Javier Milei reconfiguró drásticamente su gabinete, otorgando a Diego Santilli poderes sin precedentes como "superministro"; la decisión fue formalizada a través del Decreto 571/2026. Esta reestructuración se produce tras la escandalosa salida de Manuel Adorni, eyectado del cargo por acusaciones de enriquecimiento ilícito.
El Decreto 571/2026 no solo elimina el Ministerio del Interior, sino que transfiere todas sus funciones a la Jefatura de Gabinete por lo que ahora Santilli tiene la responsabilidad de coordinar las relaciones del Poder Ejecutivo con ambas Cámaras del Congreso, asegurando el "más pronto trámite de los mensajes del Presidente de la Nación que promuevan la iniciativa legislativa".
Este cambio centraliza el poder en una figura única, eliminando las "demoras" que hasta ahora obstaculizando las reformas estructurales del Ejecutivo, según reza el texto del DNU: "Más pronto trámite de los mensajes del Presidente de la Nación que promuevan la iniciativa legislativa".
Para sostener este nuevo esquema de poder, Santilli contará con el respaldo de Guillermo Devitt como Vicejefe de Gabinete y Gustavo Coria como Vicejefe de Gabinete del Interior; aquí Coria asumirá las negociaciones políticas con los gobernadores, un rol crucial que anteriormente pertenecía al Ministerio del Interior para "eliminar intermediarios" además de consolidar el control político y administrativo bajo una sola dirección.
Además, el gobierno creó nuevas Secretarías Presidenciales con rango ministerial, como la de Vocería Presidencial y la de Comunicación y Medios. Adrián Ravier y Fabián Fernández fueron designados para liderar estas áreas, respectivamente, y ya comenzaron a ejercer sus funciones según se puede ver, sobre todo, en el caso de Ravier.
La administración de Milei justifica estos cambios como "impostergables para la gestión", argumentando que son necesarios para incrementar la eficacia gubernamental ante un Congreso que sigue siendo un obstáculo para su agenda económica. Al utilizar un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) para implementar estas reformas, el gobierno evita el debate legislativo sobre la reorganización del Ejecutivo, una táctica que emplea repetidamente bajo el pretexto de la emergencia desde que llegó a la Casa Rosada.
Entre las nuevas atribuciones de Santilli se encuentra la capacidad de intervenir en la "elaboración y control de ejecución de la Ley de Presupuesto" y en la distribución de las "rentas de la Nación". otorgándole así un poder financiero significativo para sacar la mano de plomo o la mano de algodón a los mandatarios provinciales según las necesidades legislativas del oficialismo.
Con este rediseño, Javier Milei sigue apostando all in a un gobierno verticalista, donde la Jefatura de Gabinete actúa como el epicentro del poder político, preparando el terreno para una ofensiva legislativa que busca transformar el panorama económico del país de cara a 2027, año electoral por excelencia.