La angustia que durante una semana mantuvo en vilo a Granadero Baigorria terminó de la peor manera. Después de días de búsqueda desesperada, marchas y cadenas de oración, el cuerpo de Benjamín Scerra, el joven de 19 años desaparecido desde el 8 de mayo, fue encontrado sin vida en una vivienda precaria de Capitán Bermúdez, en una escena escalofriante que conmocionó a toda Santa Fe.
El hallazgo ocurrió el jueves por la noche en la zona de Monte Celulosa, después de varios llamados al 911 que advertían que el joven podía encontrarse en una casa de calle Richieri, en Bajada Espinillo. Cuando efectivos policiales ingresaron al lugar, se toparon con una imagen brutal: Benjamín estaba semidesnudo, escondido debajo de una chapa y con una profunda herida de arma blanca en el cuello. La noticia desató escenas de desesperación.
Familiares y vecinos, que aguardaban afuera mientras la Policía realizaba los procedimientos, rompieron en llanto al confirmarse el crimen. Incluso, la abuela del joven debió ser asistida por una ambulancia tras descompensarse al enterarse de la muerte de su nieto. Minutos después, la tensión explotó en las calles. Hubo corridas, piedrazos y hasta un auto incendiado en medio de la furia de allegados y vecinos que exigían respuestas por el asesinato del adolescente.
La causa quedó en manos del fiscal Carlos Covani, quien ordenó la intervención del gabinete criminalístico de la Policía de Investigaciones y solicitó además la participación de la fiscal Agustina Eiris, integrante de la Unidad de Violencia Altamente Lesiva del Ministerio Público de la Acusación. En las primeras horas posteriores al hallazgo, un menor de edad fue demorado preventivamente por una posible vinculación con el crimen.
Sin embargo, la familia de Benjamín apunta contra otro sospechoso, un hombre conocido en la zona con el apodo de "El Corto". La desaparición de Benjamín había generado una enorme movilización social. El joven había salido de su casa la noche del viernes 8 de mayo para acompañar a un amigo y jamás regresó. Desde entonces, comenzó una búsqueda frenética que incluyó rastrillajes, revisión de cámaras de seguridad, entrevistas a familiares y conocidos, consultas a hospitales y dependencias policiales e incluso pistas falsas que lo ubicaban caminando por la autopista entre Ramallo y San Nicolás.
Su padre, Félix Scerra, había realizado la denuncia apenas advirtió que no volvía. En medio de la angustia, contó que su hijo atravesaba problemas de consumo y episodios de depresión, aunque amigos del joven relativizaron esa situación y aseguraron que "a veces consumía", pero que no tenía conflictos graves. Mientras la investigación avanzaba lentamente, vecinos y familiares organizaron marchas para exigir que apareciera con vida. Nadie imaginaba que el desenlace sería tan cruel. Con el correr de las horas también comenzaron a conocerse detalles íntimos de la vida del joven que hicieron todavía más dolorosa la tragedia.
Benjamín tenía un sueño: viajar a Italia para reencontrarse con su madre, Cintia, que vive allí desde hace un tiempo. Para juntar dinero, trabajaba junto a su padre en un pequeño emprendimiento familiar de venta de pollos. De hecho, el mismo día de su desaparición había estado cocinando para el negocio. Planeaba terminar sus estudios y luego partir hacia Europa para abrazar nuevamente a su mamá. El viaje estaba cada vez más cerca. Pero la muerte lo alcanzó antes. Ahora, la Justicia intenta reconstruir qué ocurrió en esas horas oscuras que terminaron con Benjamín asesinado, oculto bajo una chapa y abandonado en una vivienda precaria del cordón industrial santafesino.