El mundo contiene la respiración. El estrecho de Ormuz, uno de los pasos marítimos más estratégicos del planeta, fue declarado cerrado por Irán en medio de una escalada bélica que ya dejó decenas de muertos y amenaza con desatar una guerra regional de consecuencias imprevisibles. "El estrecho (de Ormuz) está cerrado. Si alguien intenta pasar, los héroes de la Guardia Revolucionaria y la armada regular incendiarán esos barcos", afirmó Ebrahim Jabari, asesor principal del comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria iraní. Es la primera vez que Teherán anuncia un cierre completo del paso.
Esto, sin ir más lejos, amenaza de manera explícita con atacar el tráfico marítimo internacional. El Estrecho de Ormuz no es un punto más en el mapa. Es el cuello de botella del sistema energético global. En su punto más angosto, apenas 33 kilómetros separan a Irán de Omán. Por ese corredor de apenas 3 kilómetros por vía marítima circulan, cada día, unos 20 millones de barriles de petróleo: cerca de una quinta parte del consumo mundial. Por allí fluye el crudo de países de la Organización de Países Exportadores de Petróleo como Arabia Saudita, Irán, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, además de la mayor parte del gas natural licuado de Qatar.
Un comercio energético anual superior a los US$500.000 millones depende de ese estrecho. Ahora, ese corazón del sistema late bajo amenaza militar. El impacto fue inmediato. El lunes, el crudo subió casi un 10% y superó brevemente los 82 dólares por barril, su nivel más alto desde enero de 2025. En Europa, el gas natural trepó un 40% en cuestión de horas. El tránsito de buques cisterna se desplomó: el domingo cruzaron apenas seis embarcaciones, cuando el viernes habían sido 65. Videos verificados mostraron un petrolero en llamas cerca de Omán. En Arabia Saudita, drones impactaron en instalaciones energéticas.
En Qatar, se suspendió la producción de gas en dos plantas. El mercado ya no opera con datos: opera con miedo. "Cerrar el estrecho causaría un problema económico enorme", advirtió el exjefe del MI6 británico, Alex Younger. Para Bader al Saif, especialista en geopolítica del Golfo, se trata de "territorio desconocido" con "consecuencias directas en los mercados mundiales". El anuncio iraní llega dos días después de que Estados Unidos e Israel lanzaran un ataque aéreo masivo contra instalaciones estratégicas iraníes, en el que murió el ayatolá Alí Jamenei. Teherán respondió con misiles y drones contra Israel y bases estadounidenses en países vecinos.
La región quedó atrapada en una espiral de represalias. El estrecho fue, durante décadas, una carta de presión que Irán agitó en momentos de tensión. Pero nunca la había jugado hasta el final. Ahora, la amenaza se convirtió en hecho. Legalmente, las aguas en su punto más estrecho están dentro de jurisdicción iraní y omaní. Técnicamente, Irán podría sembrar minas con lanchas rápidas o submarinos, y lanzar ataques antibuque. Estados Unidos asegura haber debilitado fuertemente la flota iraní en los bombardeos recientes. Sin embargo, expertos coinciden en que un bloqueo temporal es posible.
Cabe destacar que también creen que Washington y sus aliados podrían restablecer el tránsito por la fuerza, como ocurrió en la "guerra de los petroleros" en los años 80. Pero incluso un cierre breve puede dejar cicatrices profundas. China -principal comprador de crudo iraní- sería uno de los países más golpeados. India, Japón y Corea del Sur también dependen en gran medida del petróleo que cruza Ormuz.
¿Y la Argentina?
En Buenos Aires, el eco de la crisis ya se siente en los mercados. La pregunta es inevitable: ¿cuánto impactará en los surtidores? El CEO de YPF, Horacio Marín, intentó llevar calma. "Cuando hay estos temas, tomamos decisiones tranquilas", afirmó en diálogo con radio La Red. Explicó que la empresa aplica una política de "moving average", un promedio que evita trasladar picos bruscos al precio final. "No vemos el precio del petróleo de hoy", detalló.
La fórmula busca evitar un "electrocardiograma de precios" que golpee al consumidor. Sin embargo, dejó una advertencia: "Ahora, si esto llega para quedarse y el precio del petróleo se mantiene en un precio muy alto, va a afectar el precio de los combustibles. Va a afectar de a poquito, pero no tiene que ser de muy largo plazo". El propio Marín reconoció la magnitud del problema: "Por el Estrecho de Ormuz se exportan los países árabes del Medio Oriente 15 millones de barriles. Entonces, es una gran ruptura a la oferta momentánea. Entonces, eso sí genera aumentos de precios". Pidió evitar el pánico. Pero el mundo ya está en alerta.
Estados Unidos es hoy el mayor productor mundial de petróleo, pero no está aislado de las sacudidas globales. La energía se comercia en mercados internacionales y cualquier interrupción sostenida en el Golfo Pérsico repercute en inflación, crecimiento y estabilidad política. En 2022, tras la invasión rusa a Ucrania, el petróleo subió 20% en una semana y la gasolina en EE.UU. superó los 5 dólares por galón meses después. Hoy, el escenario podría ser aún más incierto. El cierre del estrecho de Ormuz no es solo un acto de guerra. Es un golpe directo al sistema circulatorio de la economía global. Si el conflicto se prolonga, el impacto no será solo geopolítico: será doméstico, cotidiano, tangible. En la nafta, en la luz, en los alimentos. El mundo observa un canal de apenas 33 kilómetros de ancho.