La Libertad Avanza decidió enviar al Senado el proyecto de reforma laboral sin realizar modificaciones, cerrando la puerta al diálogo con los gobernadores que venían reclamando cambios. Esta jugada abre un nuevo frente de conflicto tanto con las provincias como con los sindicatos.
La decisión de mantener el dictamen original ha generado un terremoto político en la Casa Rosada. "Se va a definir todo en esas horas de sesión", admiten fuentes cercanas al Ejecutivo, conscientes de que el debate en la Cámara Alta será un campo de batalla donde cada voto contará.
Sin embargo, otros sectores del oficialismo advierten que "el dictamen así como está no sale", sugiriendo que las concesiones podrían ser inevitables si se busca alcanzar la media sanción.
La disputa central gira en torno al impacto fiscal de la reforma, especialmente por la reducción de las alícuotas del impuesto a las Ganancias para sociedades, un cambio que afecta directamente a los recursos coparticipables de las provincias. Los gobernadores, que ya habían expresado su malestar por la falta de diálogo, exigen escalonar esta reducción o implementar mecanismos de compensación.
Sin embargo, desde el Ejecutivo rechazan de plano estas demandas porque desnaturalizaría el espíritu del proyecto, según sostienen desde el ala más dura del oficialismo, dejando claro que no habrá lugar para negociaciones paralelas ni compensaciones extraordinarias.
El conflicto no solo se limita a los mandatarios provinciales. En el frente sindical, las aguas también están agitadas. Aunque algunos actores políticos aseguran que el texto no afectará la creación de empleo, otros advierten que el endurecimiento en materia laboral podría generar choques con los gremios, que ya ven con recelo esta reforma e incluso organizan medidas de fuerza y piden un paro general a la Confederación General del Trabajo (CGT).
La estrategia oficialista parece estar cimentada en una lectura política del poroteo en el Senado. Reabrir el debate en comisión significaría una señal de debilidad frente a los gobernadores pero también un riesgo para la cohesión interna del bloque. Por eso, La Libertad Avanza apuesta a jugar sus cartas en el recinto, confiando en que podrá administrar las concesiones necesarias para garantizar la aprobación del proyecto sin perder su esencia.
Con esta decisión, el gobierno de Javier Milei envía un mensaje contundente: no habrá espacio para dilaciones ni negociaciones que pongan en jaque los pilares de su reforma. Sin embargo, gobernadores, sindicatos y sectores opositores observan con atención los próximos movimientos del oficialismo, mientras el Senado se prepara para un debate que promete ser tan intenso como determinante para la vida de todos y todas las argentinas.