Más
Economía
La desigualdad se profundiza

Hambre, exclusión y deterioro educativo: más de la mitad de los chicos se encuentra en la pobreza

Un informe de la UCA advierte que el 53,6% de niños y adolescentes sigue siendo pobre. Casi dos de cada tres chicos dependen de algún tipo de ayuda estatal o comunitaria para comer.

22 Abril de 2026 08:44
Más de la mitad de los chicos en la pobreza: la mejora estadística no alcanza y la desigualdad se profundiza

La pobreza infantil en Argentina volvió a mostrar una leve baja en 2025, pero el dato está lejos de ser una buena noticia. Según el último informe de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA) del Observatorio de la Deuda Social Argentina, el 53,6% de los niños y adolescentes vive en condiciones de pobreza y el 10,7% en la indigencia.

Más de la mitad de los chicos en la pobreza: la mejora estadística no alcanza y la desigualdad se profundiza

Se trata de números que, aunque inferiores a los picos recientes, siguen describiendo una realidad alarmante: más de la mitad de la infancia permanece atrapada en un escenario de privaciones persistentes.  Lejos de celebrar, el propio estudio advierte sobre el riesgo de una lectura superficial. "Trae alivio, pero no debemos confundir una mejora coyuntural con la solución de un problema estructural", señala el informe. La serie histórica es contundente: desde 2010, cuando la pobreza infantil era del 45,2%, la tendencia general fue en ascenso, con picos dramáticos en los años de crisis y caídas temporales que nunca lograron revertir el deterioro de fondo.

Uno de los datos más crudos es el de la inseguridad alimentaria: el 28,8% de los chicos tuvo dificultades para acceder a una alimentación adecuada en 2025, y en el 13,2% de los casos esa carencia fue severa. Aunque también hubo una leve mejora respecto al año anterior, el problema sigue lejos de resolverse. La contracara es aún más preocupante: la asistencia alimentaria alcanzó al 64,8% de los menores, el nivel más alto registrado. Es decir, casi dos de cada tres chicos dependen de algún tipo de ayuda estatal o comunitaria para comer.  En paralelo, la cobertura de transferencias como la Asignación Universal por Hijo (AUH) llegó al 42,5%.

Más de la mitad de los chicos en la pobreza: la mejora estadística no alcanza y la desigualdad se profundiza

Incluso, alcanzó este nivel con una caída respecto de 2024. El problema no es solo la magnitud, sino también la exclusión: hay sectores pobres que quedan fuera del sistema. La investigadora Inés Tuñón lo resumió: estas políticas "no fueron diseñadas para cubrir por completo los ingresos de los hogares", lo que deja en evidencia que sin empleo formal y salarios dignos, la pobreza infantil se vuelve crónica. La crisis económica también se filtra en el acceso a la salud. En 2025, el 19,8% de los niños y adolescentes dejó de asistir al médico o al odontólogo por motivos económicos. La atención odontológica aparece como la más relegada, reflejando una deuda histórica del sistema sanitario.

El dato no es menor: implica que casi uno de cada cinco chicos no accede a controles básicos. Una restricción silenciosa que profundiza desigualdades y compromete el desarrollo a largo plazo. A esto se suma un déficit estructural en las condiciones de vida: el 18,1% habita viviendas precarias, el 20,9% vive hacinado y el 42% no tiene acceso adecuado a servicios de saneamiento. La pobreza, así, deja de ser un problema de ingresos para convertirse en una trama compleja de exclusión multidimensional.

El informe también pone el foco en el deterioro educativo. El 36,8% de los chicos aprende menos de lo esperado, en gran parte por problemas estructurales del sistema y la pérdida constante de días de clase. La desigualdad se vuelve aún más evidente al observar el ausentismo docente y la suspensión de clases: tres de cada diez alumnos asisten a escuelas afectadas por estas interrupciones. En el conurbano bonaerense, el problema escala al 44%.

Más de la mitad de los chicos en la pobreza: la mejora estadística no alcanza y la desigualdad se profundiza

Las consecuencias son profundas: un estudiante expuesto a esta inestabilidad tiene más de cinco veces más probabilidades de no aprender correctamente. La escuela, que debería ser un espacio de igualdad, termina reproduciendo las brechas sociales. El deterioro no es solo material. El informe revela que el 18,1% de los chicos presenta síntomas de tristeza o ansiedad, mientras que el 27,3% tiene dificultades para socializar o carece de vínculos de amistad sólidos. La falta de recursos impacta directamente en la construcción de identidad y pertenencia. El 37,5% sufre privaciones en la vestimenta, una carencia que, más allá de lo material, expone a los chicos a situaciones de estigmatización y exclusión. El resultado es un círculo vicioso: pobreza, aislamiento, bajo rendimiento escolar y menos oportunidades a futuro.