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Anita Dimita reflexionó tras Love Is Blind: "Quien esté libre de migajas, que arroje la primera piedra"

En diálogo con BigBang, la participante recordó su historia con Chapa.

27 Julio de 2026 12:13
Anita Dimita

Hay historias que terminan antes de llegar al altar, pero que dejan marcas mucho más profundas que un "sí, quiero". Porque no todas las búsquedas de amor terminan en un casamiento... algunas terminan convirtiéndose en una lección sobre los propios límites, el respeto y la capacidad de volver a empezar: eso fue, en gran parte, el camino de Anita Dimita en la segunda temporada de Love Is Blind Argentina, una participante que logró conectar con el público por su sensibilidad, su honestidad y la forma en la que decidió priorizarse cuando entendió que el amor, por sí solo, no alcanzaba.

En diálogo con BigBang, Anita repasó desde su vida antes del reality hasta la repercusión que tuvo el programa, su historia con Gabriel "Chapa", la aparición de Lucila en medio de la relación, las polémicas posteriores, el reencuentro, el apoyo que recibió de Wanda Nara y los aprendizajes que le dejó una experiencia que, aseguró, volvería a vivir.

El fenómeno que generó la segunda temporada todavía la sorprende: "Es toda una locura. Obviamente, una sabe que entra a un programa que después va a salir por Netflix, pero no dimensionás la repercusión. Una cosa es cómo vivís vos la experiencia antes de que salga al aire y otra completamente distinta es cómo impacta en quienes lo ven", comenzó y contó cómo es su experiencia: "En mi caso, recibí muchísimo cariño. Hay una cantidad de gente tan amorosa que me siento muy agradecida. Ahora también empezó a pasar algo que al principio no ocurría: la gente me reconoce en la calle. Y lo más lindo es ver la felicidad con la que lo hacen. Ellos se ponen contentos al verme y yo me pongo feliz de ver la cara que ponen cuando me saludan. Terminamos festejando juntos y eso me parece hermoso".

Anita Dimita en la segunda temporada de Love Is Blind Argentina

Antes de convertirse en una de las caras más reconocidas de Love Is Blind Argentina, llevaba una vida completamente alejada de las cámaras. Repartía sus días entre un trabajo en relación de dependencia y las terapias holísticas, una actividad que sigue desarrollando y que forma parte de su identidad: "Me dedico a dos cosas: trabajo en una empresa de monitoreo de medios y, además, hago terapias holísticas. Soy consteladora familiar, astróloga y también leo el tarot. Mi rutina era bastante normal: me levantaba, viajaba en tren o colectivo para ir a trabajar, algunos días hacía home office y después seguía con mis actividades".

Su llegada al programa fue casi impulsiva. Ya conocía el formato estadounidense y, cuando se enteró de que habría una segunda edición argentina, decidió probar suerte: "Lo pensé literalmente dos minutos y dije: 'Bueno, mando el videíto. Que sea lo que Dios quiera'. Después vinieron entrevista tras entrevista hasta que finalmente quedé".

La decisión de anotarse, explica, tuvo que ver con una convicción muy concreta y es que hoy conocer gente no resulta sencillo: "Yo creo mucho en el formato. Además, me venía pasando algo que siento que nos pasa a muchos: conocer gente hoy está complicado, el mercado esta difícil. Probás con aplicaciones, con actividades, con grupos de running, con pádel, con eventos... y muchas veces no funciona. Entonces pensé: '¿Por qué no probar de otra manera?'. Lo interesante del programa es que te da la posibilidad de conocer personas con las que probablemente nunca te cruzarías por una cuestión geográfica, de edad, de hábitos o de estilo de vida. Eso me parecía muy atractivo".

 

Cuando recibió la confirmación de que había sido seleccionada, apenas pudo compartir la noticia con un círculo muy reducido debido al contrato de confidencialidad: "Las primeras personas que lo supieron fueron mi hermana y mi mejor amiga. Mi mejor amiga seguía el programa y desde la primera temporada me decía: 'Vos tenés que estar ahí'. Así que cuando le conté que había quedado fue una emoción enorme. Todas las personas a las que se lo fui diciendo reaccionaron muy bien. Todos estaban felices por mí".

Anita reconoce que llegó al experimento con mucha ilusión, aunque sin la presión de casarse a cualquier costo: "No me daba miedo volver sola. No te voy a negar que, después de todo lo que pasó, hubo frustración y un duelo por la ilusión que tenía. Pero antes de entrar iba muy ilusionada, sentía que ya había probado un montón de formas de conocer gente y quería creer que esta podía ser distinta. En mi caso nunca sentí que tenía que casarme porque sí o para cumplir un mandato. Lo vivía desde otro lugar".

Su forma de vivir el amor siempre fue intensa, pero con los pies sobre la tierra: "Soy muy enamoradiza. Cuando era más chica me enamoraba de todo el mundo, con los años no sé si me fui acorazando o simplemente aprendí a ser más selectiva. Hoy siento que ya no me engancho tan rápido. Obviamente siguen existiendo esos momentos en los que una acepta migajas. Siempre digo una frase nueva que me encanta: 'Quien esté libre de migajas, que arroje la primera piedra'. Creo que por eso mucha gente empatiza conmigo. Porque todos estuvimos alguna vez en ese lugar".

 

Anita llegó a Love is Blind porque se le estaba haciendo difícil conocer a alguien

La experiencia que vivió en Love is Blind tampoco cambió su mirada sobre los vínculos y sigue con ganas de conocer a un compañero: "Yo quiero volver a sentir eso que sentí muy pocas veces en la vida. Creo que el amor realmente profundo aparece dos o tres veces, con suerte. Estoy esperando que vuelva a pasar con alguien que esté disponible, que quiera construir algo y también seguir trabajando en mí porque sé que tengo cosas para mejorar".

La conexión con Chapa apareció prácticamente desde el primer encuentro dentro de las cabinas y fue creciendo de manera natural: "Hubo una chispa desde la primera cita. Fue muy especial porque yo fui su primera cita del primer día y él fue mi primera cita también", recordó y siguió: "Tiene un sentido del humor increíble y nos reíamos muchísimo. A mí siempre me pasó que necesito que mi pareja tenga tanto humor como yo. Con él esa conexión apareció muy rápido y eso hizo que todo avanzara mucho más rápido que con el resto", además confesó que busca ser mejores amigos en una pareja, donde no tenga que buscar la diversión en otros vínculos.

Esa conexión no tardó en transformarse en una de las historias más fuertes de la temporada. Tras las citas a ciegas, Anita y Chapa aceptaron comprometerse sin haberse visto cara a cara, viajaron a la luna de miel en Puerto Escondido, México, y luego regresaron a Buenos Aires para convivir durante la última etapa del experimento. Sin embargo, cuando la relación parecía consolidarse, apareció un nuevo foco de conflicto: Lucila, otra de las participantes del reality, retomó el contacto con Chapa a través de mensajes mientras él todavía estaba construyendo su vínculo con Anita. Ese triángulo terminaría marcando el destino de la pareja.

 

Anita, en Love is Blind: "Quien esté libre de migajas, que arroje la primera piedra"

Aunque imaginaba que podía llegar la propuesta de matrimonio, nunca dejó de conservar cierta cautela: "En algún punto me la imaginaba. Pero siempre fui muy consciente de que recién estábamos empezando a conocernos. Yo estaba muy ilusionada, tenía muchas ganas de conocerlo más y de seguir avanzando. Pero nunca perdí esa parte racional que me decía: 'Pará, todavía faltan un montón de cosas por descubrir de esta persona'".

La edición mostró lo fuerte que era ese vínculo y ella asegura que así también lo vivió: "Sobre todo durante la etapa de las cabinas estaba muy enganchada. Chapa fue, por lejos, la conexión más fuerte que tuve. Lo que sentía por él estaba muy por encima de cualquier otra conexión. La segunda persona con la que tenía afinidad era Walter, pero nunca pensé: 'Si no me elige Chapa, me voy con Walter'. Para mí no funcionaba así. Si Chapa no me elegía, yo me volvía sola".

Anita en las cabinas de Love is Blind

Todo cambió cuando apareció un tercer nombre: Lucila. "Fue recién sobre el final de las cabinas. Nosotros ya llevábamos varias citas y, de repente, él me cuenta que también tenía una conexión con Lucila. Fue un baldazo de agua fría porque no estaba dentro de mis cálculos, ahí aparecieron todas mis inseguridades. Cuando llegó el momento de la propuesta, obviamente yo quería que pasara, pero también tenía la duda de si todo eso podía cambiar de un momento para otro".

Durante esa etapa decidió preservar su historia y evitar condicionarse con lo que sucedía alrededor: "Yo prefería no contar demasiado porque no quería condicionar a nadie. Sentía que mi conexión era algo íntimo. Y, al mismo tiempo, tampoco quería escuchar que otra chica estuviera conectando con la misma persona porque sabía que eso podía influirme".

 

En Love is Blind, Anita conectó con Chapa desde la primera cita

También reconoce que dentro del programa convivieron la competencia y la sororidad: "Se terminaron armando dos grupos bastante marcados... Hubo personas que vivieron todo desde un lugar más competitivo, pero también vi situaciones de muchísima sororidad... Eso pasó dentro del programa y me parece importante decirlo".

Según contó Anita, los grupos más que por afinidad ya se armaron según cómo viajaron en el avión, ya que el programa se grabó en México. Esa división entre mujeres no logró ocultarse ni con las mejores ediciones de Netflix.

 

Chapa en las cabinas de Love Is Blind

 

 

Tras separarse de Anita, Chapa oficializó su noviazgo con Lucila

Las primeras señales de que algo no estaba funcionando aparecieron de manera muy sutil: "Es difícil porque las red flags, cuando estás enamorada o muy ilusionada, muchas veces no las ves. Por ejemplo, me acuerdo de una carta del tarot que salió vinculada con Sagitario y otra del oráculo que decía 'Hora de marcharse'. Hoy me río porque parecían avisos muy claros y yo elegía no verlos".

Desde el comienzo tenía muy claro qué aspectos no estaba dispuesta a negociar: "Yo tenía tres límites muy claros desde el primer día. El primero era que nadie descalificara quién soy ni lo que hago. El segundo tenía que ver con el respeto dentro del vínculo. Y el tercero era aceptar que yo vengo con un combo muy importante: mis tres gatos. Esas eran las cosas que para mí no eran negociables", contó y dijo que se lo transmitió a Chapa desde la primera charla.

El verdadero quiebre llegó cuando sintió que Chapa seguía alimentando su vínculo con Lucila mientras todavía intentaban construir la relación: "Después del asado, donde nos reencontramos con otros participantes, lo que me molestó fue que, mientras me decía que estaba confundido, seguía alimentando el vínculo con Lucila. Ahí sentí que no tenía sentido, era como querer estar en dos lugares al mismo tiempo. Ese fue el verdadero punto de quiebre".

Incluso hoy cree que existía una posibilidad de seguir juntos si él hubiera tomado otra decisión. "Si él me hubiera dicho: 'Tenés razón. Voy a dejar de hablar con Lucila y primero voy a apostar por nosotros. Si esto no funciona, después veré qué pasa', probablemente hubiéramos seguido un poco más. Pero eso no ocurrió".

 

Cuando llegó la prueba del vestido de novia, ambos ya sabían que la historia no tenía futuro: "Yo igual quería vivir ese momento porque había llegado hasta ahí y quería tener esa experiencia. Pero los dos sabíamos que no tenía sentido seguir adelante... Después, cuando le leí la carta tras la prueba del vestido, ya fue una decisión completamente mutua".

Desde la primera cita, Anita Dimita le explicó a Chapa cuales eran sus límites

Con el programa ya grabado y el paso del tiempo, aparecieron nuevos chats y conversaciones. Anita explicó que lo que más le dolió fue sentir que había dejado de ser cuidada: "Más allá de que esto sea un reality y después exista una edición, hay cosas que realmente pasaron. No había nada guionado... Cuando decidí poner un límite, sentí que del otro lado ya no me estaban cuidando".

Chapa terminó pidiéndole disculpas, aunque ella no logró sentirlas sinceras: "La primera vez fue cuando yo lo saludé para su cumpleaños... Pero, siendo completamente sincera, en ese momento no sentí que esas disculpas fueran genuinas... Sentía que todavía no entendía cuál había sido realmente mi reclamo". El contacto entre ambos, desde entonces, fue mínimo: "Él me saludó para mi cumpleaños... coincidimos en un cumpleaños al que él fue con Lucila... Más adelante empezamos a hablar un poco cuando ya sabíamos la fecha de estreno del programa. Pero siempre fueron conversaciones grupales".

Con el correr de los meses sintió que él intentaba adelantarse a las repercusiones que vendrían: "Yo sentía que había mucho intento de atajarse... En un momento le dije directamente: '¿De qué te estás atajando? Si tenés algo para decir, este es el momento'". Después de escuchar entrevistas recientes cree que Chapa terminó comprendiendo su dolor: "Hace pocos días escuché dos entrevistas suyas y, por primera vez, sentí que entendió realmente qué era lo que me había dolido".

En aquellas notas, quien supo ser su comprometido la calificó como la "más falsa" de Love is Blind, pero Anita eligió apoyarse en quienes la conocen desde siempre: "Nunca nadie me describió como una persona falsa. Al contrario, creo que lo que más valoran de mí es justamente que soy auténtica. Que no sé caretearla", dijo y confesó que aquellas criticas se las tomó como de alguien que no la conoce y la puede criticar en redes. Tampoco cree que el conflicto tenga que ver solamente con la edición del programa: "No salió al aire nada que él no hubiera hecho. Así como de mí habla que migajeé, de él hablan las decisiones que tomó".

Durante el capítulo del reencuentro encontró un apoyo inesperado en Wanda Nara, conductora junto a Darío Barassi: "Sentí que me sostuvo todo el tiempo. Había momentos en los que me miraba como diciéndome: 'Estoy con vos'. Incluso me tomó de la mano... También me dijo que muchas personas tenían que aprender de mi manera de reaccionar. Eso quizá no salió al aire, pero para mí fue muy importante. Y Darío también me dijo cosas muy lindas".

Respecto a Lucila, evitó catalogarla en el rol de "Tatiana", aunque sí cuestiona la forma en la que se dieron los hechos: "Para mí no es una Tatiana... Ahora bien, más allá de eso, yo sí creo que, si hubiera estado en su lugar, no me habría acercado a alguien que todavía estaba en una relación. Por respeto... Creo que hubo una desubicación de ambos. Más de Chapa, porque era quien tenía el compromiso conmigo. Pero también siento que faltó un poco de sororidad y de empatía".

Entre las amistades que le dejó el programa destaca especialmente la relación con Carolina Vocos: "Caro fue mi primera amiga dentro del experimento... Ella tiene diez años menos que yo y, de alguna manera, me hace acordar mucho a cómo era yo hace diez años. Siento que la adopté como una hermana menor". Esa cercanía también explica por qué suele defenderla públicamente: "Yo tuve mucho tiempo para procesar mi historia... En cambio, Carolina tuvo muchísimo menos tiempo para procesar la separación... Por eso la entiendo tanto", se refirió a la caótica separación tras el experimento.

Pese a todo lo vivido, no se arrepiente de haber participado en Love is Blind: "Sigo creyendo en el amor y volvería a vivir toda la experiencia. No me arrepiento de haber participado. Más allá de todo lo que pasó, aprendí muchísimo sobre mí. Aprendí que, cuando realmente tengo que poner un límite, puedo hacerlo... Y siento que eso me hizo crecer muchísimo como persona".

Anita Dimita explicó que la unió a Carolina Vocos

Hoy también empieza a imaginar un futuro vinculado a la comunicación: "Sí, me encantaría", contestó a la pregunta de si desea seguir en los medios y continuó: "Hace poco estuve en Luzu y me di cuenta de lo mucho que disfruto comunicar. Me gustaría trabajar en medios, pero en un lugar descontracturado... donde mi personalidad pueda aportar algo sin tener que dejar de ser quien soy". 

Sin abandonar, claro, el universo de las terapias holísticas: "Quiero seguir con eso. Quizás deje un poco las sesiones individuales para dedicarme más a talleres o actividades grupales. Siento que ese formato también me representa mucho".

Quizás ese sea el mayor aprendizaje que le dejó Love Is Blind: descubrir que el amor también consiste en saber irse cuando deja de haber reciprocidad. Anita Dimita no encontró el final feliz que imaginaba al entrar al experimento, pero sí algo igual de valioso: la certeza de que poner límites también es una forma de quererse. Y, lejos de perder la fe, sigue convencida de que todavía queda una historia por escribir.