Pablo Lallana llegó a buenos aires en busca de oportunidades y terminó cantando ópera en plena calle Florida. Un video que superó el millón de reproducciones cambió su exposición pública y le abrió las puertas a nuevos trabajos. Detrás de la viralización hay años de estudio, esfuerzo y una vocación que nunca abandonó.
Sin embargo, detrás de ese inesperado reconocimiento hay una historia de formación y perseverancia que comenzó mucho antes de las cámaras de los teléfonos celulares.
Lallana estudió piano desde los diez años en la Escuela Superior de Música de Misiones. Durante casi una década integró distintos coros infantiles, juveniles y de adultos, además del Coro Preuniversitario de la Universidad Nacional de Misiones. En 2002 se trasladó a buenos aires para continuar su preparación y estudiar en el Instituto Canzion, vinculado al músico cristiano Marcos Witt.
Más tarde regresó a su provincia, donde trabajó con bandas como pianista, cantante y compositor. También se presentó en casinos y escenarios de la región. Llegó hasta a tocar como soporte de Damas Gratis y confiesa: "lo hice por plata, nada más". Su acercamiento definitivo a la música lírica llegó en 2012, cuando ingresó al coro estable del Centro del Conocimiento. Allí comenzó una etapa de formación sostenida con maestros de canto, preparadores vocales y profesionales del ámbito teatral, además de tomar clases con docentes vinculados a instituciones como el Teatro Colón y el Teatro San Martín.
Aunque el rock siempre formó parte de sus gustos musicales, descubrió en la lírica una posibilidad expresiva que terminaría definiendo su camino.
La carrera, sin embargo, no estuvo libre de dificultades. Después de dejar el coro estable para desarrollar un proyecto propio, vivió y trabajó en Brasil, pasó por Chile y finalmente volvió a instalarse en Buenos Aires, ya que buscaba una ciudad con mayor movimiento cultural y oportunidades para construir una propuesta artística personal.
Su apuesta es el crossover lírico: una combinación de técnica vocal clásica y música popular. En su horizonte aparecen figuras como Andrea Bocelli, Luciano Pavarotti, Elvis Presley y Frank Sinatra, artistas que exploraron distintas fronteras musicales y acercaron sus interpretaciones a públicos diversos.
Cantar en la calle también responde a esa idea. Para lallana, llevar la ópera a espacios cotidianos significa ofrecer una experiencia diferente a quienes quizá nunca entrarían en un teatro para escucharla. La vereda se transforma así en escenario y el transeúnte, aunque sea por unos minutos, en espectador.
En medio del movimiento frenético de la calle Florida, entre oficinistas apurados, turistas y vendedores ambulantes, una voz sobresale por encima del ruido cotidiano. No es un artista contratado ni un espectáculo organizado. Es Pablo Lallana, un tenor lírico que, ante la falta de oportunidades laborales, decidió salir a la calle para mostrar su talento y ganarse la vida con la música. Un día más, una cotidianeidad más.
Esa interpretación no pasó inadvertida. Un joven usuario de tiktok, conocido como @onayberadenawer, lo escuchó cantar en las inmediaciones de Plaza de Mayo, quedó sorprendido por su calidad vocal y decidió grabarlo. Después publicó el video con un mensaje sencillo: no tenía dinero para ayudarlo, pero esperaba que su interpretación se hiciera viral. El deseo se cumplió mucho más allá de lo imaginado.
En pocos días, miles de personas conocieron su historia, comenzaron a seguir sus redes sociales y llegaron nuevas propuestas de trabajo. Lo que hasta entonces había sido una búsqueda cotidiana de ingresos se convirtió en una oportunidad para impulsar su carrera artística.
En la actualidad, según contó, supera los 41.000 seguidores en tiktok y se acerca a los 8.000 en instagram. Además, asegura que la música se convirtió en su principal fuente de ingresos.
La historia de Pablo Lallana demuestra que, en ocasiones, una oportunidad puede aparecer donde menos se la espera. Pero la viralización, por sí sola, no explica el resultado: detrás de aquella voz que sorprendió a miles hay décadas de aprendizaje, escenarios recorridos y una decisión persistente de seguir cantando.
En una calle donde casi todos parecen tener prisa, alguien se detuvo a escuchar. y ese gesto, multiplicado por las redes sociales, ayudó a que un tenor que buscaba ganarse la vida entre monedas encontrara una nueva oportunidad para vivir de su mayor pasión.