En un nuevo capítulo de la lucha sindical en épocas de motosierra, Pablo Moyano, secretario adjunto del Sindicato de Camioneros, demostró una vez más el peso político y social de su organización. En un acto que no deja lugar a dudas sobre la capacidad de movilización del gremio, Moyano encabezó una asamblea con 1.500 trabajadores en la planta Mega de Coca-Cola, donde anunció un paro por tiempo indeterminado en reclamo de mejoras laborales.
La medida de fuerza no es menor: la planta quedó paralizada y tomada por los trabajadores hasta que se resuelva el conflicto. Las demandas son claras y contundentes: efectivización de contratados, mejoras en el presentismo y la incorporación de personal en el turno nocturno. "Estamos de paro y nos vamos a quedar en la planta hasta que tengan una solución", declaró Moyano dejando en claro el descontento creciente entre los trabajadores.
El conflicto no sólo se limita a Coca-Cola. En su discurso, Moyano rechazó enfáticamente la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional de Javier Milei, calificándola como un ataque directo a la clase trabajadora argentina. "Hay que estar todos en la calle para defender los derechos conquistados", convocó el líder sindical, llamando a una movilización masiva el próximo 11 de febrero, cuando el proyecto será debatido en el Congreso.
La medida de fuerza en Coca-Cola no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia más amplia que busca frenar lo que Moyano y otros referentes sindicales consideran una avanzada contra los derechos laborales. En las últimas horas, el dirigente se reunió con figuras de peso como Abel Furlán, líder de la UOM, y Alejandro Gramajo, secretario general de la UTEP, en un claro gesto de unidad sindical frente a las políticas del Gobierno.
La toma de la planta Mega es un mensaje directo al Gobierno: cualquier intento de avanzar con reformas que afecten a los trabajadores encontrará una resistencia feroz en las calles. Mientras tanto, la dirección de Coca-Cola se encuentra en una encrucijada: la presión sindical y la paralización de actividades exigen una respuesta rápida para evitar mayores pérdidas económicas y sociales. Sin embargo, resolver este conflicto sin ceder a las demandas podría ser una tarea titánica frente al bloque compacto que Pablo Moyano logró consolidar con los trabajadores organizados del movimiento obrero.