Bajo un cielo azul y violáceo espectacular en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, cientos de miles de voces se alzaron en la marcha del 3 de junio convocada por el colectivo Ni Una Menos. Desde la Plaza del Congreso hasta la casa de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, la marea feminista caminó con pasos firmes y corazones enardecidos, dejando en claro que la lucha por la igualdad, la justicia y la dignidad no dará ni un paso atrás.
El aire estaba cargado de consignas escritas a mano, cada una de ellas un grito de resistencia: "Que ser mujer no nos cueste la vida", "Más que proteger a tu hija, educá a tu hijo", "No aparecen muertas, nos están asesinando". Estas frases, sostenidas con orgullo y dolor por mujeres, disidencias y también hombres cis, formaron un mosaico de demandas urgentes y verdades incómodas.
El colectivo Ni Una Menos recordó con firmeza los nombres y rostros de las 3205 mujeres asesinadas en poco más de una década en Argentina. Cada paso dado en esta marcha fue un homenaje a esas vidas arrebatadas por la violencia machista. "Cada 31 horas un varón argentino se convierte en femicida", rezaba uno de los carteles que sobresalía entre la multitud. Una verdad que incomoda pero que pone el foco sobre lo verdaderamente importante: dejar de revictimizar a las denunciantes e incluso a las víctimas fatales de femicidio por sus propias muertes o sus vivencias de abuso.
La marcha no fue un acto de memoria y de reivindicación: "Harta de que llegar a casa nos cueste la vida", decía otro de los carteles. Las calles, iluminadas por velitas violetas, vinchas multicuolores y el glitter de las adolescentes que se reunieron en las inmediaciones de la Plaza de los Dos Congresos hacía un contraste directo con el verde militar y el azul marino que portaban oficiales de Gendarmería y Policía Federal que, armados con cascos y escudos rodeaban el Palacio Legislativo... una muestra clara del protocolo antipiquetes que fundó Patricia Bullrich pero que esta vez no se puso en marcha.
El documento final leído en el acto central no dejó lugar a dudas. Ni Una Menos exigió la liberación inmediata de Cristina Fernández de Kirchner y Milagro Sala, denunciando la persecución judicial y política que ambas enfrentan: "Rechazamos la utilización del Poder Judicial como herramienta de disciplinamiento", leyeron con voz firme la cantante Cazzu y la actriz Thelma Fardín.
El clímax llegó cuando las miles de personas reunidas frente a San José 1111 alzaron sus miradas hacia el balcón donde Cristina Fernández apareció para saludarlas. En ese instante, el frío de la noche se disolvió entre los aplausos y el fervor popular. Una pantalla gigante proyectaba el mensaje "Feminismo con Cristina"; además, "Cristina Presidenta", coreaban las gargantas de las más peronistas, unidas en un mismo latido.
Otro de los puntos centrales del documento leído durante la jornada fue el rechazo contundente al proyecto impulsado por la senadora Carolina Losada sobre las supuestas "falsas denuncias". El colectivo denunció que esta iniciativa busca blindar a abusadores y deslegitimar las voces de quienes se atreven a alzar su verdad. "No hay falsas denuncias, faltan denuncias", advirtieron desde el escenario con una determinación que se replicó en cada esquina.
El caso de la niña Arcoiris fue uno de los más mencionados durante la marcha: "¡Arcoiris con su mamá ya!", gritaban las manifestantes al unísono, exigiendo justicia para la pequeña separada de su madre por decisión del Poder Judicial de La Rioja, pese a las denuncias de abuso sexual contra su agresor. Las historias como esta son un recordatorio doloroso pero necesario: aún queda mucho por hacer para proteger a quienes más lo necesitan.
Las calles fueron testigos de una jornada histórica que demostró, una vez más, que el feminismo es un movimiento imparable. "Somos el grito de las que ya no están", proclamaban muchos carteles, mientras otras pedían reflexionar: "Cómo puede ser que un país grita más fuerte un gol que una injusticia".
La marcha del 3J fue también una declaración épica de resistencia colectiva. Fue el eco de generaciones enteras que luchan por sus derechos y el rugido de quienes no están dispuestas a retroceder ni un paso más. Porque como decía otro cartel: "Nos vamos a pasar tres pueblos y muchos más".
El mensaje fue claro: no habrá paz sin justicia. No habrá silencio frente a la violencia machista ni frente a la persecución política. El feminismo es revolución, es memoria, es presente y es futuro. Porque América Latina será toda feminista. Y porque no se dejará de luchar hasta que nunca más haya Ni Una Menos.