Lo que comenzó como una conversación sobre moda terminó transformándose en un nuevo capítulo de la discusión económica de fondo: la relación del Gobierno con la industria nacional. Esta vez, la protagonista fue Patricia Bullrich, quien reveló en LN+ que el traje azul Francia que vestía había sido comprado por Amazon por entre 40 y 50 dólares. Ante la pregunta sobre la marca, la senadora no dudó en revisarlo en vivo: "Le Suit. Cuarenta o cincuenta dólares el traje", afirmó, y remarcó que "es barato y lindo".
La escena llegó pocos días después de que el ministro de Economía, Luis Caputo, asegurara que él tampoco compra ropa en el país. El funcionario había mencionado un saco Massimo Dutti adquirido en Estados Unidos y definió a la marca como "relativamente buena y barata", en un contexto donde cuestionó el costo de la indumentaria argentina. El resultado fue inmediato: funcionarios discutiendo públicamente la conveniencia de comprar ropa en el exterior mientras la industria local enfrenta caída de ventas, cierres de talleres y pérdida de empleo. El problema no fue la prenda sino el mensaje.
En plena recesión y con el mercado interno deprimido, la exhibición de compras en plataformas internacionales fue interpretada por empresarios textiles como una señal política: el Gobierno no sólo impulsa la apertura importadora sino que la promueve culturalmente. El presidente de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria, Claudio Drescher, expresó su "tristeza" por los dichos oficiales. En el sector señalan que los precios no dependen únicamente de la producción sino de costos estructurales -impuestos, alquileres, financiamiento- que no se resuelven compitiendo con dumping externo.
Aun así, la discusión continuó. El ministro del Interior, Diego Santilli, intentó diferenciarse. Consultado por Jony Viale sobre si su traje hablaba, o no, español, respondió que el saco y la camisa que se puso son de Argentina. "Es de acá. Me mata escuchar hablar a los que hablaban de inclusión y generaron la mayor exclusión de la Argentina, la mayor pobreza de la Argentina. Los que hablan de proteger a la industria y la destrozaron. Los que se pasan hablando que hay que luchar contra la inflación y nos dejaron 300 de inflación. Estos tipos han destrozado la fuente de trabajo, no se genera un puesto de empleo neto en la Argentina hace 15 años...", disparó.
El Gobierno sostiene que la ropa es cara por la protección industrial. El sector replica que sin mercado interno no hay producción ni empleo. Lo cierto es que en el caso de Caputo, vestirse en Massimo Dutti -que pertenece al grupo Inditex, el mismo de Zara, sin presencia oficial en el país, con saco y pantalón importados de esa marca, implica un costo cercano al millón de pesos. En cambio, un traje equivalente del mismo conglomerado comprado en Zara Argentina ronda entre $439.980 y $625.980. Traducido: con el traje "económico" del ministro se pueden comprar dos trajes de lana en la versión local.
En el caso de Bullrich, el saco que dijo costar entre 40 y 50 dólares en realidad tiene un valor superior a los 100 dólares en la plataforma de comercio estadounidense. El debate dejó de ser técnico y pasó a ser simbólico: funcionarios comparando precios internacionales mientras miles de talleres sobreviven con consumo en mínimos históricos. En ese contexto, el traje de 50 dólares no fue solo un dato anecdótico. Funcionó como síntesis de una política económica: la idea de que importar es la solución al costo de vida. El problema es que, para la industria local, cada compra afuera no es solo un ahorro individual. Es una prenda menos fabricada en el país.