La esquina de Corrientes y Callao es fue y será históricamente, un epicentro de la cultura porteña. Allí emplazada desde hace 55 años, la disquería Zivals es un refugio para quienes encuentran en la música y los libros una forma de soñar y de conectar con mundos mejores a veces en claves post punks y otras con un sonido esclarecedor, cercano y popular. En su aniversario, la disquería tomó una decisión política: un gesto que trasciende lo estético para todos, todas y todes.... Un mural de Martín Ron que homenajea a Charly García y que, como un tatuaje urbano, quedará grabado en la memoria colectiva.
El mural, inspirado en la icónica tapa de Clics Modernos, reinterpreta la esquina neoyorquina de Walker Street y Cortlandt Alley, donde Charly fue inmortalizado en 1983, pero, más importante establece un diálogo entre dos ciudades y dos épocas. Alfredo Suhring, trabajador de Zivals, compartió con BigBang los detalles detrás de esta obra monumental y reflexionó sobre el simbolismo que encierra en un contexto político y social cada vez más adverso para la cultura popular.
"Era justamente eso, buscar algo que se pueda representar desde todos los ángulos", cuenta Alfredo al referirse a la decisión de crear un mural para conmemorar el aniversario de Zivals. La idea surgió del dueño del local, Fernando Laviz, aunque Alfredo propuso intervenir el espacio: "Me pareció que la disquería estaba demasiado prolija, demasiado europea, muy pulcra... quería rockearla un poquito", recuerda contundentemente.
La inspiración llegó de manera inesperada: "Pasé por la calle Córdoba y vi una obra de Ron —una niña con un globo metálico muy hermoso—. Me conmovió terriblemente y dije: 'Bueno, no importa qué se haga, lo tiene que hacer Ron'".
Así fue como Martín Ron, considerado uno de los mejores muralistas del mundo, se sumó al proyecto. La elección de Clics Modernos como tema central -un disco publicado en el '83, año del retorno a la democracia en Argentina- no fue casual: "Representa muchísimos momentos de nuestra historia. Charly es parte de la historia, lo sabemos todos. La idea era poder celebrar estos 55 años con algo que se note, algo con peso", explica Alfredo.
Trabajar con Ron fue una experiencia transformadora para Alfredo: "Conocerlo a Ron fue una cosa maravillosa, porque él es un ser maravilloso, es una persona supercálida", afirma con admiración y ternura. Durante los 20 días que duró el proceso creativo, Alfredo tuvo el privilegio de observar de cerca al artista y a su equipo: "No es solo él; el equipo que armó es gente supercreativa, profesional y cálida. Se nota que la tienen re clara. Hacen las cosas no solo con amor —que creo que es el combustible—, sino con mucho profesionalismo; ves devoción en el trabajo".
Ron y su equipo entraban en "una especie de trance", recuerda Alfredo mientras trabajaba en los detalles del mural: "Lo he visto trabajar horas en la cara de Charly con un pincel muy pequeño. El tipo se sentaba ahí... Yo estaba maravillado porque decía: 'No podés estar tanto tiempo en el detalle, en el detalle milimétrico'", expresó dejando muy claro que este nivel de devoción y sensibilidad se traduce en una obra que embellece la histórica esquina al mismo tiempo que invita a reflexionar.
Es que la esquina de Corrientes y Callao es un espacio donde convergen historias humanas. Hace un año, Alfredo compartió en redes sociales una publicación sobre las personas en situación de calle que solían dormir allí. Hoy reflexiona sobre cómo ha cambiado —o no— esa realidad: "No tengo dudas de que se profundizó. Lo que pasa es que no se ve más acá... Básicamente los hacen circular".
Para Alfredo, este desplazamiento no es una solución real: "No creo que esté mejor la situación; todo lo contrario. Te alejás un poco y la gente siempre está. No está acá, pero para mí no mejoró en absoluto; de hecho, creo que se agravó", dijo sobre la crisis social que sigue golpeando fuerte, mientras las políticas públicas parecen enfocarse más en ocultar el problema que en resolverlo.
En este contexto, Alfredo no duda en señalar el impacto del actual clima político en la cultura popular que, para él, responde a una estrategia más amplia: "Me parece que se trata un poco de desunir. Sabemos que la cultura nos alinea... Siempre se ataca la cultura porque da la posibilidad de soñar, de volar, de reenergizar a los humanos".
En tiempos donde los discursos ultraderechistas ganan terreno y figuras como Javier Milei promueven políticas que desfinancian la cultura y desarticulan los espacios colectivos de creación artística y organización social, iniciativas como el mural de Charly García adquieren una dimensión profundamente política: "El arte es como el combustible para todos nosotros: la música, la literatura, los murales hermosos... Nos hacen bien, nos dan esperanza", reflexiona Alfredo.
El mural culmina con una frase icónica: "No bombardeen Buenos Aires". Según Alfredo, esta elección fue fruto de una conversación entre Fernando Laviz y Martín Ron: "Me parece que tiene un significado plural; cada uno lo va a interpretar como quiera, pero yo creo que es un acto político", asegura.
"La ciudad de la Furia", había apodado Gustavo Cerati a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y algo de eso hay en este conglomerado atestado de historias, sueños, luchas colectivas que se entremezclan con el smog, las calles, las lucecitas de los autos y el tiempo que siempre parece correr para atrás. Es esta la misma ciudad que ahora conmemora al gran Charly García. "Lo mejor de todo esto es que la gente levanta la cabeza y sonríe", dice Alfredo Suhring emocionado y encierra así una gran verdad: en medio del caos cotidiano, esta esquina ahora ofrece un respiro, una chispa de belleza que recuerda por qué vale la pena seguir soñando con un mundo mejor.