En un presente atravesado por la velocidad, los vínculos fugaces y la comunicación instantánea en las redes sociales, la actriz Coni Marino se sumerge en un proyecto que parece ir a contramano del tiempo: "Nicandro y Alda", una obra que reconstruye una historia de amor a través de cartas que viajan durante décadas por la geografía argentina. En diálogo con BigBang, íntimo y sin filtros, la artista y docente reflexiona sobre el proceso creativo, el presente cultural que atraviesa el país y el valor de sostener, en todos los sentidos. "Fue muy hermosa", resume de entrada sobre su primer encuentro con el material de la obra que se estrenó el 11 de abril.
Y enseguida revela su método personal: "Yo tengo un termómetro privado. A mí cuando me acercan un material, me preparo un matecito, un rincón, y lo leo con tiempo... me fijo qué me pasa en la piel". La respuesta fue inmediata: "Me estremeció, me conmovió... me dio un lagrimón y el chuchito agradable que sucede cuando algo te conmueve". Sin embargo, el verdadero desafío estaba por comenzar. La obra -escrita por Amancay Espíndola y dirigida por Virginia Lombardo- partía de un material profundamente literario. "Era muy bello, pero también era un poco literario", explica Marino.
Y agrega la gran pregunta que atravesó los ensayos: "¿Cómo hacemos esto? ¿Cómo ponemos esto dramáticamente, alegremente, vitalmente en escena, sin quedarnos parados leyendo?". La respuesta llegó desde la dirección y el trabajo colectivo. "La felicidad que me dio ver que sí podía plasmarse sumándole cuerpo, emoción, voz... darle encarnadura a ese material", cuenta. Y advierte: "Mal dirigido, hubiera quedado hasta un poco frío. Hubieran sido personas paradas leyendo". De hecho, uno de los ejes más potentes de la obra es el contraste entre el pasado y el presente.
Allí donde hoy reinan los mensajes instantáneos, "Nicandro y Alda" recupera el tiempo largo de la carta. "Pensá en alguien que escribe una carta, que sabe que va a llegar en 25 días después, la palabra condensando sentires... todo lo contrario a la velocidad en la que estamos", reflexiona la actriz. Y va más allá: "La velocidad de la comunicación no aporta profundidad. Aporta frivolidad, me atrevo a decir". En ese sentido, la obra propone una idea tan simple como incómoda: sostener. "Creo que es una obra que va de eso, de cómo sostenían el amor... El amor lo sostenés o no lo sostenés".
Lejos de la idealización, aclara que no se trata de una historia edulcorada: "Los personajes sufren... no paran de separarse". Pero justamente allí radica su potencia. "Hay algo muy para quedarse en el corazón tibio... una decisión de sostener un vínculo", remarca. Además de la historia íntima, la obra funciona como una radiografía sensible de la Argentina. Ijncluso, para Coni se trata de un espejo. "Sí, me parece que sí", responde Marino cuando se le pregunta si la pieza refleja al país. Habla de distancias, trenes, migraciones y desarraigos: "Es un país enorme, inabarcable... los cambios políticos abruptos interpelando nuestras vidas inevitablemente".
Y conecta esa historia con la identidad de cada uno de nosotros: "Somos hijos de la familia, de los ancestros, de la clase social, también del momento histórico y del país". Incluso su formación en sociología -que retomó años después de dejarla- se cuela en su trabajo actoral: "Tener más data académica te conduce, te orienta, te contextualiza". Y lo ejemplifica con una investigación minuciosa sobre fábricas de alpargatas en los años 40, que terminó redefiniendo su personaje.
Lo cierto es que durante la entrevista con este medio, la actriz no esquivó el contexto actual. Consultada por la situación de la cultura, Marino fue contundente: "Creo que dijiste la palabra mágica, fea: golpear. Creo que es eso. Creo que se la golpea mucho". Y con una metáfora cruda, describió el último tiempo: "El año pasado, si tengo que ponerlo metafóricamente, voy a decir una mala palabra, pero me gusta en este contexto, nos cagaron a palos".
Y añadió: "Como si alguien sube al ring, el otro no sabe boxear, y le dan para que tenga y reparta, y le dicen ´¿vos tenías todo esto para sostenerte? Te saco los bordes del ring, no te doy guantes y te cago a sopapos. Y lo he hablado con otros compañeros que sienten lo mismo". Sin embargo, lejos de la resignación, aparece una respuesta colectiva: "El artista escénico y el artista argentino en general es un ave fénix. Se sacude el polvo, se levanta y dice ´ok, a ver, vamos a dar pelea´".
En ese sentido, la artista advierte que este 2026 lo siente diferente. "Este año siento como una furia positiva de 'voy a hacer igual, voy a hacer como sea'. No me vas a ganar, no me vas a cazar, no me vas a cerrar los espacios, porque el año pasado fue muy fuerte lo que pasó con el Inca, con el Inti, con los subsidios, con las ayudas, con las salas que tuvieron que cerrar, con la gente, conozco más de uno sin dar nombres, que empezó a manejar Uber. Y eran actores con tremenda trayectoria que se sostenían con su trabajo, porque cuando uno piensa, cuando la gente piensa en actores, capaz piensa en las figuras. Pero los de sdegunda línea nos la pasamos remando", cuenta.
Y detalla: Muchas de esas personas están haciendo Uber, pero no dejan de hacer. Y este año es como si hubiéramos levantado porque es una pulsión también identitaria, muy feroz, que hasta te da ganas de revelarte contra eso. "El daño es enorme", insiste. Pero también destaca la resiliencia del sector: "Mi teoría es que en estos tiempos de caos y de dolor, lo que resurge de las cenizas es aún más potente, es más vibrante, es complicado. Yo a esta altura no pongo plata para hacer teatro, pero gano muchísimo menos. Pero doy clases, y a mí me va bien dando clases y amo dar clases, o sea, que a mí se me arma una ecuación divina".
En ese sentido y pese al maltrato explícito que recibieron artistas particulares y la cultura en general durante este último tiempo, Coni se anima a hablar "de una fortaleza, de una sensación de salir con los tapones de punta" este 2026. "Vos no me vas a doblar el brazo, estoy un poco más pobre, pero la llamita interior, te estoy hablando del teatro independiente, de los proyectos chiquitos audiovisuales. Lo que pasa que igual el daño es enorme, porque cerrar subsidios hace que algunas obras no se puedan poner de pie, ¿Entendés? La Argentina no solo es el tango, es el teatro independiente. Es una industria cultural que mueve capitales, ingreso de dólares, posicionamiento cultural en el mundo. Lo que ha hecho esta administración que estamos padeciendo es horadar y es una pésima idea", destacó.
En ese contexto, el teatro independiente ocupa un lugar central en su vida. "Es un terreno que adoro, que no quiero soltar", afirma. Allí encuentra libertad creativa, riesgo y exploración: "Te permite animarte a códigos más poéticos, más extrañados... eso es necesario porque nos abre a futuros posibles". Y en el caso de "Nicandro y Alda", esa búsqueda se traduce en una experiencia que trasciende lo escénico. "La gente sale y se acuerda de los abuelos... hay una enorme ternura", describe.
Sobre lo que espera provocar en el público, Marino no duda: "Una enorme ternura". Pero también algo más profundo: "Nadie es hijo de un repollo, somos hijos de mucho sacrificio". En tiempos donde todo parece efímero, la obra propone una pausa. Una mirada hacia atrás para entender quiénes somos. Porque, como dice la propia Coni Marino, y como resuena en cada escena cada vez que ella se sube al escenario: "El amor se sostiene o no se sostiene".