La figura de Mercedes Sosa volvió a quedar en el centro de la escena pública, pero esta vez no por su obra ni por su legado, sino por una polémica que muestra el clima de la época: ataques en redes sociales, funcionarios involucrados y una respuesta familiar que combina firmeza política con defensa cultural. El detonante fueron los comentarios de Enzo Ferreira, coordinador de Radio Nacional Tucumán y referente de La Libertad Avanza en la provincia, quien calificó a la artista como "gorda comunista" y llegó a reproducir mensajes que la definían como "un cáncer".
Lejos de retractarse en un primer momento, el funcionario intentó justificar sus expresiones como parte de "humor negro" y luego relativizó el episodio al afirmar que "fue solo un retuit, no un tuit". A través de un comunicado, la familia de la artista respondió con un tono que evitó la confrontación directa, pero dejó al descubierto la gravedad del hecho: "Ante las recientes expresiones de odio y descalificación que han circulado en plataformas digitales hacia la figura de Mercedes Sosa, como familia, deseamos compartir una breve reflexión. Mercedes Sosa no fue solo una cantora; fue la voz de un continente que encontró en su canto un refugio en tiempos de silencio".
El texto reivindica el lugar histórico de la artista y su compromiso político y social: "Su compromiso permanente fue con los derechos humanos, la justicia social y la identidad cultural de los pueblos latinoamericanos. Su arte, reconocido mundialmente, es hoy parte del patrimonio emocional de millones de personas, más allá de cualquier frontera o pensamiento político". Pero el punto más contundente del comunicado es político y directo: "Es por eso también que pedimos la renuncia del coordinador de Radio Nacional Tucumán, Mercedes Sosa. Es inadmisible que un funcionario público esté al frente de la emisora que lleva el nombre de quien intentó desprestigiar".
La familia eligió, además, marcar una diferencia frente al tono de los ataques: "Su memoria no necesita defensa. Como familia, trabajamos permanentemente en la difusión de su obra y elegimos no responder al odio con más odio, porque como Mercedes nos enseñó, la mejor respuesta es la construcción cultural". Y cerró: "El ruido de las redes es pasajero; la voz de Mercedes, como nuestra tierra, es eterna". Apenas días antes, la voz de la cantora había vuelto a resonar en la marcha por Memoria, Verdad y Justicia a 50 años del golpe del 24 de marzo de 1976, en un contexto de fuerte carga simbólica.
Esa misma semana, su nombre pasó de ser reivindicado en el espacio público a ser objeto de agravios en redes sociales. Desde el entorno familiar, la crítica no se limitó al contenido de los dichos, sino al rol institucional de quien los emitió. Maby Sosa, sobrina de la artista, fue categórica al hablar del tema en FM La Tucumana: "Cada uno puede querer al artista que quiera, pero el problema es, primero, el insulto por una forma de pensar y, segundo y grave, que sea un funcionario público, del Estado. Y, además, de una radio que lleva el nombre de Mercedes Sosa".
En la misma línea, también remarcó que "no es la primera vez que la derecha ataca una figura popular, ataca a una artista mujer" y subrayó que el problema central es que Ferreira "además de aportar a los discursos de odio, es un funcionario público". El Ente Cultural de Tucumán denunció que "es inadmisible que discursos de odio, violencia simbólica y desvalorización circulen en el espacio público, y más aún cuando provienen de personas que ejercen funciones institucionales". Y advirtió que estos ataques no sólo afectan la memoria de la artista, sino a toda la comunidad que la reconoce como "referente indiscutida" de identidad cultural.
Sin embargo, hasta el momento no hubo pronunciamientos oficiales desde Radio Nacional ni desde el área de Cultura de la Nación, lo que profundiza las críticas sobre la tolerancia -o el silencio- frente a expresiones discriminatorias dentro del propio aparato estatal. Por su parte, Ferreira intentó victimizarse y encuadrar la polémica como una operación política: "Toda una operación política buscó desviar la atención para hablar de mí y un tuit. ¿Estuve mal? En parte sí y lo reconozco", afirmó, aunque insistió en que defenderá sus posturas "con pruebas y argumentos".