El fútbol argentino mezcló estrategia y rechazo popular en la fría noche en que River Plate venció a Gimnasia y Esgrima La Plata por 2-0 y determinó su pase a las semifinales del Torneo Apertura. Si bien el partido fue emocionante, quedó un registro de algo más adrenalínico: los vericuetos que realizó Federico Sturzenegger, Ministro de Desregulación de Javier Milei y declarado hincha del "Lobo".
El funcionario reapareció después del escándalo de febrero de 2024, cuando fue insultado y prácticamente expulsado del Estadio del Bosque por hinchas de Gimnasia que nos e bancaron ni un minuto su presencia. En aquella ocasión, Sturzenegger había sido invitado por Carlos Anacleto, actual presidente del club platense, pero su presencia desató una ola de cantitos, insultos y malestar que terminaron con la salida del "ministro de la motosierra" del estadio.
Sin embargo, el ministro volvió a arriesgarse pero lo hizo en el Estadio Monumental para ver a su equipo, aunque lo hizo con una estrategia digna de una película de infiltrados: Sturzenegger llegó al estadio en una camioneta Jeep, oculto tras una gorra y una campera, e ingresó por el sector visitante en un intento evidente por pasar desapercibido. La jugada, aunque calculada, no fue suficiente: su presencia no pasó desapercibida para los hinchas ni para el personal del estadio.
Pero... ¿qué hacía Sturzenegger en el Monumental, un estadio donde rige la prohibición para los hinchas visitantes en la Ciudad de Buenos Aires? La respuesta está en Gonzalo Lisarrague, empresario uruguayo-argentino y host del polémico funcionario. Lisarrague, quien preside Global Growth Organization (GGO) y lidera la fintech Nubceo con operaciones en varios países latinoamericanos, ofrendó su palco privado al ministro para observar el partido y, según trascendió, ambos comparten una relación que se remonta a sus vínculos empresariales y financieros.
Pero la presencia de Federico Sturzenegger no fue recibida con brazos abiertos porque desde el sector donde vio caer en la derrota a Gimnasia, se percibió un rechazo masivo y, aunque no hubo incidentes mayores como los del escandaloso 2024, el malestar fue evidente.