Volvió de Francia con anuncios bajo el brazo, pero eligió pasar el domingo insultando. Javier Milei usó otra vez sus redes para atacar a periodistas, fiel al mantra que repite contra toda la prensa que no le es oficialista: no odiamos lo suficiente a los periodistas. Esta vez los blancos fueron Carlos Pagni, Jorge Liotti y el director de La Nación, Fernán Saguier, a quienes les dedicó expresiones como "mierda humana" y "soretes". El detonante: una columna que reveló lo que el ministro Luis "Toto" Caputo habría admitido en privado sobre la economía.
El contraste es llamativo. Milei volvió el sábado de París con varios logros para mostrar: anuncios de inversiones por 27 mil millones de dólares en el marco del RIGI, la reconciliación con su hermana Karina y un principio de acuerdo, por ahora solo de palabra, con los gobernadores para eliminar las PASO. Nada de eso alcanzó para que el domingo dejara el telefonito.
El primer golpeado virtualmente fue Pagni. Milei compartió el posteo de un usuario que reproducía un fragmento de una entrevista del periodista y lo interpretaba así: "Pagni lo dijo: 'Yo no ignoro que hago política'. Durante años la jugada fue pegar como político y cubrirse como periodista. Una piña y después el carnet de prensa en alto. Él solo acaba de romper el carnet delante de todos. Se terminó el fuero".
El Presidente sumó su propia descarga: "VALIOSA CONFESIÓN DE PAGNI QUE DEJA EN CLARO LA MIERDA HUMANA QUE ES Y SU JUEGO COBARDE. No sorprende que esa metodología tenga refugio debajo de otra gran mierda humana como Fernán Saguier. Se van cayendo las caretas... VLLC!".
El problema es que Milei no parece haber escuchado el fragmento completo, que dura menos de un minuto y pertenece a una entrevista con Revista Seúl. Lo que dijo el editorialista de La Nación fue esto: "Yo no ignoro que hago política. No hago política partidaria, no hago política de facción. Hago política, la política de un periodista, que interviene en la política con lo que dice, con lo que informa, con lo que evalúa. Y eso genera malestar".
Como si hubiera anticipado la reacción presidencial, Pagni agregó que "no hay que lloriquear tanto porque te insultan o porque se meten con vos". Y explicó: "Estás en el juego. El desafío es que ese tipo de agresión, que ese tipo de conflicto, justamente no te penetre y te condicione lo que hacés, y lo hagas peor, y te afecte la calidad de lo que hacés porque estás medio revirado con fulano o con mengano. Hay que cuidarse muchísimo de eso, es un esfuerzo de mucho ascetismo muy importante".
La columna de Liotti y la confesión de Caputo en París
El segundo ataque tuvo como blanco a Jorge Liotti, también de La Nación, por su columna del domingo, titulada "Una advertencia que retumbó en la medianoche en París".
Ahí está, quizás, la verdadera razón del enojo. Liotti relató una cena de la gira presidencial en la que Caputo habría reconocido que la economía real está golpeada y que él ya no tiene "más conejos para sacar de la galera". Según el periodista, el ministro también se quejó de la incertidumbre política y pidió apurar el acuerdo con los gobernadores: "Hay que hacer un acuerdo ahora. En marzo ya va a ser tarde".
Milei compartió un posteo del "analista de medios" Gustavo Arabia, que intentó desmentir la nota y la calificó de "operación" porque no cita fuentes con nombre y apellido. Y agregó: "DESENMASCARANDO SORETES. No hay ni uno de los esbirros de la mierda humana de Fernán Saguier que sea rescatable... la lógica de la mosca. CIAO!". Ni un dato para refutar lo que habría dicho su ministro. Solo insultos.
Los ataques de Milei a la prensa ya son una política de Estado. La semana pasada discutió con José Del Río durante su presentación por Zoom en el Coloquio de IDEA, donde acusó a periodistas de La Nación de insultar a sus funcionarios económicos.
Y el jueves, Elisa Carrió lo denunció penalmente por presunta violencia de género por los insultos contra la periodista Maru Duffard, a quien había llamado "basura corrupta" antes de escribir: "Me parece que a veces no puteamos lo suficiente a los periodistas".
La secuencia es siempre la misma: un periodista publica algo que incomoda al Gobierno y la respuesta no es un desmentido con datos, sino una catarata de insultos desde la cuenta del Presidente de la Nación. Mientras tanto, la pregunta que dejó la columna sigue sin respuesta: ¿Luis Caputo se quedó sin conejos en la galera?