Hay espectáculos que nacen para entretener y otros que terminan convirtiéndose en una marca de época. Hace siete años, una propuesta que mezclaba erotismo, música, danza, libertad y provocación desembarcó en la cartelera con la ambición de romper moldes. Nadie imaginaba entonces que aquella apuesta terminaría convirtiéndose en uno de los fenómenos teatrales más importantes de las últimas décadas. Hoy, con casi un millón de espectadores y funciones agotadas cada fin de semana, Sex sigue más vigente que nunca y celebra su aniversario con una novedad inesperada: José María Muscari se subirá al escenario junto al elenco durante un mes para ser parte de los festejos.
En el marco de este nuevo aniversario, BigBang dialogó con el director para conocer el secreto detrás de una obra que desafió las reglas del teatro tradicional, atravesó una pandemia, se reinventó una y otra vez y continúa convocando multitudes.
La magnitud del fenómeno todavía sorprende incluso a su creador que, al repasar el camino recorrido, reconoció que la realidad terminó superando cualquier expectativa inicial: "Me resulta súper increíble. Cuando uno empieza a pensar una obra de teatro, vos querés que sea un éxito, pero nunca te imaginás que una obra puede llegar a durar siete años ininterrumpidos en escena, casi un millón de espectadores. Pasó mucho más de lo que hubiera imaginado".
Detrás de ese recorrido también aparece el agradecimiento hacia quienes apostaron por una propuesta que, en sus comienzos, parecía demasiado distinta para el mercado teatral argentino: "Estoy súper agradecido al público y también a todos los artistas que apostaron a una idea que al principio resultaba rara, novedosa y atípica y que, gracias al talento, a todos los que la llevamos adelante, se fue solidificando".
Aunque el éxito acompañó desde los primeros tiempos, hubo un momento en que Muscari comprendió que Sex había dejado de ser solamente una obra teatral para transformarse en algo más profundo: "Después que pasamos los dos años, y sobre todo cuando nos sobrepusimos a la pandemia y el espectáculo se convirtió en el furor que fue, en ese momento dije: acá está pasando algo que trasciende lo teatral. Sex ocupa el lugar de un fenómeno más social que artístico".
Lejos de quitarle valor a su propuesta escénica, el director considera que el verdadero impacto aparece en otro plano: "El espectáculo ocupa un costado que no tiene que ver solamente con lo que genera artísticamente en el escenario, sino con lo que moviliza emocionalmente a las personas".
Parte de ese éxito puede explicarse por una fórmula inédita dentro del teatro. Desde su estreno en 2019, Sex se presentó como una experiencia inmersiva donde la sensualidad convive con performances musicales, coreografías y una interacción permanente con el público: "En principio creo que encontraron algo mucho más deconstruido que un espectáculo, porque es una experiencia. La combinación de talento con el costado más explosivo o que corre un poco el límite y se pone un poco más picante, creo que es atractivo, porque no hay antecedentes de un espectáculo de sexo en la Argentina".
Sin embargo, Muscari insistió en que la provocación por sí sola nunca habría alcanzado para sostener semejante vigencia: "Es un espectáculo de sexo hecho por gente con talento, gente que la rompe actuando, que la rompe bailando, que la rompe cantando, y eso creo que es una combinatoria muy poderosa: meterse con un tema súper picante, diferente, pero desde el lugar del talento".
En estos siete años también cambió la sociedad y, según el director, la obra evolucionó al mismo ritmo. Las conversaciones sobre sexualidad, diversidad y cuerpos dejaron de ocupar espacios marginales para convertirse en debates cotidianos: "El público fue evolucionando a la par del espectáculo, y el espectáculo se fue mudando y regenerando también en relación al avance social que hay".
Como ejemplo, destacó la diversidad que hoy puede verse sobre el escenario: "Tiene una visión totalmente deconstruida sobre la diversidad y los cuerpos. También hay talentos con cuerpos que no son hegemónicos, que no se hubieran animado a estar en la obra".
Esa mirada también atraviesa la selección de los artistas que integran el elenco, un aspecto clave en una producción que ha contado con decenas de figuras a lo largo de los años: "Tienen en común es que son personas, en primer lugar, que tienen un talento y algo para mostrar. Gente que sabe actuar, cantar, gente que sabe bailar y lo hace con talento".
Pero existe otro requisito indispensable: "Y, en segundo lugar, que tienen una relación con su propia sexualidad, con su propio cuerpo, bastante trabajada, bastante deconstruida y, sobre todo, que pueden jugar con la exposición de eso".
A diferencia de otros espectáculos de larga duración, Muscari aseguró que nunca pensó seriamente en una despedida. Los números del presente siguen marcando el camino: "Nunca tuve ese pensamiento por el éxito del público que tenemos", dijo y agregó: "Los sábados se agotan tres funciones. Entonces eso es lo que no permite pensar en la posibilidad de que el espectáculo termine, sino todo lo contrario. A mí todo eso me potencia para pensar: ¿cómo lo reinvento?, ¿qué cosa nueva le agregamos?, ¿para dónde seguimos?".
En medio de esos siete años ocurrieron también profundas transformaciones personales. Una de las más importantes fue la adopción de su hijo Lucio. Sin embargo, el mediático aseguró que la paternidad no modificó la esencia con la que observa Sex: "No, porque no siento que la paternidad haya transformado nada en relación a mi sexualidad". Aunque sí reconoció que la mirada de su hijo terminó aportándole una perspectiva generacional valiosa para la construcción del espectáculo: "Si bien no me transformó nada ser padre para mi visión en relación al espectáculo, sí tener tan cerca la visión de una generación tan opuesta a la mía también me da otra mirada".
Esa influencia incluso impacta en la búsqueda de nuevos talentos: "Me dice: 'Che, ¿por qué no llamás a tal? Che, esta persona estaría bien en Sex'. O, al revés, yo llamo a alguien y me dice: 'No, esa persona te va a decir que no'. Y después se cumple tal cual lo que él me dice".
Con siete años de experiencia acumulada, Muscari también sabe qué le diría hoy a aquel director que estrenó Sex sin imaginar todo lo que vendría después: "En principio le diría que confíe, que apueste y que no tenga ningún tipo de prejuicio, que si no tiene prejuicios el espectáculo se va a poder reinventar, va a durar y va a perdurar".
Y cuando imagina cuál será el legado de Sex para el teatro argentino, su respuesta es contundente: "Una nueva forma de hacer teatro, de desclasificar el teatro, que es una experiencia". Además, reivindicó el carácter pionero de la propuesta: "Fue el primer y único espectáculo show de sexo en Argentina, porque hasta acá el sexo estaba asociado a otra cosa".
Así, el próximo jueves, cuando se apaguen las luces y comience una nueva función aniversario, Sex no sólo celebrará siete años de permanencia; también celebrará haber desafiado prejuicios, haber acompañado cambios culturales y haber convertido un tema históricamente incómodo en una experiencia colectiva. Quizás ahí resida su verdadero secreto: en demostrar que el deseo, cuando se combina con talento, libertad y emoción, puede transformarse en algo mucho más grande que un espectáculo y convertirse en un fenómeno capaz de atravesar generaciones además de seguir interpelando al público incluso siete años después de aquella primera noche.