El mercado inmobiliario argentino podría atravesar una de las transformaciones más profundas de los últimos años. En el marco del paquete de reformas impulsado por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, que conduce Federico Sturzenegger, el Gobierno nacional busca eliminar distintas barreras burocráticas que, según sostiene, limitan la competencia dentro del sector del real estate.
Entre los cambios que analiza el Ejecutivo se encuentra la posible eliminación de la matrícula obligatoria y de la exigencia de un título universitario para ejercer el corretaje inmobiliario. En ese escenario, la figura del agente inmobiliario aparece como uno de los grandes protagonistas de un mercado que apunta a ser más abierto, dinámico y competitivo.
De acuerdo con el planteo del proyecto, una mayor apertura permitiría que los agentes inmobiliarios se consoliden como los motores de la competitividad. Lejos de limitarse a la intermediación entre compradores y vendedores, estos profesionales cumplen un papel estratégico en el desarrollo de los negocios, aportando valor agregado, cercanía con los clientes y herramientas de innovación.
Su función abarca desde el análisis de mercado y la captación de potenciales clientes hasta la elaboración de estrategias comerciales y planes de marketing. Esta especialización permite que las inmobiliarias deleguen en los agentes la atención personalizada de los clientes, combinando el uso de tecnología con un servicio adaptado a las nuevas demandas del mercado.
En paralelo, el crecimiento de esta modalidad también impacta en el empleo. Según la Encuesta de Expectativas de Empleo de ManpowerGroup para 2026, el sector de Bienes Raíces registra una Expectativa Neta de Empleo (ENE) del +20%, ubicándose entre las actividades con mejores perspectivas para la creación de nuevos puestos de trabajo.
El modelo basado en agentes también promueve el emprendedurismo. La posibilidad de desarrollar una carrera independiente, construir una marca personal y liderar equipos o comunidades se presenta como uno de los principales atractivos para quienes buscan insertarse en el mercado inmobiliario. A ello se suma una formación cada vez más vinculada con la economía digital, las finanzas y las nuevas tecnologías, aspectos que fortalecen el perfil profesional del agente y le permiten desenvolverse en un entorno cada vez más competitivo.
Uno de los principales cambios del sector pasa por la incorporación de herramientas tecnológicas que buscan optimizar los procesos sin reemplazar el vínculo humano. Entre las principales ventajas que destacan desde el sector figura el uso de inteligencia artificial para automatizar tareas administrativas, una herramienta que permite ahorrar entre 10 y 15 horas semanales, tiempo que luego puede destinarse al asesoramiento personalizado y al fortalecimiento de la relación con los clientes.
También ganan terreno nuevas soluciones como la realidad virtual para realizar visitas inmersivas a propiedades y la tokenización de activos mediante tecnología blockchain, mecanismos que amplían las posibilidades de inversión y resultan especialmente atractivos para las nuevas generaciones de compradores, como los Millennials y la Generación Z.
Sin embargo, pese al avance de la digitalización, el contacto personal continúa siendo un factor diferencial. Según los datos difundidos por el sector, el 66% de los consumidores sigue demandando un acompañamiento profesional y cercano que comprenda sus necesidades específicas, un aspecto que consideran imposible de reemplazar únicamente con herramientas tecnológicas.
La iniciativa oficial también propone modificar el esquema de funcionamiento de los colegios profesionales, promoviendo que compitan entre sí por la prestación de servicios y que la colegiación pase a ser voluntaria. De avanzar la reforma, podrían convivir distintos modelos de trabajo dentro del mercado inmobiliario, con una mayor libertad para desarrollar la actividad y un escenario donde la competencia estaría impulsada por la calidad del servicio, la capacitación y la innovación.
En ese contexto, el agente inmobiliario -cuya figura ya cuenta con reconocimiento dentro del Código Civil y Comercial de la Nación- aparece como una pieza central para potenciar el desarrollo de nuevos negocios, facilitar las operaciones y adaptarse a un mercado que evoluciona al ritmo de la transformación tecnológica. Con habilidades como la resiliencia, la capacidad de adaptación y el espíritu emprendedor, el sector considera que estos profesionales están llamados a desempeñar un rol cada vez más relevante en una industria que busca combinar innovación, eficiencia y un trato personalizado como principales herramientas para competir.