Las cifras reveladas por la consultora LCG sobre el aumento en alimentos y bebidas en febrero dejan un sabor amargo. Según su informe, este rubro registró una suba del 4,2% mensual, una cifra que contrasta de manera escandalosa con los números oficiales proporcionados por el gobierno de La Libertad Avanza, que insiste en mantener la narrativa de una inflación contenida.
El estudio de LCG, basado en el relevamiento de 8.000 precios en cinco supermercados, muestra un panorama preocupante: los alimentos y bebidas no solo se encarecieron, sino que la aceleración fue evidente, con un incremento de 0,8 puntos porcentuales respecto al promedio de las cuatro semanas anteriores.
A pesar de que la última semana del mes cerró con una variación de 0%, las subas acumuladas no dejan lugar a dudas sobre el impacto real en los bolsillos de los consumidores.
Entre los productos que más aumentaron se encuentran las bebidas e infusiones para el hogar (+6,1%), los productos de panificación, cereales y pastas (+5,7%), Frutas (+2,3%), Productos lácteos y huevos (+1,4%) y Azúcar, miel, dulces y cacao (+0,6%) y las carnes (+5,2%). Este último rubro, además, tuvo la mayor incidencia en el índice mensual, representando un 1,62% del total.
Por su parte, el gobierno insiste en una narrativa de estabilidad. Según el INDEC, la inflación mensual de enero fue del 2,9%, acumulando un 32,4% interanual. Aunque se trata de una cifra alta, está muy lejos del 4,2% reportado por LCG solo para alimentos y bebidas. ¿Acaso el gobierno está maquillando los datos?
El impacto real de estas subas no se mide solo en porcentajes: se mide en la angustia de quienes deben elegir entre llenar el carrito del supermercado o pagar las cuentas a fin de mes.