Lula se lo dijo en voz baja, durante la visita que le hizo en su departamento: "Hacé ejercicio y no te deprimas". Cristina Fernández de Kirchner lo contó ahora, en su primera entrevista desde que está detenida en su casa de San José 1111 por la condena en la Causa Vialidad. Se la dio a The Washington Post y dejó frases para todos: para el Gobierno, para el peronismo, para Donald Trump y para quienes ya la dan por retirada de la política. Lo dejó todo claro: no se pone los ruleros.
La respuesta al consejo del presidente brasileño, reelecto hace una semana, fue la frase más fuerte de la charla: "No tengo derecho a deprimirme ni a atormentarme ante el sufrimiento ajeno. Sé por qué estoy aquí: por lo que represento, por el gobierno que construimos y por mi negativa a someterme a los poderes establecidos".
Cuando le preguntaron si volvería a ser candidata a presidenta en 2027, no dijo que sí, pero tampoco lo descartó: "Cuando recupere mis derechos políticos, ¿por qué no?". Según el Post, las encuestas muestran que su imagen positiva es apenas superior a la de Javier Milei, aunque ambos rondan el 30%.
Para que eso pase, primero tiene que recuperar sus derechos políticos y, sobre esto, su abogado, el brasileño Rafael Valim, impulsa ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU un pedido para que se revise su caso y si bien ese organismo no puede anular un fallo argentino, pero el país firmó el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y está obligado a respetar sus decisiones.
"La decisión debe someterse a la justicia argentina", explicó Valim y agregó: "Dada la tradición argentina en materia de derechos humanos y la apertura de su sistema jurídico a las decisiones internacionales en este ámbito, veo una posibilidad mucho mayor de cumplimiento, incluso en el caso de Cristina, a pesar de que se trata de un sistema que busca perseguirla". La advertencia final fue más dura: "Si Argentina no cumple, preveo una movilización social irresistible por parte del pueblo argentino".
Cristina volvió a defender su inocencia frente a la condena, que está firme: "Dígame dónde puse el dinero. Porque, sinceramente, si lo hubiera robado, no estaría en la cárcel. Sería libre, porque habría podido comprar al sistema judicial argentino, que es corrupto".
También reconoció errores propios y admitió que durante el gobierno del Frente de Todos "se produjo un colapso en la cultura laboral", y lo explicó así: "La gente se dio cuenta de que quienes trabajaban ocho horas al día, soportaban a sus jefes y largos desplazamientos ganaban lo mismo o menos que sus vecinos que recibían ayudas del gobierno". Para ella, ese enojo fue el que le abrió la puerta a Milei.
Según la expresidenta, esa misma bronca hoy se vuelve contra el oficialismo: "Ahora muchos argentinos están frustrados porque sus vidas no han mejorado, su dinero no les alcanza hasta fin de mes y ven un gobierno que no solo no hace nada por los pobres, sino que los ataca activamente". Por eso, dijo, el desafío no es solo volver al poder, sino entender ese enojo y ofrecer respuestas concretas sobre la economía y las deudas. Y dejó una pregunta que incomoda a todos: "¿Es posible gobernar racionalmente una sociedad en la que el 50 por ciento piensa que el otro 50 por ciento debe desaparecer?".
Igual, se mostró optimista: "La historia no se escribe en línea recta. Hay avances y retrocesos. Pero el pueblo siempre vuelve", expresó de manera contundente.
También habló de la elección de medio término en Estados Unidos, que se vota este martes: "Paradójicamente, el hombre que ha hecho todo lo posible para ayudar a los gobiernos de derecha a ganar en América Latina perderá las elecciones en su propio país", pronosticó sobre Trump.
La vida de CFK en San José 1111 tiene reglas estrictas: puede recibir visitas cuatro horas por semana, repartidas en dos días, y con un máximo de tres personas por vez. Según el Post, come sano, hace ejercicio entre cuatro y cinco veces por semana con cinta, step y pesas, y estudia inglés y chino para que sus "neuronas no envejezcan".