Mientras el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, intenta recuperar la centralidad política con anuncios y reuniones de gestión, el foco vuelve una y otra vez al mismo lugar: los tribunales de Comodoro Py. Allí, cada nueva medida de prueba no despeja incógnitas, sino que suma capas de opacidad sobre su patrimonio. La última señal de alerta llegó con la declaración testimonial de Hugo Morales, ex dueño del departamento de Caballito que Adorni adquirió mediante una hipoteca privada de 200 mil dólares. Lo que parecía una operación inmobiliaria más terminó convirtiéndose en un rompecabezas de actores difusos y circuitos financieros poco claros.
De acuerdo a lo informado por el diario Clarín, Morales fue directo al describir cómo se gestó la operación. "Quería que me den 250 mil dólares, pero estaba tan deteriorado el departamento que no se vendía", explicó ante el fiscal. La venta finalmente se concretó, pero con una particularidad llamativa: "Me la hicieron dos chicos", declaró, sin poder precisar quiénes eran ni cuál era su rol exacto en la transacción.
Según su propio testimonio, esos mismos intermediarios estuvieron presentes el día de la escritura junto a las mujeres que otorgaron el crédito hipotecario: "A esos dos 'pibes' los vi el día que se escrituró junto a las dos señoras". En una causa por presunto enriquecimiento ilícito, la aparición de actores sin identificación clara en una operación de cientos de miles de dólares no hace más que profundizar las sospechas.
El caso del departamento de Caballito no es un hecho aislado. La investigación detectó un esquema reiterado: adquisiciones inmobiliarias financiadas casi en su totalidad por préstamos privados otorgados por particulares. En esta operación, dos mujeres -Beatriz Viegas y Claudia Sbabo- aparecen como acreedoras del 87% del valor de la propiedad. Pero no es el único caso. También se detectó otra hipoteca privada, nuevamente financiada por dos personas: "Graciela Isabel Molina de Cancio... habría otorgado un préstamo de 85.000 dólares... y Victoria María José Cancio... dio un crédito de 15.000 dólares".
El patrón se repite con una precisión difícil de ignorar: múltiples propiedades, distintos momentos, pero siempre el mismo mecanismo de financiamiento informal. Aunque estas deudas fueron declaradas ante la Oficina Anticorrupción, lo hicieron sin detallar cómo se estructuraron los créditos. Es decir, el dato formal existe, pero el contenido real de las operaciones sigue siendo un terreno opaco.
A esto se suma otro elemento clave: propiedades que no figuran en la última declaración jurada, como la casa en el country Indio Cuá o el propio departamento de Caballito. En paralelo, la escribana que intervino en varias de estas operaciones, Adriana Nechevenko, fue citada a declarar para explicar el entramado de escrituras y créditos. La causa, impulsada tras una denuncia por "desproporcionado incremento patrimonial", avanza con nuevas medidas: análisis de movimientos financieros, revisión de viajes al exterior y recopilación de documentación inmobiliaria.
Sin embargo, en el plano político, el escenario es otro. Adorni mantiene el respaldo total del presidente Javier Milei y de Karina Milei, en un gesto que dentro del oficialismo fue leído como un "empoderamiento". La frase que circula en el entorno libertario es que nadie piensa soltarlo. El intento del jefe de Gabinete por retomar la iniciativa -con anuncios como la nueva Ley de Salud Mental o reuniones con ministros- choca con cada novedad sobre su figura que surge desde la Justicia.
El calendario tampoco ayuda. A fin de mes deberá enfrentar una exposición en el Congreso con miles de preguntas pendientes, y más adelante la presentación de su declaración jurada podría convertirse en una instancia clave para aclarar -o profundizar- las dudas. La declaración de Morales, lejos de aportar certezas, dejó una postal inquietante: una operación millonaria intermediada por "dos chicos", financiada por particulares y con documentación que aún requiere ser reconstruida.