por Alejo Paredes
13 Mayo de 2026 13:07
Durante años, los gritos quedaron atrapados entre paredes de barro, chapas viejas y silencio. Nadie habló. Nadie denunció. Y mientras el horror crecía en una precaria vivienda perdida en el paraje El Cruce, en el departamento Figueroa, nueve hermanos sobrevivían como podían dentro de lo que hoy los investigadores describen como una verdadera "casa del infierno". La escena que encontraron los efectivos de la División Trata de Personas de Santiago del Estero todavía persigue a quienes participaron del operativo. Algunos policías no pudieron contener el llanto. Otros salieron en silencio, quebrados por lo que acababan de ver.

Allí, entre suciedad, abandono y olor a encierro, convivían menores de edad y jóvenes con discapacidades severas sometidos a una rutina diaria de golpes, abusos sexuales, hambre extrema y humillaciones. Todo comenzó con una denuncia presentada el mes pasado por la Asociación Civil Caring For Children y Madres Víctimas de Trata de Buenos Aires. El dato era escalofriante: en una vivienda ubicada a la vera de la Ruta 5, una familia entera estaba siendo sometida a torturas y explotación sexual.
Cuando las fiscales Yésica Lucas y Vanina Aguilera ordenaron el allanamiento junto al juez Sergio Guillet, nadie imaginaba la dimensión del espanto. Los chicos dormían sobre estructuras metálicas, sin colchones, tapados apenas con trapos sucios. Muchos tenían marcas visibles de golpes. Estaban desnutridos, aislados y analfabetos. Pero lo más perturbador apareció detrás de una habitación cerrada con candado: colchones nuevos, impecables, guardados como un lujo prohibido para las víctimas.
Uno de los casos más estremecedores fue el de un joven con discapacidad severa. Era ciego, mudo y tenía retraso mental. Los investigadores lo encontraron atado a una cama, herido, ensangrentado y con signos evidentes de torturas reiteradas. Según revelaron fuentes judiciales, algunos familiares lo golpeaban y grababan las agresiones con teléfonos celulares "por diversión". "Eran tratados como animales", confió una fuente cercana a la investigación.
Otros dos menores tuvieron que ser internados de urgencia: pesaban apenas 30 kilos y sufrían cuadros graves de deshidratación y desnutrición. Las víctimas rescatadas son tres jóvenes de 28, 26 y 25 años con severos problemas motrices y de salud mental, una adolescente discapacitada de 16 años, tres hermanas de 12, 8 y 4 años y dos niños de 10 y 6. Todos crecieron atrapados dentro de un sistema de violencia salvaje.
Pero el expediente judicial avanzó todavía más y dejó al descubierto una sospecha aterradora: la familia habría convertido a las chicas en moneda de cambio. De acuerdo con la hipótesis de la Fiscalía, el padre entregaba sexualmente a algunas de sus hijas a hombres de la zona rural a cambio de botellas de vino y alcohol. Los investigadores creen que existía un circuito conocido por varios vecinos del lugar.
Ahora, la Justicia intenta identificar a los llamados "clientes", hombres que habrían abusado sistemáticamente de menores y jóvenes discapacitadas aprovechándose de su extrema vulnerabilidad. El tercer detenido es uno de los yernos de la familia, acusado de abuso sexual con acceso carnal contra dos de las víctimas. Según las primeras reconstrucciones, también habría controlado movimientos dentro de la casa para garantizar que todo ocurriera sin interferencias.

Durante los allanamientos, la Policía secuestró teléfonos celulares que serán peritados en las próximas horas. Los fiscales sospechan que podrían contener videos de abusos, golpizas y escenas de explotación sexual. El caso dejó además otro dato tan inquietante como perturbador: la vivienda estaba ubicada a escasa distancia de una dependencia policial. Sin embargo, el movimiento constante de hombres entrando y saliendo del lugar habría sido conocido por buena parte del pueblo.
Por eso, la investigación ya no apunta solamente contra la familia detenida. También busca determinar quiénes sabían lo que ocurría y eligieron callar. "El horror no pudo sostenerse solo", reconocieron fuentes ligadas al expediente. Mientras tanto, equipos médicos, psicólogos y especialistas intentan contener a las víctimas, trasladadas de urgencia a la capital santiagueña después de años de abandono absoluto.

