Ni siquiera los periodistas más alineados con el gobierno de Javier Milei logran maquillar lo que, a esta altura, parece indefendible dentro del gobierno libertario. Y es que Manuel Adorni intentó seguir como si nada, aferrado a su libreto habitual, pero esta vez la escena se le vino abajo: Luis Majul lo expuso sin anestesia, acompañado por otras voces que ya no disimulan la incomodidad.
Después de una conferencia de prensa que rozó lo insólito —en la que reapareció con la intención de "dar explicaciones", aunque terminó profundizando más dudas que certezas y optó por atacar a la prensa—, las reacciones no tardaron en llegar, incluso desde la propia señal oficialista.
Tanto Majul como Esteban Trebucq coincidieron en un diagnóstico poco habitual para ese espacio: lo vieron nervioso, incómodo y visiblemente desbordado en su intento de justificar lo injustificable. Un detalle no menor en un ecosistema mediático que, hasta hace poco, solía ofrecerle más contención que preguntas.
Este jueves, en su programa de radio, Majul redobló la apuesta. Y lo hizo con una precaución llamativa: leyó su descargo, como quien mide cada palabra para no equivocarse... o para que no haya margen de interpretación. El título fue directo: "El gobierno tiene que cambiar". Más claro, imposible.
"Cuanto más rápido y de manera más ordenada lo haga, mejor le irá", sostuvo, antes de apuntar sin filtros: "A lo que sea que quiso hacer ayer Manuel Adorni, le salió mal. Muy mal". Y siguió, casi con tono de advertencia: "En lugar de aclarar con datos concretos —papeles, números, detalles— cómo financió el polémico viaje de su amigo a Punta del Este, insistió en esconderse detrás de la excusa de la vida privada".
Pero lo más llamativo fue el giro discursivo: "¿Nadie le advirtió que acababa de consumar su suicidio político?", soltó Majul, dejando en evidencia una grieta interna que ya no se puede tapar ni con relato ni con trolls.
Lejos de disipar dudas, la intervención de Adorni sumó nuevas sombras: el periodista pidió explicaciones de las propiedades que aparecen fuera del radar, explicaciones que no llegan y un nivel de opacidad que contradice, de lleno, las promesas de transparencia con las que el gobierno llegó al poder.
Así, Manuel Adorni y su equipo avanzan, paso a paso, hacia ese lugar que juraron destruir: son la casta más rancia del país. Ironías de la política argentina: los que venían a dinamitar el sistema, hoy parecen estar aprendiendo rápido a moverse dentro de él.