El espanto empezó como una sospecha aislada. Una gata que moría de manera repentina. Un cachorro que desaparecía a las pocas horas de ser entregado en tránsito. Mensajes repetidos, excusas idénticas y un mismo nombre detrás de cada historia. Con el correr de las semanas, las rescatistas entendieron que no estaban frente a accidentes: creen haber descubierto a un hombre que se ganaba la confianza de proteccionistas para adoptar gatos, torturarlos y matarlos.
La denuncia sacude al barrio porteño de Recoleta y ya se convirtió en una de las causas por maltrato animal más estremecedoras de los últimos años. El acusado es Adriel S. C. O., un cocinero de 27 años oriundo de Santa Cruz, señalado por al menos 16 muertes constatadas de gatos. "Hasta el momento son 16 los gatos fallecidos constatados", afirmó el abogado Alexis Marrocco, quien representa a varias de las denunciantes y unificó las querellas vinculadas al caso.
Según el letrado, el acusado "se ganaba la confianza de las rescatistas, que en un 90% eran mujeres", y desplegaba "todo un modus operandi" cuidadosamente organizado para evitar sospechas. De acuerdo con la investigación, el joven se presentaba como amante de los animales y se ofrecía para adoptar o recibir gatos en tránsito, principalmente cachorros o madres con crías recién nacidas.
Coordinaba distintos horarios de entrega para que las rescatistas no se cruzaran entre sí y, pocas horas después, los animales aparecían muertos. "Citaba a una persona a las 15 y a otra a las 22. Horas después, los animales ya estaban muertos", sostuvo Marrocco. Uno de los episodios más brutales ocurrió el 16 de enero y forma parte central de la causa judicial. La víctima fue Charly, un gato de nueve meses que pertenecía a una mujer del barrio con quien el acusado había entablado relación en una iglesia.
Según la denuncia, el hombre se ofreció para cuidar al hijo de la mujer mientras ella estaba ausente. En la vivienda quedó también Charly. "Ese día fue a cuidar al hijo de la mujer, un menor. En ausencia de la madre, estaba el gato Charly. Lo torturó, lo golpeó, lo metió en una bolsa y terminó falleciendo con un cuadro de asfixia", denunció el abogado. El horror no terminó ahí. La querella sostiene que el hijo de la mujer, un niño de 10 años, intentó intervenir para defender al animal y fue amenazado por el acusado. "El nene quiso intervenir y él lo amenazó pellizcándolo. Es el primero de los casos que tenemos denunciados", explicó Marrocco.
Después de ese episodio comenzaron a aparecer más denuncias con características similares. "También mató a Rubio y luego, el 25 de febrero, asesinó a dos gatos más, incluida una mamá con cinco bebés", agregó el abogado. Las redes sociales fueron el lugar donde las rescatistas empezaron a unir las piezas del rompecabezas. Allí descubrieron que el mismo hombre había recibido distintos animales de diferentes refugios y todas las historias terminaban igual. "Para los que no saben esta persona mató a Salvadora, una gatita que recibió en tránsito con sus bebés, mató a Rubio, un gatito que le fue dado en adopción, y mató a Betún", escribió Daiana Gabriela en Facebook junto a otras denunciantes.
La mujer describió con angustia el funcionamiento del presunto circuito de adopciones: "Buscaba a sus víctimas, entre ellas rescatistas que pedían tránsitos. Sus víctimas eran gatitos chiquitos, mamás con bebés, hasta llegó a pedir gatitos recién nacidos". Pero la investigación sumó un elemento todavía más perturbador. Algunas denunciantes sostienen que el acusado utilizaba su experiencia como chef para cocinar la carne de los animales muertos y repartirla en parroquias o entre personas en situación de calle. "Todavía no hay confirmación de que esas croquetas estuvieran hechas con los animales que él adoptaba y luego mataba, pero sí está la denuncia", aclararon en Infobae.
La causa también analiza otros aspectos escalofriantes. Según testigos, el acusado habría filmado parte de los ataques y existía la sospecha de que monetizaba esos videos en espacios clandestinos de internet. El expediente judicial ya cuenta con informes psicológicos que describen al imputado con rasgos de "personalidad narcisista, manipuladora, sádica y maquiavélica", compatibles con la llamada "Tétrada Oscura" de la personalidad, asociada a la ausencia de empatía y al riesgo elevado de conductas violentas.
Mientras tanto, el acusado permanece sin ser detenido y existen temores de que haya abandonado Buenos Aires. "La preocupación es total. Hay un presunto asesino serial de gatos en la ciudad de Buenos Aires. Hoy no saben dónde está. Vivía en Microcentro, pero creen que pudo haberse fugado al sur", advirtió el periodista Facundo Kablan. En paralelo, el caso volvió a poner bajo discusión la debilidad de las leyes argentinas contra el maltrato animal. "Hoy la pena va de 15 días a un año. Robar una bicicleta es más grave que torturar un animal", cuestionó Kablan.
Frente al impacto social de la causa, organizaciones proteccionistas convocaron a una movilización para exigir justicia y reclamar penas más duras. La marcha será este sábado 16 de mayo a las 18 en el Obelisco. "Vamos a pedir por todos los casos de maltrato en Argentina", expresaron las rescatistas, atravesadas por el dolor de haber entregado animales para salvarles la vida y terminar descubriendo, demasiado tarde, que habían caído en manos del horror.