En un contexto atravesado por la hiperconectividad, la ansiedad y la sensación permanente de estar "pasados de rosca", Pablo Molinari presenta Demasiado, un unipersonal que convierte esa saturación cotidiana en materia prima para el humor. Pero lejos de una construcción liviana, el comediante deja en claro que detrás de cada chiste hay un proceso complejo, caótico y profundamente personal. "Yo cuando armo los shows, que es un proceso medio caótico... en general no lo pienso medio como tipo, ´bueno, voy a hablar de tal cosa´", explica. De hecho, en lugar de partir de una temática cerrada, su método se apoya en la acumulación de ideas. "Tengo la costumbre de ir anotando en el blog de notas del celu las cosas a las que le veo potencial cómico", remarca durante una charla distendida con BigBang.
Ese archivo fragmentado, que según admite "a veces ni yo solo las entiendo", se transforma luego en material escénico a partir de un trabajo técnico: "Me pongo a escribir, a desarrollarlo y a tratar de buscar el remate, es como toda la parte más técnica y más aburrida del stand up". El resultado, sin embargo, no responde a una planificación rígida sino a un reflejo de época. "Se ve que estaba hablando de la cabeza medio quemada en los últimos dos años y terminó saliendo este material así... como de obsesiones, de sentir como demasiada presión por todos lados", sostiene.
En ese sentido, el espectáculo dialoga con una sensibilidad contemporánea atravesada por la exigencia constante y cierta lógica meritocrática: "Hay una cosa medio como una metáfora en el aire dando vueltas de que si uno no triunfa es por culpa de uno mismo". En Demasiado, ese universo de sobrepensación no solo es tema, sino también motor del humor. "Yo creo que es un poco y un poco", dice sobre si la risa funciona como escape o síntoma. "En la vida yo tiendo a sobrepensar todas las cosas y en parte el tipo de humor que hago suele venir medio de ahí... del lado analítico, más racional", advierte.
Pero esa mirada individual se inscribe en un rasgo más amplio de la cultura local. "El argentino tiene el humor muy como vía de escape... porque necesitamos esa vía todo el tiempo", afirma, y lo contrapone con ironía a sociedades más "estables": "Acá es como subir una montaña rusa sin cinturón... entonces trato de reírme porque sino, ¿qué hago?". Lejos de la idea de un humor superficial, Molinari plantea que el stand up tiene una raíz inevitable en lo incómodo: "Siempre todo el humor nace de alguna cosa medio trágica... si no hay una pequeña tragedia, un dolor, es muy difícil hacer humor".
En ese equilibrio entre exposición y construcción escénica aparece una de las tensiones centrales del género. "Lo que uno presenta en el escenario es siempre una especie de caricatura de uno mismo", explica. "Seguís siendo vos, pero exagerás algunas cosas para mostrarlas". Con más de dos décadas de trayectoria -comenzó en 2005-, el comediante reconoce una evolución hacia un humor más personal: "Antes hacía más observación... ahora siento que estoy haciendo un poco más humor que nace de mí, de las cosas que me pasaron y de cómo veo el mundo".
Sin embargo, ese recorrido individual termina conectando con lo colectivo: "Vos hablás de vos pero todos estamos en lo mismo". El stand up, en ese sentido, aparece también como una práctica de resistencia emocional. "La única forma de hacerlo es subirte al escenario con una hipótesis de risa", señala, retomando una enseñanza de su formación actoral. "Vos imaginás que va a ser gracioso, pero no lo tenés comprobado... y después la gente decide". Esa dinámica implica una exposición constante al fracaso que el cómico no duda en admitir: "Muchas veces no te va bien... y es durísimo".
Pero también es lo que forja la persistencia: "Si querés seguir, tenés que volver a tu casa, ver qué salió mal y volver a intentarlo". De ahí surge, según define, una "resiliencia" que atraviesa todo el oficio. En paralelo, Molinari destaca el rol de su comunidad digital, que no solo amplifica su trabajo sino que también alimenta el proceso creativo: "La gente me manda un montón de cosas todo el tiempo... muchas ideas salen de ahí". Esa interacción, sin embargo, encuentra un límite en el escenario, donde la mirada personal sigue siendo el eje.
De cara al futuro, el comediante no descarta expandirse hacia otros formatos, como la actuación o la conducción, aunque reconoce que son caminos que no dependen únicamente de él. Mientras tanto, Demasiado se consolida como una síntesis de su presente artístico: un espectáculo que, desde la risa, intenta ordenar -aunque sea por un rato- el caos mental de una época saturada. Con funciones en distintas ciudades y una próxima presentación el 24 de abril en el Teatro Premier, Molinari invita a reírse de aquello que, justamente, resulta más difícil de procesar: el exceso, la presión y la imposibilidad de apagar la cabeza. Porque, como deja entrever en cada respuesta, el humor no es una escapatoria ingenua, sino una forma de hacer visible lo que incomoda. Y, en ese gesto, encontrar algún tipo de alivio compartido.