discurso actual, el enemigo interno ya no aparece necesariamente asociado a una nacionalidad extranjera. 

Según el historiador, se vincula con quienes Milei identifica como "enemigos de la libertad": todas aquellas personas que cuestionan la libertad de mercado, la desregulación o el retiro del Estado de la economía. "Por lo tanto, todos los que de alguna manera u otra opinamos que ese tipo de políticas son perjudiciales para la Argentina, entramos automáticamente en la categoría de enemigo interno o enemigos de la libertad", explicó.

Los tres destinatarios

Wischñevsky identificó tres destinatarios del discurso presidencial. El primero es el Gobierno de Estados Unidos donde Milei busca mostrar alineamiento con la política exterior norteamericana y con la idea de construir un bloque frente a potencias consideradas adversarias, como China y eventualmente Irán: "Existe un alineamiento que busca militarizar la política que es lo que hace Donald Trump", planteó.

Donald Trump

El segundo destinatario es una parte del electorado que coloca la inseguridad como su principal preocupación y acepta respuestas cada vez más represivas: "Siempre el discurso de la inseguridad hace juego con los gobiernos de derecha o con los discursos de derecha", señaló el historiador.

El tercer destinatario es el establishment. Allí el mensaje apunta a demostrar que el Gobierno puede atravesar crisis, internas y dificultades económicas sin ser desplazado. La advertencia, según Wischñevsky, sería: "a nosotros no nos van a voltear"; "nosotros somos un gobierno que puede tener problemas, pero somos duros"; "no nos van a correr como en el 2001 con una pueblada".

Crisis del 2001

En esa lógica tiene como finalidad una única advertencia según Wischñevsky : "A los que se opongan a esto, estamos dispuestos a considerar terroristas y reprimirlos sin ningún tipo de contemplación", sostuvo.

La universidad como territorio enemigo

El paralelismo con la dictadura se profundiza cuando Milei ubica a la educación, los medios y la cultura como espacios de infiltración. Durante el terrorismo de Estado, las universidades fueron señaladas como lugares donde se originaban discursos de izquierda y subversión.

Primera marcha universitaria

Wischñevsky recordó que existió un documento extensísimo titulado Subversión en el ámbito Educativo, destinado a analizar supuestas amenazas ideológicas en universidades, colegios secundarios y hasta jardines de infantes.

"Aunque parezca mentira, además de analizar todo el marxismo que hay en las universidades y toda la problemática en los colegios secundarios, llegan a decir hasta que en los jardines de infantes", explicó.

Algunos pasajes del texto Subversión en el ámbito Educativo

El absurdo alcanzó contenidos escolares básicos: "Hay algunos cuentos para chicos que fueron prohibidos porque veían un mensaje subversivo, se prohibió la teoría de los conjuntos de matemáticas", relató y contó que la razón era delirante: "Se prohibió la teoría de conjuntos de matemáticas porque un conjunto puede llegar a ser un colectivo político".

También se cuestionaron experimentos de Física vinculados con la cuba electrolítica porque incluían la palabra "Cuba". "Se prohibió en física los experimentos sobre la cuba electrolítica simplemente porque está la palabra cuba", recordó y dejó una frase que resume el espanto de aquella época: "Es grotesco si no fuera trágico".

Sergio Wischñevsky, historiador

La construcción del enemigo público cumple una función política: ordena a los propios, disciplina a los aliados y descalifica a quienes cuestionan. Pero también arrastra una memoria histórica demasiado pesada y, en un país marcado por la memoria del terrorismo de Estado, la palabra "terrorista" nunca es inocente.