El gato andino (Leopardus jacobita), es el único felino en la categoría En Peligro de Extinción en el continente americano según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Sin embargo, por tercer año consecutivo se volvió a documentar su presencia en Malargüe, provincia de Mendoza, que ahora se volverá un refugio crucial para su conservación.
Con una población estimada de menos de 2.200 ejemplares en todo el continente, este pequeño y esquivo depredador se dejó ver en las cercanías del Área Natural Protegida La Payunia, gracias al uso de cámaras trampa instaladas por la organización WCS Argentina (Wildlife Conservation Society).
El reciente hallazgo de un nuevo ejemplar en 2026, a menos de 10 kilómetros del límite de La Payunia, es una bandera roja que marca la importancia de este territorio como un bastión para la supervivencia de esta especie. Según María José Bolgeri, doctora en biología y gerente de manejo regenerativo de WCS Argentina, "cada hallazgo es una gran noticia, nos confirma que el gato andino continúa en el área y que los esfuerzos de conservación generan resultados concretos. Se trata de una zona donde no lo habíamos registrado antes, pero lo estábamos monitoreando hace años a partir del testimonio de un productor que describió con notable precisión un encuentro con un ejemplar".
El Leopardus jacobita está catalogado como En Peligro de Extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), siendo el único felino en esta categoría en todo el continente americano, pero lamentablemente el ser humano es el principal responsable de su extinción por estos cinco motivos:
- Caza por parte de productores ganaderos. Lo ven como una amenaza para su ganado.
- Atropellamientos en rutas y caminos. Son los que afectan a los ejemplares que cruzan zonas transitadas.
- Reducción de su principal presa. El gato andino se alimenta del chinchillón que también se redujo considerablemente debido a la caza pero también a la competencia con especies introducidas.
- Degradación del hábitat. Esto puede ser causado por actividades extractivas como la explotación de hidrocarburos y minerales.
- Impactos del cambio climático. Que alteran los ecosistemas andinos donde habita.
Con más de 665 mil hectáreas, La Payunia no solo es una de las áreas naturales protegidas más grandes de Argentina, sino también un ecosistema único: su paisaje volcánico es dueña de una rica biodiversidad donde si se presta atención y se mira al cielo, se descubren especie como el cóndor andino y, en la tierra están el puma, el zorro colorado, el choique y el lagarto de las rocas de la Payunia, además del gato andino.
El monitoreo continuo en la región de los científicos y científicas permitió recopilar datos valiosos sobre las especies locales y las condiciones ecológicas. Fernando Miñarro, gerente de áreas protegidas terrestres de WCS Argentina, expresó algo importantísimo: "Para cuidar La Payunia y la vida silvestre que la habita, trabajamos en colaboración con los gobiernos locales, comunidades, productores ganaderos, el sector privado, organizaciones de conservación y de investigación. Este es un claro ejemplo de la función clave que cumple un área natural protegida que impacta positivamente más allá de su límite".
En la misma línea, Miñarro explicó: "La naturaleza no entiende de límites y mucha de su fauna -como el gato andino-, necesita ser protegido dentro y fuera de un área natural protegida. Trabajar en la elaboración e implementación de planes de manejo que derraman buenas prácticas productivas hacia el exterior, como la ganadería regenerativa o el turismo de naturaleza, asegura el éxito de la conservación y la coexistencia".
Uno de los pilares del trabajo de WCS Argentina ha sido fomentar la coexistencia entre los productores ganaderos y las especies nativas. La pérdida de ganado a manos del gato andino y otros depredadores silvestres lleva históricamente a los productores a cazar estos animales como medida preventiva. Sin embargo, desde 2005, WCS Argentina ha trabajado estrechamente con 90 productores locales para implementar técnicas disuasivas no letales.
Estas estrategias incluyen mejoras en los corrales para proteger al ganado, el uso de perros y la instalación de luces de noche para ahuyentar a los depredadores. Los resultados son contundentes: el 84% de los productores que pusieron en marcha estas indicaciones vieron una reducción significativa en las pérdidas de su ganado.