En medio de un contexto adverso para las artes escénicas, marcado por lo que fue la pandemia y el cierre de muchas salas, la actriz y docente Cami Sebio decidió apostar por un sueño propio. En 2020 fundó su Escuela de Actuación con una idea clara: construir un espacio donde el teatro funcione como una pausa en la rutina cotidiana y como una puerta hacia la creatividad. Cinco años después, ese proyecto autogestivo no solo sigue en pie sino que creció hasta reunir hoy a más de 85 alumnos y cuatro grupos de trabajo que funcionan en el teatro Taller del Ángel. "Yo ya venía trabajando en distintos espacios y me daba cuenta que me encantaban mis alumnos, pero también tenía ganas de tener lo propio", contó Sebio sobre el origen de la escuela en diálogo con BigBang.
Egresada del profesorado de la Escuela Municipal de Arte Dramático (EMAD), la actriz había pasado por diferentes ámbitos de enseñanza -desde escuelas primarias hasta academias- antes de decidir dar el salto hacia un proyecto personal. "Arranqué el profesorado un poco para poder pensar mis propias clases y no que sea 'vas a dar tal contenido sí o sí', sino orientarlo a lo que me copaba y también escuchar a los alumnos", explicó.
Sebio suele describir su propuesta pedagógica como un oasis dentro del ritmo acelerado de la vida cotidiana. "Mis clases son un stop a la rutina. Los chicos llegan y es apagar la cabeza, desconectarse de la semana y conectar con la creatividad", afirmó. Ese enfoque se traduce en una dinámica que combina escenas realistas con juegos de imaginación que rompen los límites de la lógica cotidiana: "Podemos hacer obras muy realistas, pero también jugar a que estamos en la luna siendo monos, de pronto".
Para la docente, el objetivo es permitir que los alumnos se desprendan por un momento de la presión productiva que domina la vida adulta. De hecho, el vínculo de Sebio con el teatro comenzó temprano: empezó a actuar a los 12 años. Sin embargo, la vocación docente apareció de manera más difusa y con el tiempo terminó consolidándose."De chica volvía a mi casa después de las clases de teatro y repetía las escenas sola", explicó entre risas.
Y agregó: "Era hija única y me inventaba muchos juegos". Entre esos juegos infantiles ya se insinuaba algo de lo que vendría después. "Ponía todos mis peluches en orden y les daba una clase", contó. Más adelante, la admiración por sus propios maestros terminó de sellar el camino. "Veía que actuaban increíble, pero que a la vez podían transmitir eso a otras personas", relató.
Con el crecimiento del proyecto, también apareció una frase que terminó convirtiéndose en lema de la escuela: "No te hagas drama, hacé teatro". La consigna nació casi de manera espontánea a partir de una alumna. "Ella decía que mis clases eran sus vacaciones de la semana", relató Sebio. "Sentía que en las clases estaba todo bien, que no importa si se equivocaba". La frase terminó condensando la filosofía del espacio: un lugar donde el error no es un problema sino parte del proceso creativo.
En ese sentido, explicó que le pareció "Muy lindo" todo eso y aclaró: "Empecé a capitalizarlo". Uno de los desafíos más comunes entre quienes llegan por primera vez a una clase de teatro es la vergüenza. "Todos llegan con miedito", aseguró Sebio, que reconoce haber sido muy tímida durante gran parte de su vida. La clave, según explica, es avanzar paso a paso. "Les digo que no se pongan el objetivo tan lejano de llegar el primer día y ser la persona más extrovertida del mundo", señaló.
El proceso comienza con pequeños gestos: escuchar una consigna, mirar a los compañeros, animarse a jugar. "Después eran dos ejercicios, después tres, después las dos horas de clase y después se suben al escenario y reciben el aplauso del público", resumió. Hoy la escuela cuenta con 86 alumnos y varios grupos activos, pero el crecimiento fue gradual. "Fue muy de a poco", recordó. El punto de inflexión llegó en 2024, en medio de una situación personal muy difícil: la enfermedad de su madre. "Mi vieja tuvo ELA y yo me transformé un poco en enfermera, en cuidadora", relató.
En ese momento muchas personas le sugerían abandonar el proyecto para priorizar otras cosas. Sin embargo, ocurrió lo contrario: la escuela siguió creciendo. "Me daba cuenta de que las clases funcionaban porque seguían viniendo alumnos y ya no llegaban por publicidad sino por recomendación", explicó. Ese fenómeno terminó confirmando que el proyecto había echado raíces. "Ahí entendí que esto era mi laburo principal", sumó. Una de las cosas que más sorprende a Sebio es la transformación que observa en sus alumnos. La mayoría llega sin experiencia previa y buscando algo parecido a un "after office" creativo.
Pero con el tiempo muchos desarrollan una verdadera pasión por el teatro. "Se terminan juntando por fuera a ensayar y vienen con ideas de vestuario o de puesta", contó. Ese entusiasmo termina generando vínculos que van más allá del aula. "Se arma familia, se arma grupo", aseguró. Más allá de la formación actoral, Sebio cree que el teatro puede transformar aspectos profundos de la vida cotidiana. "Trabajamos con el imaginario y con la emoción", explicó. Ese entrenamiento termina impactando en habilidades sociales, en la expresión emocional y en la capacidad de hablar frente a otros. "De pronto mejora la oratoria, mejoran las habilidades sociales", sostuvo.
Por eso considera que el teatro tiene también una dimensión terapéutica, aunque no sea ese su objetivo principal. "Es un espacio de autoconocimiento", afirmó. En el corazón de su propuesta pedagógica aparece una idea simple: recuperar el juego. "Creo que lo lúdico es la base desde donde parte cualquier idea", explicó. Para la actriz, la imaginación solo puede desplegarse plenamente cuando los actores se permiten jugar como en la infancia. "Si no, se te traba todo el alma", dijo.
En ese sentido, el teatro también funciona como una forma de recuperar algo que la vida adulta suele perder. "Hay algo de volvernos adultos que saben divertirse", señaló. Al mirar hacia atrás, Sebio reconoce que sostener un proyecto cultural autogestivo en tiempos difíciles no fue sencillo. Pero también destaca lo que considera el mayor logro: haber construido una comunidad. "Lo más gratificante son los equipos que se arman", aseguró.
Y para quienes todavía dudan en dar el primer paso hacia la actuación, la invitación es directa. "Que vengan a probar", dijo. Porque, en el fondo, el teatro empieza con una pregunta sencilla. "¿Hace cuánto no miran a alguien a los ojos o no juegan de verdad?", planteó. Si la respuesta es "hace mucho", entonces -según Sebio- el escenario puede ser el lugar perfecto para empezar a cambiarlo.