A veinte años de una madrugada que estremeció a Tucumán y sacudió al país, la Justicia vuelve a sentar en el banquillo a dos acusados por el crimen de Paulina Lebbos. Este lunes comenzó un nuevo juicio oral en el que se intentará reconstruir, una vez más, qué ocurrió con la joven de 23 años que desapareció en febrero de 2006 y cuyo cuerpo apareció días después abandonado a la vera de una ruta. El debate se inició a las 8.00 en la Sala 3 de la Cámara Penal Conclusional de San Miguel de Tucumán. Allí enfrentan el proceso Víctor César Soto, acusado de homicidio agravado por alevosía, y Sergio Kaleñuk, imputado por encubrimiento agravado.
El tribunal está integrado por los jueces Gustavo Romagnoli, Fabián Fradejas y Luis Morales Lezica, mientras que la acusación está encabezada por el fiscal Carlos Sale junto a Adrián Sollazo. Durante el proceso, que podría extenderse al menos dos meses, se espera la declaración de cerca de 80 testigos. La madrugada del 26 de febrero de 2006 comenzó como una celebración. Paulina había salido a bailar al boliche Gitana para festejar que había aprobado una materia de la carrera de Comunicación Social. Cerca de las seis de la mañana tomó un remis junto a su amiga Virginia Mercado. Desde ese momento comenzó un recorrido que terminaría en tragedia.
Según la investigación judicial, tras salir del boliche se dirigió a la casa de su pareja, César Soto. Allí se habría producido una discusión que terminó con la muerte de la joven por asfixia. El cuerpo de Paulina fue encontrado once días después, el 11 de marzo, a la vera de la Ruta Provincial 341, a la altura del kilómetro 3, camino a Raco. Las pericias indicaron que el cadáver había sido arrojado allí el mismo día del asesinato. El caso no solo conmocionó a la sociedad tucumana por la brutalidad del crimen, sino también por las irregularidades que rodearon la investigación. Con el paso de los años, la Justicia condenó a varios funcionarios y policías por encubrir el asesinato.
Entre ellos el ex fiscal Carlos Albaca, condenado en 2021 a seis años de prisión por encubrimiento agravado. También fueron condenados el ex secretario de Seguridad Eduardo Di Lella y ex jefes policiales como Hugo Sánchez, Nicolás Barrera y Héctor Rubén Brito. Las investigaciones demostraron que la Policía alteró actas y procedimientos para simular que el hallazgo del cuerpo había sido producto de un rastrillaje oficial, lo que se convirtió en el primer indicio de una cadena de irregularidades que atravesó la causa durante años. El impacto político también fue enorme y sacudió al gobierno provincial encabezado en ese entonces por José Alperovich.
El caso volvió a tomar impulso en las últimas semanas cuando Virginia Mercado, amiga de Paulina y una de las últimas personas que la vio con vida, admitió ante la Justicia que había encubierto el crimen con mentiras y omisiones. Durante una audiencia, la mujer afirmó: "A mí me encantaría poder recordar, pero ya no puedo recordar". Sus abogados habían propuesto un juicio abreviado, pero el juez Patricio Agustín Prado rechazó el acuerdo y ordenó que el proceso continúe de manera normal.
Durante todos estos años, el principal impulsor del avance judicial fue el padre de la víctima, Alberto Lebbos, quien denunció reiteradamente el entramado de encubrimientos que rodeó la causa. Para él, el nuevo juicio no cierra la historia, sino que vuelve a poner en evidencia lo que ocurrió detrás del crimen. "Sigue funcionando una estructura de impunidad", afirmó.
En otra audiencia, el hombre se dirigió directamente a la amiga de su hija: "Le quiero pedir a Virginia, en nombre de lo que ella ha dicho, de la amistad que la unía con mi querida Paulina, mi amada hijita, que diga la verdad. Si ella tanto la quería y eran tan amigas, ¿cómo se puede olvidar estos acontecimientos tan impactantes?". El nuevo proceso judicial reabre uno de los expedientes más dolorosos de la historia reciente de Tucumán. A dos décadas del crimen, el caso sigue siendo símbolo de un sistema judicial cuestionado, de policías y funcionarios condenados y de una familia que nunca dejó de exigir justicia.