Con más de seis décadas de trayectoria, María Valenzuela es una de esas figuras que no sólo atravesaron la historia del espectáculo argentino, sino que también se animaron a mirarla de frente. Dueña de una sensibilidad que combina oficio, carácter y una mirada crítica sobre la realidad, su voz resuena con la misma fuerza arriba del escenario que cuando habla del país que le duele. Entre el amor por su profesión y la crudeza del presente, la actriz construye un relato tan honesto como incómodo.
En diálogo con BigBang, la actriz habló sobre su presente protagonizando Viuda e Hijas, la gira que la vuelve a poner en contacto con el público del interior y las emociones que le despierta este nuevo desafío, en un contexto social y económico que no esquiva.
Sobre el recorrido de la obra y el reencuentro con el público fuera de Buenos Aires, Valenzuela expresó: "La hicimos durante el verano, la temporada de verano, y ahora empezamos a salir de gira. Es una comedia deliciosa y con mucho sentido del humor. Está Nora Cárpena, Iliana Calabró, Paula Morales y Gonzalo Urtizberea. Y la dirección es de Héctor Díaz", comenzó enorgullecida del equipo que la acompaña.
Sobre la gira en especial, se sinceró: "Saliendo al interior después de muchos años, creo que hará cuatro o cinco años que no hago gira, he hecho muchísima gira, conozco todo el país, y contenta de encontrarme con gente de afuera que te agradece profundamente que vayas y le lleves espectáculos".
Volver a la ruta, sin embargo, no es sólo entusiasmo. También implica desgaste físico y emocional. "La gira es maravillosa, pero es cansadora. Porque es un día en cada lugar. Entonces, es armar, desarmar, cambiar de hotel a otro hotel. Yo, por ejemplo, al tercer día que voy a un hotel le digo, deme la llave, no le puedo decir el número porque no me acuerdo. Me olvido de los números por el hotel anterior que estuve", contó.
En la misma línea, Valenzuela agregó: "Pero contenta porque está ese contacto para ellos, además para los lugareños es muy importante encontrarse con gente que la ha visto a través de televisión nada más. Y eso es muy gratificante para uno. Cuando te subís al escenario, te duela lo que te duela, no te duele más".
La obra plantea una tensión universal entre el dinero y la familia, una dicotomía que la actriz no esquivó: "Las dos cosas son necesarias, van de la mano. En esta obra, que hay cuatro herederos, hay un difunto y hay una herencia un tanto especial. Donde el difunto deja unos videos grabados, uno para cada heredero, y ahí empiezan a destaparse secretos que estuvieron ocultos durante mucho tiempo, como treinta años", contó sobre la historia que cuentan arriba de las tablas y siguió: "Los herederos se van enterando. Entonces, se arma un despelote total entre ellos, porque empiezan a salir las miserias, las demandas, hasta llegar a un final que es inesperado, impensado".
A la hora de elegir el proyecto, Valenzuela fue clara sobre qué la sedujo: "Me gustó cómo estaba escrita. Me pareció muy original la obra en sí, y por sobre todas las cosas, porque tiene humor. Y hoy por hoy apuesto al humor y no al drama. Ya tenemos bastante drama en nuestra realidad, que así prefiero hacer comedia que me libera la cabeza, me divierte, me entretengo y me da mucho, mucho placer hacer este personaje en especial".
Esa necesidad de alivio también se percibe en el público: "Creo que la gente lo piensa dos veces, tiene que ir a ver un drama. Prefieren la comedia, quieren reír, quieren divertirse, quieren pasar una linda noche de teatro, después yendo a comer, comentando la obra, esperándonos a la salida para saludarnos, para sacarnos una foto".
Y el efecto es inmediato: "Se llevan alegría, porque han desarrollado la risa. Entonces se van con alegría y eso hace que les dé ganas de esperarte, de saludarte y decirte qué les pareció la obra. Son todos muy buenos comentarios los que tenemos".
Pero detrás del entusiasmo, aparece una de las definiciones más duras de la entrevista, atravesada por la crisis que golpea al país y que también condiciona su propio presente: María Valenzuela dejó en claro que continúa trabajando porque no puede retirarse en este contexto económico: "Retirarte en este momento, no te podés retirar, por cómo está la situación del país. Es imposible, en otras épocas se podía. Ahora tenés que salir a trabajar, tenés que salir a buscar al mango", fue completamente sincera.
Eso sí, fue muy agradecida de sus oportunidades: "Gracias a Dios, afortunadamente, gracias al Señor, en mi caso lo hago, disfrutando, haciendo algo que me gusta. Hay otros que de pronto no tienen trabajo y hacen otras cosas para poder ganar el dinero. Soy afortunada en ese sentido, de poder ganar el dinero con lo que me gusta".
Sobre la actualidad del teatro argentino, su diagnóstico es tan crudo como directo: "Es una situación complicada. Le falta que la gente vaya. Entre un litro de leche y una entrada de teatro, creo que van por la leche. Es una situación muy complicada, muy complicada. Voy a cumplir setenta años ahora, este año, y nunca viví una crisis de este estilo. Una crueldad totalmente hacia el ciudadano".
La crítica se profundiza cuando habla del impacto cultural de las políticas actuales: "Es fundamental la cultura, es nuestra identidad, es lo que somos. Y la cortaron mal. Entonces, eso realmente es muy triste porque lo que veo es que se está perdiendo la esperanza. A medida que pasa el tiempo, y cuando se pierde la esperanza, no hay futuro. Y esto lo siento con los chicos jóvenes, con los adultos mayores. Es como que, ¿qué futuro puedo tener si no tengo esperanza?".
Incluso en el plano personal, la actriz se mostró exigente y honesta con su propio oficio: "Llegaron algunas propuestas de trabajo, no te creas que tantos. Tampoco hay tanto teatro. Me llegaron pero por H o por B no he aceptado. Hasta que llegó esta comedia y me encantó, me encantó el elenco que me parece superestelar". Y agregó su obsesión por el control: "Como una enferma, me gusta la perfección. Entonces, sí, soy muy autoexigente conmigo misma, pero eso es parte de mi trabajo. Y debo hacerlo: ver el personaje, qué tiene el personaje, de dónde viene, a dónde va, qué relación tiene con los otros personajes. Eso es lo que te da la posibilidad de los ensayos, de ir buceando en el personaje, qué es lo que le va bien. Y, la verdad, estoy muy feliz con lo que estoy haciendo".
Sobre las verdades incómodas, su postura no dejó lugar a medias tintas: "La verdad puede incomodar y otra verdad puede lastimar. Entonces, analizo si lo digo o no lo digo. Si lo hago o no lo hago. Si voy a lastimar al otro, prefiero no hacerlo. Ahora, yo soy de pocas pulgas, y eso me trae algunos problemas porque soy más de decir la verdad que de guardarla".
En tiempos donde el escenario parece extenderse más allá del teatro y meterse de lleno en la vida cotidiana, María Valenzuela no se corre: actúa, opina y resiste. Entre risas que alivian y palabras que incomodan, su figura sigue siendo un espejo donde se reflejan no solo las historias que interpreta, sino también las tensiones de un país que, como ella misma advierte, lucha por no perder la esperanza.