Desde niño, Gabriel Oliveri soñaba con las luces del escenario. En Concordia, Entre Ríos, aquel pequeño pueblo que lo vio crecer, ya se dibujaba en su mente la idea de conquistar un mundo más grande. La actuación, sin embargo, parecía un sueño lejano. Su madre, con el amor y pragmatismo que sólo una madre puede tener, le aconsejaba buscar un camino más seguro. "No seas actor porque te vas a morir de hambre", le decía. Pero el destino tenía otros planes para Gabriel.
Hoy, Gabriel no solo es actor, sino que encarna a uno de los escritores más fascinantes del siglo XX: Truman Capote, en la obra Queridísimo Truman. Este show de calle Corrientes -más específicamente en Paseo La Plaza- es una biografía musicalizada, es un homenaje íntimo y visceral a un genio tan amado como odiado, tan brillante como atormentado. Y en el centro de esta obra, Gabriel no solo interpreta a Capote: lo vive, lo siente, lo revive.
En una charla profunda con BigBang, Gabriel confiesa su atracción por los amores y demonios de Capote: ambos compartieron la necesidad de escapar de su origen para buscar algo más grande. Truman dejó atrás el sur de Estados Unidos para conquistar Nueva York; Gabriel dejó Concordia para abrirse camino en Buenos Aires, la ciudad de la furia. "Yo me tenía que ir para no terminar en un cajón", recuerda Gabriel con una sinceridad desgarradora.
Pero no todo es lúgubre... todo lo contrario. Gabriel también destaca la generosidad de Truman, un rasgo que siente como propio. Esa capacidad de dar, de ayudar a los demás, de soñar y construir una vida distinta desde la nada. Sin embargo, hay demonios que Gabriel logró esquivar, como las adicciones que marcaron el declive de Capote. "Mi mamá me dijo antes de subir al colectivo: 'Nunca te drogues'. Y eso me quedó grabado para siempre", cuenta.
La paradoja más conmovedora en la vida de Gabriel es que fue tras la muerte de su madre cuando finalmente se permitió seguir su verdadero sueño: actuar. "Ella falleció hace dos años. Mientras vivió, nunca le falté el respeto y no me dediqué al teatro. Pero cuando murió, una psiquiatra me dijo: 'Para volver a enamorarte de la vida tenés que hacer algo que te guste'. Y ahí volví al teatro".
Ese regreso no fue casual ni improvisado. Gabriel se entregó por completo a su pasión. Estudió con algunos de los mejores maestros (Lili Popovich, Carlos Gandolfo, Julio Chávez, Luis Agustoni) y se preparó durante más de un año y medio para interpretar a Capote. Desde trabajar con un coach mexicano para perfeccionar la voz del escritor hasta estudiar su lenguaje corporal con Vivian Luz, bailarina profesional, cada detalle fue cuidado al máximo. Incluso viajó a Nueva York para recorrer los lugares emblemáticos donde vivió Capote, como su casa en Brooklyn y el legendario Studio 54.
Si hay una palabra que define a Gabriel Oliveri es "pasión". Él mismo lo dice: "Para mí la vida es pasión. No entiendo vivir de otra manera". Y esa pasión se refleja en cada aspecto de Queridísimo Truman. Desde los cinco cambios de vestuario diseñados por Julio Suárez -ganador de un Goya- hasta las canciones en vivo que van desde clásicos como Moon River hasta cumbia, todo en esta obra está pensado para emocionar y sorprender.
Y, aunque él es el rostro principal de la obra, reconoce que el teatro es un arte colectivo. Bajo la dirección de Florencia Bendersky -a quien describe como una genia-, el equipo trabajó como un reloj suizo para dar vida a este espectáculo único. Sergio Grimblat y Cristóbal Barcesat brillan con sus interpretaciones y aportan una profundidad y dinamismo que enriquecen cada escena. Además, la música en vivo y la iluminación crean una atmósfera envolvente que transporta al público al mundo íntimo y caótico de Capote.
Un secreto, pero sin spoiler: Queridísimo Truman no es una obra pretenciosa ni convencional. Algunas vez lo definieron como "un espectáculo boutique" que combina cultura, emoción y belleza visual. No es solo para los amantes de Capote o de la literatura; es para cualquiera que desee disfrutar de una historia bien contada y profundamente humana.
Gabriel Oliveri logra lo impensado: traer a Truman Capote al escenario porteño con una interpretación que conmueve y fascina. Más allá del aplauso final -que suele ser de pie-, lo que queda es una reflexión sobre la vida, los sueños y las pasiones que nos mueven. Porque como dice Gabriel: "Nunca es tarde para cumplir los sueños de tu infancia", dice y emociona con la sensibilidad de aquel niño entrerriano que pasó por necesidades, dudas y llantos antes de convertirse en este actor sólido, seguro y profundamente divertido.
Si como lector llegó hasta acá, la recomendación de una experiencia teatral única para este 2026 es la de Queridísimo Truman. Una obra que recuerda que siempre se está a tiempo para encender la propia luz en medio de cualquier oscuridad.
FUNCIONES
- Enero: Sábados 10 y 17 (20 h) | Domingos 11 y 18 (19.30 h) | Domingo 25 (21.15 h).
- Febrero: Domingos 1, 8, 15 y 22 (21.15 h).
- Marzo: Domingos 1, 8, 15, 22 y 29 (21.15 h).
Paseo La Plaza, Sala Pablo Neruda (Avenida Corrientes). Entradas en boletería del teatro o en Plateanet