La radiografía más reciente del INDEC deja una imagen dificil de disimular: en la Argentina de fines de 2025, la mitad de los trabajadores gana $800.000, mientras que el 80% no supera los $1.400.000. En el otro extremo, para entrar al club del 10% más rico hay que cruzar un umbral que ya parece de otra economía: $3.644.000 mensuales por hogar. La distancia no es solo numérica. Es estructural.
Los datos muestran que el ingreso promedio de los ocupados ronda los $1.068.540, pero esa cifra es engañosa: la mediana -lo que efectivamente gana la mitad de la población- cae a $800.000. Es decir, el "promedio" se sostiene por los ingresos más altos, mientras la mayoría queda por debajo. En la base, el panorama es aún más crudo. El primer decil -el 10% más pobre- tiene ingresos familiares que pueden ser tan bajos como $3.000 y no superan los $566.000, con un promedio de $374.278. En contraste, el décimo decil concentra ingresos que van desde $3,6 millones hasta $25,9 millones mensuales, con un promedio de $5,6 millones.
La brecha no solo existe: se naturaliza. El segmento más alto, compuesto por poco más de un millón de hogares, concentra casi el 30% del ingreso total. Allí conviven familias que apenas superan el umbral de ingreso con otras que lo multiplican hasta cien veces. Esa heterogeneidad interna no atenúa el dato central: el salto entre deciles es abrupto. Un hogar del noveno decil promedia $3 millones; uno del octavo, $2,3 millones. Por debajo, los ingresos caen rápidamente hasta tocar un piso que ya no alcanza para cubrir necesidades básicas en muchas zonas urbanas.
Otro dato clave del informe es que tener trabajo ya no garantiza una posición económica sólida. El ingreso asalariado promedio es de $1.082.635, pero con una fractura clara: formales $1.321.353 e informales $651.484 La informalidad no solo reduce ingresos, sino que también consolida la desigualdad. Además, el 62,6% de la población percibe algún ingreso, lo que implica que más de un tercio directamente no tiene ingresos propios, profundizando la dependencia dentro de los hogares. Las diferencias también se replican entre hombres y mujeres: los hombres registran un promedio de $1.191.364 y las mujeres de $838.336.
El coeficiente de Gini -que mide la desigualdad- se ubicó en 0,427, con una leve mejora respecto a períodos anteriores. Sin embargo, el dato es engañoso: la distancia entre el decil más alto y el más bajo sigue siendo de 13 veces, sin cambios significativos.