Más
Policiales
Veneran a asesinos

Escalofriante: la relación entre el adolescente que disparó en una escuela de Santa Fe con una macabra organización

En las últimas horas se detuvo a otro chico involucrado en la subcultura TCC.

08 Abril de 2026 12:36
Masacre en la escuela secundaria de Columbine

Una sombra inquietante se posa sobre la tranquila localidad de San Cristóbal, Santa Fe, donde el eco de los disparos aún resuena en los pasillos de la Escuela Normal Superior N° 40 "Mariano Moreno". El tiroteo perpetrado por un adolescente, que cobró la vida de un estudiante y dejó a ocho más gravemente heridos, pone de manifiesto una realidad perturbadora: el atacante era miembro de una subcultura digital conocida como True Crime Community (TCC), un abismo virtual donde se venera la violencia y los crímenes más atroces.  

La revelación, escalofriante en sí misma, fue confirmada en una conferencia encabezada por la ministra de Seguridad Nacional, Alejandra Monteoliva, y el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro. Este último, descartó las hipótesis iniciales que apuntaban a un posible brote psicótico o bullying como detonantes del ataque: "Quiero decir con claridad que no fue un brote psicótico de este adolescente y que no tiene que ver con el bullying que podría haber tenido o haber sido víctima, que tampoco eso está probado o materializado en la investigación", aseguró Pullaro.  

Tiroteo en la Escuela Normal Mariano Moreno San Cristóbal en Santa Fe

Pero lo más escalofriante llegó después: "Sí se pudo detectar que este joven de la localidad de San Cristóbal, este adolescente, participaba de una red internacional, de una subcultura digital, que se denomina TCC, y desde ese lugar, parten de la veneración a delitos violentos, asesinatos violentos, y, en algunos casos, llegan también a la imitación de la comisión de este tipo de delitos".  

Los detalles del ataque fueron revelados gracias al trabajo del jefe del departamento de investigación antiterrorista de la Policía Federal Argentina. Fue el análisis forense del celular del tirador lo que permitió descifrar el entramado detrás del horror: "De ese análisis que nosotros hacemos en nuestro laboratorio forense de la Sublindancia de Investigaciones Federales, empezamos a observar la estrecha vinculación del tirador activo con otro menor", explicó el comisario.  

Un alumno de 15 años mató a un compañero e hirió a otros estudiantes

La investigación avanzó rápidamente tras identificar a este segundo adolescente involucrado por lo que la policía implantó una consigna sobre su domicilio y, poco después, lo detuvo en la vía pública mientras salía junto a sus padres: "Posteriormente, el fiscal ordena los allanamientos sobre el domicilio de este menor, en el lugar donde se proceden a realizar el secuestro de diferentes aparatos electrónicos y simbología referente al tema que nos trata", detalló el comisario.  

Entre los objetos incautados se encontraron pruebas irrefutables de su conexión con la comunidad TCC: símbolos macabros y documentos digitales que glorificaban actos violentos.  

El adolescente que mató a un alumno en Santa Fe e hirió a otros ocho

La comunidad TCC (acrónimo de "True Crime Community") es un fenómeno global que se originó en 1999, tras la masacre en la escuela secundaria de Columbine, Colorado. En aquel fatídico evento, dos estudiantes armados asesinaron a 12 compañeros y dos profesores antes de suicidarse. Según el comisario encargado del caso, esta tragedia no solo marcó un hito en la historia del horror escolar, sino que también dio origen a una subcultura digital perturbadora.  

"Esto es algo transnacional, no es un hecho aislado de la República Argentina. Es transnacional, es multifacético, descentralizado", explicó el comisario, subrayando el alcance global de esta comunidad. "En principio, estas personas lo que hacen es una investigación sobre crímenes verdaderos, fascinados por diferentes tiradores seriales".  

Masacre en la escuela secundaria de Columbine

Lo más inquietante es cómo esta fascinación puede transformarse en imitación. Para los miembros más radicales de esta subcultura, los asesinos se convierten en figuras casi míticas: sus actos son estudiados con una devoción escalofriante y, en algunos casos, son replicados con precisión fría y calculada.