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Mostró la hilacha

Milei reivindicó el derrocamiento a Allende: quién fue el presidente chileno y qué hizo la dictadura de Pinochet

El mandatario argentino dejó en claro que para él "las ideas de la libertad" son más importantes que la democracia.

03 Septiembre de 2026 15:02
Milei reivindicó el golpe de Estado a Salvador Allende en el discurso que brindó en el Foro de Madrid de Chile.

El presidente argentino Javier Milei demostró su verdadera postura en relación a la democracia en América Latina, luego de reivindicar el golpe militar que sufrió el chileno Salvador Allende en 1973 -que terminó con su vida- y la dictadura que encabezó el genocida Augusto Pinochet hasta 1990, durante el discurso que ofreció este miércoles en el Foro de Madrid que impulsa sectores de la ultraderecha mundial.

"Chile es un lugar emblemático, porque con su historia reciente nos recuerda el valor inmenso de dar la batalla cultural. Tras el derrocamiento del comunista Allende, Chile entró en un período de estabilidad y crecimiento que se extendió por más de 40 años. Y gracias a ello, fue sin lugar a dudas la envidia en términos económicos de toda la región", aseguró Milei.

"Sin embargo, a pesar de haber conocido los frutos de la libertad, cayó en la farsa del socialismo del Siglo XXI, como el resto de toda la región. Como no podía haber sido de otra forma, corrieron ríos de tinta sobre por qué esto ocurrió", agregó.

Lo cierto es que lo que corrió en Chile desde que en 1973 Pinochet tomó el poder fueron ríos, pero no de tinta sino de sangre: con 3.216 personas que murieron o desaparecieron -1.469 todavía no fueron encontrados-, la sangrienta dictadura chilena se transformó en un macabro teatro de operaciones de lo que fue el Plan Cóndor que impulsó Estados Unidos de manera clandestina en toda la región latinoamericana para "terminar con la amenaza marxista".

Las cifras oficiales que se manejan en Chile hablan de 40 mil personas que sufrieron violaciones a los derechos humanos y, de acuerdo a los informes Rettig y Valech que sacaron conclusiones de las Comisiones de la Verdad que analizaron las cifras, más de 28.000 personas fueron apresadas de manera ilegal y sufrieron torturas en los más de 450 centros de detención que funcionaron del otro lado de la Cordillera de los Andes.

El ex dictador chileno Augusto Pinochet gobernó 16 años sin ningún aval democrático.

La falta de libertad política de la dictadura fascista de Pinochet también naturalizó los despidos a miles de trabajadores, sólo por sus concepciones políticas. En ese sentido, la diáspora que generó el gobierno de facto se calcula en una cantidad de exiliados y exiliadas que oscila entre 200 y 250 mil personas.

La reivindicación de Milei de ese golpe, en ese sentido, más allá de la pronunciación a favor de un gobierno que impulsó crímenes de lesa humanidad al servicio de los intereses extranjeros en su país, dejó en claro la valoración que tiene sobre la democracia.

Pinochet estuvo 16 años de forma consecutiva en el poder sin ningún tipo de elección que lo refrendara. Poco pareció importarle a Milei ese "detalle", ya que lo importante es que haya defendido las sangrientas "ideas de la libertad".

La última foto de Salvador Allende con vida en el Palacio de la Moneda, horas antes de quitarse la vida, acorralado por las tropas de Pinochet.

El nefasto derrocamiento de Allende

El "comunista Allende", como lo llamó Milei, fue el primer presidente socialista electo de América Latina e impulsó muchas modificaciones estructurales en su país, que son parte del éxito económico que le endilgó a la dictadura el libertario, como la nacionalización de la minería de cobre que se logró por ley -y unanimidad- en 1971.

Este tipo de gestos de independencia económica, iban en contra de los intereses norteamericanos en la región y fueron las razones para impulsar el Plan Cóndor, la dictadura de Pinochet y la represión correspondiente.

El martes 11 de septiembre de 1973, día que se ejecutó el derrocamiento y asesinato de Allende, es una fecha que quedó marcada a sangre y fuego en toda América Latina y que hoy se recuerda con mucha tristeza, más allá de la épica defensa de sus valores y la democracia que demostró el entonces presidente chileno en aquella oportunidad, cuando tras resistir horas a tiroteos y bombardeos impulsados por los sectores pinochetistas, se quitó la vida con el mismo fusil AK-47 que le había regalado Fidel Castro.

Las bombas y los disparos dañaron el edificio del Palacio de la Moneda el 11 de septiembre de 1973, el día que derrocaron a Salvador Allende.

Pinochet había asumido como su comandante en jefe del Ejército pocas semanas antes y se había enterado de los planes que tenía Allende de realizar un referéndum revocatorio para que sea el pueblo en las urnas quien lo vuelva a respaldar y lo empodere para los tres años que restaban de su mandato. El militar lo traicionó y conspiró a sus espaldas. Llenó el Palacio de la Moneda de tanques y empujó a Allende a su suicidio.

La historia recordará a Pinochet por su sangriento gobierno y la canción de Silvio Rodríguez "ojalá", que se cantó en todos los idiomas del planeta. "Ojalá que la tierra no te bese los pasos. Ojalá se te acabe la mirada constante. La palabra precisa, la sonrisa perfecta. Ojalá pase algo que te borre de pronto. Una luz cegadora, un disparo de nieve. Ojalá, por lo menos, que me lleve la muerte. Para no verte tanto, para no verte siempre. En todos los segundos, en todas las visiones, Ojalá que no pueda tocarte ni en canciones", pidió en la pieza el cantautor cubano.

Augusto Pinochet y Salvador Allende, antes de que el militar ejecutara su traición sobre el presidente electo democráticamente.

Muy por el contrario, a Allende se lo recuerda por su mandato, su consecuente moralidad y por las palabras que dejó por Radio Magallanes antes de quitarse la vida, con su discurso memorable en donde prometió que "mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor", y en cuál confesó que conocía cuál era el precio al que debía enfrentarse: "Pagaré con mi vida la lealtad del pueblo".

"Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición", aseguró Allende en aquel discurso que ni los ríos de sangre que dejaron miles de chilenos y chilenas, ni los ríos de tinta que necesitó Milei para defender una dictadura genocida, pudieron borrar.