El ministro de Economía, Luis Caputo, anunció con tono celebratorio un nuevo entendimiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que habilita un desembolso cercano a los USD 1.000 millones en el marco de la segunda revisión del programa vigente. Lo hizo a través de su cuenta de X, donde destacó el respaldo del organismo y agradeció a sus principales interlocutores. "Llegamos a un acuerdo con el FMI. Quiero agradecer especialmente a Kristalina Georgieva por su liderazgo y compromiso a lo largo de este proceso. También a Dan Katz, a Luis Cubeddu y a todo su equipo por el trabajo realizado, que resultó fundamental para alcanzar el Staff Level Agreement".
Además, en sus redes sociales destacó: "De la misma manera, quiero agradecer al equipo argentino liderado por Santiago Bausil y Jose Luis Daza por su esfuerzo y dedicación durante toda la negociación. Este acuerdo es un paso muy importante en la consolidación de la estabilidad macroeconómica en la que hemos trabajado estos dos años, y contribuirá a fortalecer el crecimiento económico de nuestro país".
Detrás del mensaje oficial, sin embargo, la escena es menos sólida de lo que el Gobierno intenta mostrar. El acuerdo a nivel de staff -que aún debe ser aprobado por el Directorio del FMI- llega en un contexto de incumplimientos relevantes, especialmente en una de las metas centrales del programa: la acumulación de reservas. Según los propios compromisos asumidos con el organismo, Argentina debía cerrar 2025 con reservas netas cercanas a los -USD 1.000 millones. No ocurrió.
El rojo superó los -USD 14.000 millones, un desvío de más de USD 13.000 millones que ni siquiera pudo corregirse con flexibilizaciones previas. En ese escenario, el nuevo desembolso aparece atado a la posibilidad de que el FMI vuelva a otorgar una dispensa -un "waiver"- para evitar declarar el incumplimiento formal del programa. El comunicado del Fondo intenta sostener una narrativa de avances. Señala que "las autoridades argentinas y el staff del organismo llegaron a un entendimiento sobre un paquete de políticas sólido y equilibrado, destinado a consolidar la desinflación, la estabilidad externa y el crecimiento".
También destaca la aprobación del Presupuesto 2026 junto a reformas estructurales orientadas a flexibilizar el mercado laboral, formalizar activos y promover inversiones, y resalta que "las compras de divisas del banco central superaron los USD 5.500 millones en lo que va del año", lo que habría mejorado la capacidad de respuesta ante shocks externos. En ese sentido, subraya que "la Argentina sigue resistiendo bien los efectos derivados de la guerra en Medio Oriente".
Sin embargo, esos datos conviven con una realidad más incómoda: las reservas no crecen. Los dólares que el Banco Central compra se destinan, en gran medida, a pagar deuda o sostener el esquema financiero, lo que impide recomponer el stock. El resultado es un círculo vicioso donde la acumulación de divisas -clave para garantizar la capacidad de pago- sigue sin concretarse.
En paralelo, el propio FMI deja en claro el rumbo exigido. "El ancla principal seguirá siendo el equilibrio financiero en caja, consistente con un superávit primario de 1,4 por ciento del PBI este año, sustentado por un control estricto del gasto, aunque preservando márgenes para la asistencia social focalizada", indica el documento. Es decir, el ajuste fiscal continúa siendo el pilar del programa. El esquema también contempla "una estrategia de varios frentes para refinanciar obligaciones en moneda extranjera".
La misma incluye emisión de deuda en dólares bajo legislación local, venta de activos estatales y nuevos préstamos externos. Lejos de reducir la exposición, el modelo apunta a profundizar el financiamiento internacional como vía de sostenimiento. En este contexto, la Argentina consolida su posición como el principal deudor del FMI, con una deuda que ronda los USD 57.000 millones, equivalente a cerca del 35% de la cartera global del organismo.
En apenas un año, ese endeudamiento creció más de un 36%, lo que refuerza la dependencia de los desembolsos para sostener el programa económico. La urgencia es inmediata. Solo en lo que resta de 2026, el país enfrenta vencimientos por más de USD 3.600 millones, con un pago cercano de USD 805 millones en mayo. Así, el giro que celebra Caputo aparece más como un alivio transitorio que como una señal estructural de fortaleza.