Cinthia Fernández atraviesa, una vez más, su peor pesadilla digital: su cuenta de Instagram fue nuevamente suspendida y, según revelaron en televisión, podría tener que pagar una cifra altísima para recuperarla. El tema se debatió este domingo en Infama (América), donde la periodista Karina Iavícoli dio un dato que dejó al estudio en silencio: "Ella contó que hay como un ejército de gente que la denuncian con temas absurdos, que no son verdades. Y para recuperarlo, ella tiene que pagar un montón de plata. Hasta 10.000 dólares". Y agregó sobre el impacto emocional: "Ella se pone muy mal porque obviamente trabaja con las redes".
No es la primera vez que la panelista sufre este tipo de bloqueos. De hecho, ya atravesó al menos cinco suspensiones. A mediados de diciembre, quebrada al aire de La mañana con Moria (eltrece), se largó a llorar: "Estoy podrida, pido que me dejen en paz porque yo no jodo a nadie. Quiero laburar nada más. Con esto mantengo mi casa entera, vivo y como de las redes". En ese mismo descargo sorprendió al contar el motivo que figuraba en las denuncias: "Ni siquiera tengo fotos en pelotas, ni nada de eso que rompe reglas comunitarias. Tengo 14 denuncias por abuso sexual infantil".
Según explicó, todo se origina en reportes masivos automatizados: "El bot es un robot que te manda mil mensajes malos o mil denuncias como me hicieron a mí. Entonces el sistema detecta eso". También se defendió de sospechas vinculadas a apuestas ilegales: "Yo no promociono casinos, lo hice una sola vez y me apersoné en la Justicia". El impacto no es solo emocional: es económico. Fernández aseguró que sus acuerdos comerciales en Instagram superan los 6 millones de pesos y que su ingreso mensual ronda entre 2.000 y 3.000 dólares.
Por eso, cada bloqueo implica pérdidas fuertes. En una de las suspensiones anteriores confesó: "La última vez me destrozó. Por la deuda que adquirí, tuve que vender el negocio porque en un mes tuve que poner 6 mil dólares". Se refería a la sala de escape que había inaugurado y que terminó vendiendo para cubrir compromisos. Y lanzó una frase que resume su desesperación: "Cerrar una cuenta mía lleva una inversión de 10 mil dólares". Cuando le preguntaron si sospecha de alguien en particular, fue contundente: "Un hijo de p... que no tiene nada que hacer. Roberto tuvo varios intentos para entrarle a su cuenta. Es una obsesión".
Roberto es su pareja, el abogado Roberto Castillo, quien ya intervino judicialmente para recuperar el perfil en el pasado. Tras una suspensión anterior, Cinthia agradeció públicamente: "Gracias a mi amor por el aguante, por conseguirme siempre la salvación, por ser un rottweiler y demandar a todos los que tengas que demandar". Incluso mostró su estado emocional con una frase que se volvió viral: "Estos ojitos son de llorar mucho". En el último conflicto judicial, el Juzgado Federal de Campana, a cargo del juez Adrián González Charvay, le dio la razón y ordenó que futuras denuncias pasen por revisión humana y garanticen su derecho a defensa.
El tribunal consideró que su cuenta constituye un "activo comercial" con el que sostiene a sus hijas. Sin embargo, pese a ese antecedente favorable, la nueva suspensión volvió a dejar su perfil (@cinthia_fernandez_) con el cartel: "Aún no hay publicaciones". Cada vez que logra recuperar la cuenta, la panelista retoma la actividad con urgencia. Tras el último desbloqueo había advertido: "Prepárense porque tengo que vender de todo". Porque detrás de los posteos, historias y promociones hay algo más que exposición mediática: hay contratos, proveedores, remodelaciones en curso y una economía familiar que depende directamente del algoritmo.