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Detenida en Brasil y rehén de la grieta: el caso Páez escala entre cruces políticos y contradicciones

Mientras la Justicia brasileña demora una definición, el oficialismo y la oposición convierten el caso en un campo de batalla discursivo. La familia, en el medio.

26 Marzo de 2026 09:21
Agostina Páez

La situación de Agostina Páez, la abogada argentina condenada en Brasil por injuria racial, dejó de ser solo un expediente judicial para transformarse en un nuevo capítulo de la disputa política argentina. Con la joven obligada a permanecer en Río de Janeiro bajo monitoreo electrónico, el caso expuso algo más profundo: el uso del drama personal como herramienta de confrontación pública. El fallo del juez Guilherme Schilling Pollo Duarte frustró lo que hasta horas antes parecía un desenlace inminente. Páez, que había declarado con optimismo "Me van a dejar volver a casa", deberá esperar entre 10 y 15 días más para conocer la resolución definitiva. 

Mientras tanto, seguirá en Brasil, con restricciones y una tobillera electrónica. El giro judicial no modificó el fondo del acuerdo -una pena mínima, excarcelable mediante tareas comunitarias y resarcimiento-, pero sí alteró los tiempos. Y en política, los tiempos lo son todo. La defensa fue clara: "No entendemos qué ha pasado", señaló el abogado Sebastián Robles tras presentar un habeas corpus. En paralelo, desde el Consulado argentino explicaron que se habían ofrecido garantías para que Páez pudiera cumplir su condena en Argentina, algo que el juez consideró pero no convalidó en esta instancia.

Lo que siguió fue previsible: acusaciones cruzadas, operaciones en redes sociales y una narrativa fragmentada según conveniencias. La diputada Marcela Pagano había asegurado que actuó como "fiadora solidaria de la joven abandonada por el Gobierno", e incluso agradeció públicamente la supuesta intervención de Alberto Fernández en las gestiones para su regreso. Sin embargo, ese relato fue rápidamente cuestionado desde el propio oficialismo. La senadora Patricia Bullrich salió al cruce y denunció que tanto Pagano como el ex presidente "habrían condicionado el contacto a un agradecimiento público", algo que -según afirmó- la familia rechazó.

En sus redes sociales, la ex ministra de Seguridad señaló tras hablar con allegados de la joven: "Están desesperados. La angustia es total. Lo que ayer parecía encaminarse, hoy se aleja". Y remató con una crítica directa: "No están para especulaciones ni para juegos políticos". El canciller Pablo Quirno también quedó atrapado en la disputa. Desde el Gobierno defendieron su accionar, destacando que se trabajó de manera "sigilosa" y coordinada con la defensa. "No podemos garantizar ningún retorno, pero sí que trabajamos día a día", explicó el funcionario. Pero Pagano no tardó en responder y apuntó contra la propia Cancillería.

De hecho, la diputada libertaria apuntó contra Bullrich y respondió que fue la actitud de Quirno la que complicó el panorama. "Eso perturbó los tiempos del regreso que parecía inmediato", lanzó, en referencia a la exposición pública del caso. El cruce escaló rápidamente, con acusaciones de "show" político y reproches personales que terminaron eclipsando el eje central: la situación judicial de Páez. En el fondo, el caso pone en evidencia dos planos que chocan. Por un lado, el jurídico: una condena en un país extranjero, bajo normas distintas y con un proceso que, como explicó la defensa, no es permeable a presiones políticas externas.

Por otro, el mediático-político: un escenario donde cada actor busca capitalizar el caso, construir relato y posicionarse frente a la opinión pública. Incluso desde Brasil, la defensa de Páez fue tajante al marcar ese límite: no creen factible que "el poder judicial de Brasil sea permeable en esos temas políticos". Mientras tanto, la familia de la joven queda atrapada en una disputa que no eligió. Convertida en objeto de declaraciones cruzadas, su situación real -la incertidumbre, la espera, la angustia- aparece diluida entre posteos, acusaciones y operaciones. La prioridad debería ser una sola, tanto oficialista como de la oposición: que Páez vuelva a su casa.