En una escena poco habitual para el universo del rock, flashes, esculturas y filosofía convivieron en una misma sala. El fotógrafo británico Ross Halfin presentó su nuevo libro Deadman junto a Jorge Corcho Rodríguez en Punta del Este, durante una charla abierta realizada en la Fundación Pablo Atchugarry. El encuentro funcionó como anticipo de una publicación que busca correrse de la biografía tradicional para transformarse en una experiencia visual.
Allí se exhibieron fotografías y obras que integrarán el libro, fruto de un recorrido que comenzó en 2025 cuando Halfin viajó a Jujuy y Buenos Aires para retratar al artista en escenarios extremos, incluyendo las Salinas Grandes a más de 4.000 metros de altura. Durante más de cuatro décadas, Halfin construyó una de las miradas más reconocibles del rock internacional: fotografió a Guns N' Roses, The Who, Led Zeppelin y Metallica, entre muchos otros.
Sin embargo, en Deadman la cámara abandona el backstage para entrar en un territorio simbólico. El eje de la obra es el alter ego creado por Rodríguez: una figura mitad hombre, mitad calavera que atraviesa sus pinturas y esculturas y reflexiona sobre muerte, poder, trabajo, espiritualidad y sistema económico. En la presentación se mostró una escultura de dos metros tallada en Alemania en un único bloque de mármol de Carrara de 650 kilos, pieza que seguirá un recorrido internacional.
De hecho, Halfin adelantó: "Fotografiaré esta obra en Japón, Londres, Madrid y muchos lugares más". Rodríguez explicó el sentido de su propuesta: "El arte debe llegar a todos lados y a todas las personas. No debe ser decorativo: tiene que interpelar, movilizar a quienes lo miran". La edición estará a cargo de la editorial inglesa RAP y contará con 300 páginas en tres formatos distintos. Bajo el título Deadman. Jorge Corcho Rodríguez: su vida y trabajos, incluirá textos escritos por Johnny Depp y Jimmy Page.
Previsto para 2026, el libro promete convertirse en una pieza singular dentro del circuito internacional de arte: una obra donde el lenguaje visual del rock se cruza con la escultura contemporánea y transforma la estética del backstage en una narrativa existencial.