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Del horno al arte con escalas

Migrante, latino y en el Super Bowl: la historia del argentino que diseñó la casita de Bad Bunny

En un contexto de persecución migrante y discurso duro de Trump y el ICE, su trabajo se convirtió en un gesto de identidad y resistencia latina.

10 Febrero de 2026 11:10
Casita de Bad Bunny

Entre el vértigo de perseguir los sueños y la crudeza de reinventarse cuando todo se cae, hay historias que parecen improbables pero suceden. La de pasar de amasar empanadas para sobrevivir a una crisis a ver tu obra reproducida ante millones en el evento más visto del planeta habla de resiliencia, de identidad y de esa obstinación casi romántica de quienes se animan a crear incluso cuando el escenario es hostil. En tiempos de incertidumbre, el arte —a veces— encuentra su lugar en los márgenes menos pensados, incluso en el corazón del Súper Bowl.

Esa es la historia de Federico Laboureau, que dialogó con BigBang desde Los Ángeles, la ciudad que lo recibió hace más de una década y que hoy, según confiesa, ya no representa aquel sueño americano que alguna vez persiguió. Director de arte, creativo, migrante latino y recientemente gastronómico por necesidad, su historia condensa éxito, crisis, reinvención y una mirada cruda sobre la industria audiovisual, la política estadounidense y la identidad latina en tiempos de Donald Trump y el ICE.

Se conoció la historia detrás de la casita de Bad Bunny

"Soy Federico Laboureau, tengo cuarenta y dos años, por cumplir cuarenta y tres, pisciano, volador, creativo y creyente en la magia, sobre todo la propia", se presentó. Su salida de la Argentina no fue abrupta ni improvisada, sino el resultado de años de trabajo intenso sin recompensa emocional ni económica: "Trabajaba, trabajaba, trabajaba y nunca alcanzaban las cuentas para nada. Siempre fui un buscador de la paz, y en Argentina nunca la encontraba".

Antes de llegar a Estados Unidos, su recorrido incluyó México, donde armó portafolio y se consolidó en televisión tras su paso por Project Runway y otras franquicias regionales. "Ahí entramos en el mundo de la televisión", explicó, hasta que decidió correrse del vestuario y pasar al diseño de sets: "Me cansé un poco de lidiar con la raza humana y me dediqué a ser director de arte, a crear espacios con más libertad".

Federico Laboureau, director de arte, emigró de Argentina hace más de una década

Durante casi una década, la ecuación funcionó: "Nos fue muy bien, nos compramos una casa, teníamos todos los papeles, pasaporte americano, vivíamos muy bien", recuerdo los años dorados de trabajo y justo con su pareja. Pero el derrumbe llegó con las huelgas sindicales en la industria del cine y la televisión: "Sentí que nos desprotegieron, que a nadie le importó que miles de personas se quedaran sin trabajo".

En medio de esa crisis nació Fuegos, un proyecto gastronómico impensado que comenzó con empanadas congeladas y terminó convirtiéndose en un refugio emocional y cultural: "Si algún día me pasa algo, me pongo a hacer empanadas, a mí nadie me quita lo bailado", le decía a menudo a su novio. Y sus palabras se cumplieron y hoy, el espacio es mucho más que un restaurante: "Es un lugar de encuentro, un refugio. Quise traer la sobremesa, el abrazo, la conexión, y me prometí enseñarles a los gringos lo que es juntarse".

Fuegos, local de comida gastronómica argentina en Los Ángeles, nació por la crisis de la industria audiovisual de EEUU

Fuego es un proyecto que empezó casi como un salvavidas y terminó convirtiéndose en un espacio identitario: "Así nació, en el medio de la crisis y la desesperación de querer pagar mi casa y todo lo que yo había soñado", recordó. Lo que comenzó con empanadas congeladas que las realizaba lunes, martes y miércoles y la repartía el resto de los días duró poco gracias a la buena recepción del público que le permitió abrir un local.

Laboureau decidió ir a contramano de la lógica estadounidense: "Yo quiero que la gente haga sobremesa, que se conecte, que no use el celular", contó, y agregó: "Me prometí enseñarles a los gringos lo que es abrazar, interactuar y conectar". Contra todo pronóstico, funcionó. "Resulta que me chupó todo un huevo lo que decían ellos. Yo conozco mi cultura argentina y latina", afirma. Para él, Fuego fue también un proceso de sanación personal: "Me mostró que hay humanos con ganas de interactuar, pero no saben cómo. Fuego fue un healing con todo, incluso con mi roce social".

Ese espíritu latino también atraviesa su mirada sobre el presente político de Estados Unidos. "Para mí dejó de ser el sueño americano, es una pesadilla americana", afirma sin filtros. Y agregó: "La situación política actual es muy grave. Hoy tenés miedo de salir a la calle, de que te paren, de tener que andar con el pasaporte encima". El entrevistado dejó en claro que él realizó los procesos necesarios para residir en territorio yankee y consiguió la green card, sin embargo el miedo persiste. 

Federico Laboureau fue el encargado de decorar el interior de la casita de Bad Bunny haciendo referencia a la típica casa de abuela

En ese contexto hostil, su trabajo más reciente adquirió un peso simbólico inesperado: fue el primer director de arte en diseñar por dentro la icónica casita de Bad Bunny, vista por millones durante el Super Bowl: "Nunca me imaginé Super Bowl Benito", confesó cuando una íntima amiga le dijo en diciembre que se reserve unas fechas sin aclararle para qué. 

La propuesta fue clara: construir la casa de una abuelita latina desde cero. "Me dieron una caja vacía y me dijeron: hay que hacer la casa de una abuelita latina. Empecé a hurgar en mis recuerdos y en los de todos". La consigna no fue tan difícil, ya que según contó Laboureau fue criado por su abuela. 

Federico Laboureau le dio vida al interior de la famosa casita de Bad Bunny

Así aparecieron los detalles: "Adornos de porcelana, el costurero, la lata de galletitas viejas, las flores de plástico, las cortinas de otra época". Y también su sello personal: "Empecé a agregar detalles rosas, superposición de colores, una casa muy vivida". El resultado fue una escenografía cargada de memoria colectiva y emoción. "Fue representar la casa de cualquier abuelita de Latinoamérica, más yo que me crié con mi abuela".

Federico no asistió al Súper Bowl y ni siquiera lo miró ya que remarca "me chupa un huevo el fútbol americano", así que cuando llegó a su casa tras una jornada de reformas en su local gastronómico, publicó "cuando no hago empanadas estoy haciendo esto" y la repercusión lo sorprendió: "Me di cuenta cuánta magia y cuánto poder tenemos los latinos", reflexionó. "Podemos ser desorganizados, atar todo con alambre, pero tenemos un nivel de amor y compañerismo alucinante". Para Laboureau, haber sido parte de ese evento fue un gesto político y cultural: "Ser latino diseñando esa casita en el evento más gringo que existe, en medio de la crisis con ICE y Trump, fue muy fuerte".

Hoy, su sueño ya no pasa por el reconocimiento ni los grandes proyectos. "Mi gran sueño es vivir en paz y tranquilidad, disfrutar cada segundo, a mi familia y a mis amigos", aseguró. Convencido de que el motor está adentro, dejó un mensaje final: "Creo profundamente que uno es el creador de su propio destino. La peregrinación no es afuera, es adentro".

Entre empanadas, sets y casas de abuela, Federico Laboureau sigue creando. No desde Hollywood, sino desde un lugar más íntimo: el de la identidad, la memoria y la resiliencia latina que se vio reflejada en la falsa casita de Bad Bunny que no solo fue protagonista en el Súper Bowl sino que lo acompaña en toda su gira.