Desde diciembre de 2025, la aerolínea low cost Flybondi enfrenta una crisis operativa que dejó varados a miles de pasajeros en todo el país. Según el sitio especializado Failbondi, en lo que va de 2026 se cancelaron 206 vuelos y otros 346 sufrieron demoras significativas.
Sin embargo, más allá de las cifras, esta situación revela un trasfondo político que involucra al empresario Leonardo Scatturice y su cercanía al gobierno de Javier Milei.
Flybondi fue adquirida en 2025 por COC Global Enterprise, un fondo estadounidense liderado por Scatturice. Este empresario, conocido por su influencia en círculos conservadores de ultraderecha de Estados Unidos, es un aliado clave del gobierno de Milei.
Scatturice es reconocido por su capacidad de lobby en la derecha estadounidense y por ser el promotor del Conservative Political Action Conference (CPAC) en Argentina, donde Milei dio discursos beligerantes en repetidas ocasiones. Su relación con el mandatario no solo es ideológica, sino también comercial, ya que ha cerrado varios acuerdos con el Estado, incluyendo la adquisición de OCA.
A pesar de los grandes anuncios realizados por la nueva gestión de Flybondi, como una inversión de 1.700 millones de dólares para incorporar 35 aviones, la realidad es otra. La aerolínea enfrenta problemas técnicos que dejan aviones fuera de servicio y se sospecha que incurrió en prácticas como la sobreventa de pasajes, lo que agrava el caos operativo.
Sin embargo, lo que llama poderosamente la atención es el silencio ensordecedor del gobierno de las fuerzas del cielo. La Secretaría de Transporte y la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), organismos encargados de regular y supervisar el sector, han optado por no intervenir. Esto contrasta con la postura adoptada en años anteriores, cuando Flybondi fue intimada a presentar un plan para mejorar su servicio, un compromiso que, evidentemente, nunca cumplió.
Así las cosas, la pasividad del gobierno de Javier Milei no es casualidad: la estrecha relación entre Scatturice y el mandatario plantea serios interrogantes sobre los intereses detrás de estas decisiones. Mientras tanto, los pasajeros siguen siendo los principales perjudicados, enfrentándose a cancelaciones, demoras y una incertidumbre constante.