Lo que debía ser una fiesta del fútbol en Belo Horizonte terminó convertido en una escena de violencia descontrolada. La final del Campeonato Mineiro entre Cruzeiro y Atlético Mineiro quedó marcada por una batalla campal entre jugadores de ambos equipos, un episodio que obligó a detener el partido durante más de diez minutos y requirió la intervención de la Policía Militar en el estadio Mineirão. El árbitro del encuentro, Matheus Candançan, incluso tuvo que pedir protección policial en medio del caos, mientras futbolistas, suplentes y miembros de los cuerpos técnicos intercambiaban golpes por todo el campo de juego.
Paradójicamente, el partido terminó sin expulsados en el momento. Pero la calma duró poco. Horas después, al redactar el acta oficial, el árbitro confirmó lo que se convertiría en un récord histórico: 23 expulsiones. La chispa que desató la violencia ocurrió en los últimos segundos del partido. El arquero del Atlético Mineiro, Everson, había controlado la pelota cuando fue chocado por el mediocampista de Cruzeiro Christian.
La reacción fue inmediata. Según explicó Candançan en su informe, el arquero respondió con una acción violenta: "Tras recibir una falta, derribó a su oponente, cargó contra él y golpeó brutalmente en la cara con la rodilla al número 88 (Christian). Aclaro que tras esta acción, se desató una pelea generalizada, lo que hizo imposible mostrarle la tarjeta roja".
Pero el árbitro también apuntó contra la acción previa del jugador de Cruzeiro. "Por golpear con la espinilla a su oponente, el número 22 (Everson), en la cabeza, con fuerza excesiva e intensidad, cuando el balón ya estaba en posesión del arquero. Aclaro que tras esta acción se desató una gresca general, lo que hizo imposible mostrar la tarjeta roja". En cuestión de segundos, el campo de juego se transformó en un ring.
La pelea se propagó por toda la cancha. El mediocampista argentino Lucas Romero saltó y lanzó una trompada en el aire contra Everson. El arquero de Cruzeiro, Cássio, cruzó toda la cancha para meterse en la pelea. El delantero del Mineiro Hulk fue uno de los más exaltados: golpeó por la espalda a Romero, lo que provocó una reacción inmediata del defensor argentino Lucas Villalba, que respondió con una patada voladora.
En medio del caos hubo jugadores tirados en el piso, empujones, insultos y golpes cruzados. El técnico del Atlético Mineiro, Eduardo Domínguez, incluso se metió en la gresca para intentar separar a los futbolistas. Mientras la pelea crecía, Candançan observaba a la distancia con evidente impotencia. La violencia era tal que el árbitro no pudo mostrar ninguna tarjeta roja durante el partido.
En su informe posterior lo explicó de manera contundente: "Fue expulsado por golpear y patear a sus oponentes durante la pelea después del final del partido, y no fue posible mostrarle tarjeta roja debido al caos". Las sanciones llegaron después... y fueron masivas. En total, 23 futbolistas fueron expulsados: 12 de Cruzeiro y 11 de Atlético Mineiro.
La cifra se convirtió en la mayor cantidad de tarjetas rojas en un solo partido en la historia del fútbol brasileño, superando el récord de 22 expulsiones registrado en 1954 en un partido entre Portuguesa y Botafogo. La violencia terminó opacando completamente lo deportivo. Cruzeiro había ganado la final 1-0 con gol de Kaio Jorge, conquistando su 39º título del Campeonato Mineiro y cortando la posibilidad de que Atlético lograra un histórico séptimo campeonato consecutivo.
Pero el resultado quedó relegado a un segundo plano. Las imágenes de golpes, patadas y jugadores fuera de control dominaron la escena. Según el Código Brasileño de Justicia Deportiva, las sanciones tendrán efecto territorial. Esto significa que los futbolistas expulsados cumplirán sus suspensiones en el Campeonato Mineiro, pero no en el Brasileirao ni en la Copa do Brasil.