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Economía
Una realidad menos alentador

La inflación baja, pero el alivio no llega: por qué los argentinos siguen sintiendo que todo está más caro

La economista Paula Pia Ariet analizó la desaceleración inflacionaria, la caída del consumo y las diferencias entre los indicadores macroeconómicos y la realidad cotidiana.

02 Junio de 2026 16:10
La inflación baja, pero los precios siguen subiendo

La desaceleración de la inflación se convirtió en uno de los principales argumentos que exhibe el Gobierno de Javier Milei para defender el rumbo económico. Sin embargo, mientras los índices muestran una reducción en la velocidad de los aumentos, millones de argentinos continúan percibiendo que llenar el changuito del supermercado sigue siendo una tarea cada vez más difícil. La contradicción entre los números oficiales y la sensación que predomina en la calle tiene una explicación que va más allá de los porcentajes mensuales. Así lo planteó la economista Paula Pia Ariet, quien analizó el actual escenario económico.

La inflación baja, pero los precios siguen subiendo

En ese sentido, la especialista explicó por qué la baja de la inflación todavía no se traduce en una mejora generalizada del poder de compra. "Porque una cosa es que la inflación baje y otra muy distinta es que los precios bajen. Hoy los precios siguen aumentando, solo que a una velocidad menor", explicó. Y agregó: "Además, venimos de años de inflación acumulada muy alta y de una pérdida importante del poder adquisitivo". 

De acuerdo con la economista, "la macroeconomía parece que mejorara antes que la microeconomía, pero la macro es la sumatoria de miles de micros: hay sectores, empresas y familias que empiezan a recuperarse y otros que todavía siguen muy golpeados". "Por eso la sensación económica sigue siendo muy heterogénea", sumó.  Los datos respaldan esa percepción. Entre abril de 2025 y abril de 2026, el promedio de los productos relevados por el Indec en supermercados registró un incremento del 32,4%, por debajo del 42,1% del período anterior. Sin embargo, la desaceleración no fue uniforme. 

Mientras algunos productos como los huevos, la manteca o el café moderaron significativamente sus aumentos, otros volvieron a acelerar. La carne picada común, por ejemplo, pasó de una suba anual del 49,5% al 57,2%. El aceite de girasol saltó del 36,7% al 53,8%, mientras que la harina de trigo, que prácticamente había permanecido estable, volvió a registrar aumentos de dos dígitos. Para Ariet, estas diferencias responden a una dinámica económica desigual. "No todos los sectores de la economía se comportan igual. Hay productos que desaceleran porque venían de aumentos muy fuertes o porque cayó la demanda", aclaró.

La inflación baja, pero los precios siguen subiendo

Y continuó: "Y hay otros donde siguen pesando más los costos, la estacionalidad o cuestiones productivas. Ahí aparece algo importante: hay micros que crecen y micros que caen. El crecimiento hoy es desigual y eso también explica por qué muchas personas sienten realidades económicas tan distintas". La especialista destacó que, desde el punto de vista técnico, la inflación efectivamente está bajando, aunque eso no implique una mejora automática para los consumidores. "Técnicamente podemos decir que la inflación está bajando porque la velocidad de aumento de precios es menor", remarcó.

Y señaló: "Pero eso no significa que los precios estén baratos ni que la gente automáticamente sienta alivio. El problema es que los salarios todavía no recuperaron completamente lo que perdieron en los últimos años y eso mantiene muy presente la sensación de deterioro económico. El salario real cae desde hace más de 15 años". Otro de los factores que condiciona la evolución de los precios es la fragilidad que todavía presenta el proceso de desinflación. 

Según Ariet, existen variables sensibles que continúan amenazando la estabilidad alcanzada. "El proceso muestra señales positivas, pero todavía sigue siendo vulnerable. En Argentina hay cuatro precios muy sensibles que impactan prácticamente en toda la economía: el dólar, los combustibles, los salarios y los servicios públicos. Cuando alguno de esos cuatro precios aumenta fuerte, termina trasladándose al resto de los bienes y servicios. Por eso todavía existe fragilidad frente a shocks internos o externos", advirtió.

La inflación baja, pero los precios siguen subiendo

En ese contexto, la caída del consumo aparece como uno de los principales frenos a las remarcaciones. La pérdida de poder adquisitivo redujo la capacidad de compra de los hogares y obligó a muchas empresas a modificar sus estrategias. "Hoy están pesando las dos cosas. Por un lado siguen existiendo aumentos de costos, especialmente vinculados a servicios, salarios, logística y algunos insumos. Pero por otro lado la demanda está mucho más debilitada y eso limita la capacidad de remarcar. Muchas empresas directamente no pueden trasladar todos los aumentos porque perderían ventas", explicó.

La economista fue aún más contundente al describir el impacto de este fenómeno sobre el sector privado: "La caída del consumo está funcionando como un límite para muchas empresas. En varios sectores ya no alcanza solamente con remarcar precios porque el consumidor dejó de convalidar ciertos aumentos. Eso genera tensiones muy fuertes en las organizaciones: caída de márgenes, necesidad de eficiencia y discusiones salariales mucho más complejas". Más allá de los indicadores económicos, Ariet sostuvo que el deterioro del poder adquisitivo también tiene consecuencias dentro de las empresas y afecta directamente la gestión de recursos humanos.

La inflación baja, pero los precios siguen subiendo

Incluso, afirmó: "Impacta muchísimo. Cuando el salario pierde capacidad de compra cambian los niveles de motivación, aumenta la preocupación financiera y aparecen nuevas demandas dentro de las organizaciones. Por eso hoy entender inflación ya no es solo un tema económico. También es un tema de clima laboral, productividad, liderazgo y gestión de personas". Mientras el Gobierno celebra la desaceleración inflacionaria y los economistas proyectan que la tendencia podría profundizarse durante los próximos meses, la experiencia cotidiana de los consumidores sigue marcada por una realidad menos alentadora: los precios continúan subiendo, los salarios aún no logran recomponerse plenamente y el alivio prometido por la macroeconomía todavía parece lejano para una parte importante de la sociedad.