La escena quedó grabada para siempre en la memoria de General Roca: un nene de cuatro años llegó caminando a un sanatorio para una operación programada y nunca volvió a despertar. Este martes, el juez Emilio Stadler leyó la sentencia en uno de los casos de mala praxis más impactantes de los últimos años en Río Negro, la muerte de Valentín Mercado Toledo. El anestesiólogo Mauricio Javier Atencio Krause fue declarado penalmente responsable por "homicidio culposo": fue condenado a una pena de tres años de prisión en suspenso y la inhabilitación para ejercer la medicina por siete años y seis meses.
La fiscalía había solicitado tres años de prisión condicional y diez años de inhabilitación para ejercer la medicina, pedido al que adhirió la querella, representada por los abogados Miguel Ángel Zeballos Díaz y Agustín Aguilar. La defensa, en cambio, reclamó la pena mínima y que la prohibición alcance solo al ámbito pediátrico. Todo ocurrió el 11 de julio de 2024 en el Sanatorio Juan XXIII. Valentín había sido internado para una intervención por hernia diafragmática, considerada por el equipo médico de baja complejidad.
Sin embargo, durante la operación sufrió una grave falta de oxígeno que derivó en una encefalopatía hipóxico-isquémica, una lesión cerebral irreversible causada por la interrupción del flujo sanguíneo. La investigación reconstruyó minuto a minuto lo ocurrido en el quirófano. Según la acusación, el niño pasó al menos diez minutos sin registros de presión arterial ni oxigenación. En ese lapso, el anestesiólogo no habría monitoreado correctamente al paciente.
Durante su alegato, el fiscal Gastón Britos Rubiolo expresó: "El médico anestesiólogo imputado, por su impericia, negligencia, y por no tomar en cuenta la rigurosidad debida que indica el protocolo de actuación, causó la muerte de Valentín". De acuerdo con la prueba reunida, el profesional se distrajo con su teléfono celular e incluso abandonó el quirófano para buscar el cargador sin dejar a otro médico a cargo. Para la fiscalía, bastaba un gesto mínimo para evitar la tragedia.
De hecho, sin ir más lejos advirtieron: "Solo debía observar el monitor o al paciente para advertir lo que estaba ocurriendo". Mientras el cuadro se agravaba, Ariana Toledo y Daniel Mercado aguardaban noticias en la sala de espera. La cirugía se extendía más de lo previsto y nadie explicaba con claridad qué pasaba. Cuando finalmente pudieron verlo, Valentín estaba en terapia intensiva, sedado y conectado a múltiples dispositivos.
Los partes médicos eran confusos: que en unas horas despertaría, que habría que esperar, que podría tener dificultades para hablar o caminar. Pero los síntomas empeoraban. Convulsiones, fiebre y diabetes insípida: todos indicios de muerte cerebral que no fueron informados de inmediato. Durante siete días la familia atravesó una incertidumbre extrema. Una psicóloga que declaró en el juicio definió ese proceso como una "estafa emocional".
El momento más duro llegó cuando Ariana pidió un certificado médico laboral y leyó por primera vez la referencia a muerte encefálica. El documento fue corregido a mano sin explicación clara. Recién seis días después una junta médica confirmó el diagnóstico irreversible. "Fueron siete días de incertidumbre, recibieron un trato muy cruel. Ariana pasó un momento que, como padre, nunca quiero pasar en la vida: con su hijo en brazos escuchó 'mami, lo vamos a desconectar'", relató el abogado Zeballos Díaz en el juicio. La madre sostuvo a su hijo cuando retiraron el soporte vital.
La investigación también reveló que, durante la crisis intraoperatoria, debieron convocar de urgencia a tres anestesiólogos y a una cirujana pediátrica, cuando el daño ya era irreversible. Para los fiscales, esa reacción tardía reforzó la gravedad de la conducta inicial. El caso provocó una profunda conmoción social en la ciudad. Hubo marchas, reclamos públicos y un seguimiento constante del proceso judicial. Ahora, casi dos años después de la operación, la comunidad y la familia esperan la última instancia: conocer la pena contra el profesional ya declarado culpable. La frase que se repite desde aquel día resume el impacto de la tragedia: Valentín entró caminando al sanatorio y salió con muerte cerebral. El fallo que se leerá este martes intentará poner un cierre judicial a una historia que para sus padres nunca tendrá final.