La historia de Brian Villalba, con 29 años, parece salida de una novela romántica moderna. Durante años llevó una vida marcada por la rutina: oficina, familia, amigos y asados de fin de semana. Nunca imaginó que un casting al que llegó casi por casualidad terminaría cambiando su destino. Mucho menos que, detrás de una pared que le impedía ver a la otra persona, encontraría a Wanda González, la mujer con la que hoy, a casi un año después de haber grabado Love Is Blind Argentina, continúa casado.
Mientras las demás parejas fueron quedando en el camino, ellos demostraron que, a veces, el amor también puede sobrevivir cuando se apagan las cámaras.
En diálogo con BigBang, Brian habló sobre cómo decidió anotarse en el reality de Netflix, qué lo convenció de vivir una experiencia tan extrema, cómo atravesó el regreso a la vida cotidiana y de qué manera cambió su vida tras convertirse, junto a Wanda, en la única pareja de la segunda temporada que sigue apostando al matrimonio.
Antes de ingresar al experimento, Villalba llevaba una vida completamente alejada de la exposición pública. Trabajaba -y todavía trabaja- como tesorero en una oficina, disfrutaba de compartir tiempo con su familia y sus amigos, y jamás había imaginado formar parte de un show tan popular: "Brian, antes de Love Is Blind, era un pibe que iba a trabajar todos los días. Y ahora también sigo trabajando. Soy muy familiero, muy de juntarme con amigos, de hacer asados en casa y agasajarlos. Ese soy yo", se presentó.
Incluso, para poder participar del programa tuvo que pedir una licencia laboral de dos meses sin revelar el verdadero motivo: "No podía contar mucho. Pedí la licencia por cuestiones personales. Siempre tuve muy buena relación con la gente del trabajo y hubo muy buena predisposición de parte de ellos. No di demasiados detalles, pero se coparon y me dieron los meses que necesitaba para poder vivir la experiencia".
Lo más curioso es que nunca había visto Love Is Blind. Fue la novia de un amigo quien le habló del casting mientras estaban de viaje en Mar del Plata para correr una carrera: "Fue tremendo. Justo estaba de viaje con amigos en Mar del Plata porque íbamos a correr una carrera de diez kilómetros. La pareja de mi mejor amigo, que es más o menos influencer, se enteró de que estaba abierto el casting para la segunda temporada y me dijo: 'Anotate, Brian, vas a conseguir pareja'. En ese momento hacía dos años y medio que estaba soltero. Yo ni siquiera había visto la primera temporada, no sabía de qué se trataba el programa. Igual me anoté".
Recién cuando avanzó en las entrevistas empezó a mirar algunos episodios, aunque decidió no terminar la temporada para no condicionarse: "Vi algunos capítulos mientras hacía el casting, pero tampoco quise mirar toda la temporada porque no quería condicionarme. Prefería vivir la experiencia sin compararla con la de otras personas".
Cuando le confirmaron que había quedado seleccionado, la sorpresa también fue para su entorno: "Hice una reunión en casa con mis hermanos y mi papá y les dije que iba a participar. Para ellos fue una sorpresa total porque yo era todo lo contrario a la imagen de alguien que entra a un reality. Mi vida era muy rutinaria y son muy tímido, jamás se lo hubieran imaginado".
Aunque algunos amigos le advirtieron que su vida podía cambiar para siempre, nunca dudó de la decisión: "Me decían que mi vida podía cambiar mucho, que iba a exponer cuestiones muy personales y también a mi familia. Eso fue lo único que realmente me hizo reflexionar, pero era algo que ya tenía asumido".
Ya dentro del experimento, las primeras jornadas no fueron sencillas. Su personalidad introvertida le jugó una mala pasada y hasta la producción tuvo que intervenir: "Las primeras citas me costaron muchísimo porque soy muy introvertido y muy vergonzoso. De hecho, hay una escena en la que aparezco parado en la cabina. Eso me pasó durante todas las primeras citas. Entraba y no podía sentarme de los nervios, caminaba de un lado para el otro. Hasta la producción me dijo: 'Necesitamos que te sientes porque no tenemos una sola imagen tuya sentado'".
Con el correr de los días apareció la conexión con Wanda, una historia que terminó imponiéndose por sobre cualquier otra posibilidad: "Con Wanda sentí una conexión mucho más profunda, compartíamos muchas formas de pensar, sobre todo en relación con la familia. Cuando ella me contó su historia familiar, conecté muchísimo con eso. También me transmitía mucha seguridad y mucho respeto".
Uno de los momentos más comentados de la temporada fue cuando una amiga de Wanda le dijo que ella quería ser famosa. Brian reconoció que aquella frase le despertó dudas, aunque nunca por un tema de exposición: "Más que nada fue una alerta. Mi duda era saber si realmente estaba ahí para enamorarse o si el objetivo era hacerse famosa. Para mí era muy importante hablarlo porque siempre prioricé la comunicación".
Y agregó: "No era un problema que quisiera ser conocida. Mi preocupación era saber si realmente quería construir una relación. Después de hablarlo, esa duda desapareció completamente".
El verdadero desafío llegó cuando terminaron las grabaciones y tuvieron que volver a una vida completamente normal: "Uno sale del experimento viviendo todo con muchísima intensidad. Estás completamente enfocado en tus emociones, en el vínculo, en mostrar quién sos. Y de golpe volvés a la realidad: tenés que ir a trabajar, hacer las compras, seguir con tu rutina. Ese cambio genera un shock importante".
Lejos de dejarse llevar por la intensidad del programa, ambos decidieron no convivir inmediatamente y construir la relación paso a paso, aunque estén casados legalmente porque es parte del cierre de Love is Blind: "Preferimos hacer una vida de novios, conocernos un poco más y dejar que las cosas sucedan de manera natural. Nuestro objetivo sigue siendo convivir en algún momento y tener un lugar en común, pero queremos que pase porque los dos lo elegimos y no porque el experimento nos llevó a eso".
La repercusión tampoco alteró demasiado su manera de ser. Brian confesó que evita leer comentarios para cuidar su salud mental: "No estoy pendiente de las redes ni de las publicaciones. Me quedo con Instagram y hasta ahí. Incluso cerré Twitter porque me dijeron que era una red bastante violenta y preferí no entrar. En estos primeros momentos quería cuidar un poco mi cabeza y enfocarme en la gente cercana".
Con el paso de los capítulos, también sintió que muchos prejuicios fueron desapareciendo: "Creo que al principio hubo muchos prejuicios. A mí me veían como una persona muy fría o muy tímida porque no demostraba tanto mis sentimientos. Y a Wanda la juzgaban por superficial. Con el tiempo la gente pudo conocer un poco más cómo somos realmente y entender por qué estamos juntos".
Hoy, ser la única pareja que continúa casada no representa una presión, sino una consecuencia natural del vínculo que construyeron: "Orgullo, sí. Presión, la verdad es que no. Nosotros siempre confiamos mucho en nuestro vínculo y en que, mientras los dos sigamos eligiéndonos todos los días, las cosas van a funcionar".
Pero si hay una frase que resume todo el camino recorrido desde aquel casting improvisado hasta el presente, es la que Brian utiliza para describir el lugar que ocupa Wanda en su vida: "No diría que me cambió, sino que me mejoró. Esa es la palabra que mejor define lo que significó haber conocido a Wanda".
En un formato que suele estar atravesado por las dudas, las rupturas y las críticas, Brian Villalba encontró algo que no esperaba: una compañera de vida. Su historia demuestra que, más allá de la edición, la exposición y la repercusión de un reality, el verdadero experimento comienza cuando se apagan las cámaras. Y, al menos hasta ahora, él y Wanda González siguen eligiéndose todos los días.