Un día te palpás y notás algo raro. No duele, no grita, no avisa con urgencia, pero está ahí. El cuerpo manda una señal mínima que puede cambiarlo todo. Después vienen el turno médico, los estudios, la espera y, finalmente, una palabra que paraliza: cáncer. A partir de ese momento, la vida se reorganiza entre miedos, decisiones rápidas, tratamientos, burocracia y una certeza que atraviesa a todos por igual... Ningún cáncer es igual a otro y no todas las personas acceden al mismo sistema de salud.
Cada 4 de febrero, el Día Mundial del Cáncer invita a hablar de prevención, detección temprana y tratamientos. Pero también obliga a mirar una realidad incómoda: vivir con cáncer no es un relato épico ni una historia de superación prefabricada. Victoria Vázquez lo sabe en primera persona. Influencer, terapeuta holística y creadora de contenido, fue diagnosticada con cáncer de mama en estado avanzado y decidió usar sus redes sociales para contar lo que casi nunca se muestra: el proceso real, sin edulcorar el dolor ni convertir la enfermedad en una consigna motivacional vacía.
"Mi nombre es Victoria Vázquez, soy una argentina viviendo en El Salvador hace algunos años, me dedico a acompañar a otros en procesos de transformación personal como terapeuta holística, soy creadora de contenido y tengo un gato de 5 años que se llama Román", se presentó en diálogo con BigBang.
El diagnóstico no llegó de forma difusa ni tardía, pero sí con el impacto emocional que marca un antes y un después: "El momento en que recibí la noticia de que tenía cáncer fue uno de esos momentos que nunca se olvidan, ni lo que estaba haciendo, ni con quien, ni la secuencia que vino después de ese llamado. Fue un momento de pausa, bloqueo, incertidumbre, literalmente como el balde de agua fría que te paraliza", recordó.
En su caso, hubo pocos síntomas previos: "No tuve muchos síntomas, yo me sentí el tumor e inmediatamente saqué turno con el médico y una semana después estaba diagnosticada", explicó. Sin embargo, hoy reconoce una señal que en su momento pasó por alto: "Había un síntoma que no había interpretado como alerta antes y era que los meses previos notaba que mi transpiración era excesiva (...) y yo lo adjudicaba al calor. Tiempo después descubrí que ese era un síntoma de cáncer".
Victoria fue diagnosticada con un cuadro complejo: "Mi diagnóstico fue cáncer de mama en seno izquierdo, del tipo luminal B, en estadio 3 con extensión (metástasis) en ganglios". Lejos de pensar primero en tratamientos o pronósticos, su reacción inicial fue profundamente humana: "Lo primero que se me vino a la cabeza cuando escuché el diagnóstico fue: tengo que contárselo a las personas que amo y me aman y segundo, no sé qué es lo que se viene, pero estoy lista".
En el Día Mundial del Cáncer, médicos y organizaciones de la salud pone énfasis en la importancia de los chequeos médicos para una detección temprana. Desde su experiencia, la detección temprana no es un slogan: "Significa salvar tu vida. La detección temprana es vital para las opciones de tratamiento, para los tiempos de acción, para la disminución de riesgos", afirmó la influencer.
Y advirtió sobre una práctica habitual y peligrosa: minimizar síntomas. "Nadie tiene ganas de ir al médico, mucho menos frente a la posibilidad de recibir un diagnóstico de cáncer, sin embargo, es lo peor que podés hacer, el dejar pasar un síntoma por miedo. Más miedo me da no detectarlo a tiempo".
Desde el punto de vista de la entrevistada, hablar de cáncer sigue siendo incómodo: "Muchísimos tabúes en torno al cáncer, tanto es que hay personas que ni siquiera pronuncian la palabra. Las películas han hecho muy mal en ese sentido y hoy en día un diagnóstico de cáncer no es un decreto de muerte", sostuvo.
El recorrido terapéutico de Victoria fue intenso y exigente: "El proceso de tratar el cáncer fue muy duro y muy crudo. Por mi diagnóstico y lo avanzada que estaba, tenía que tomar decisiones fuertes e importantes en poco tiempo". En su caso, no hubo atajos: "Tenía que pasar por todo, cirugía, quimioterapia, radioterapia y tratamiento hormonal (en el cual estoy a la fecha) y lo hice todo en ese orden".
La creadora de contenido destacó algo clave: el rol activo del paciente. "Me informé, cuestioné las recomendaciones de los médicos para tomar las decisiones con toda la información necesaria. Tomé autonomía por mi salud y mi tratamiento y consideré que éramos un equipo junto con los médicos y no simplemente una paciente", explicó contundentemente.
El tratamiento no termina cuando finalizan las sesiones: "Tuve que reaprender a habitar mi cuerpo, durante y después del tratamiento, pero siempre agradeciéndole, amándolo con todas sus formas y entendiendo que todo lo que estaba sucediendo era por el bien de mi cuerpo y de mi salud".
Burocracia, privilegios y desigualdad
Victoria realizó su tratamiento en El Salvador, donde vive hace ya unos años, con cobertura privada: "Yo había empezado a pagar hacía casi un año un seguro médico, por lo que tenía cobertura privada al momento de mi diagnóstico y todo lo hice por la vía privada a través de mi seguro médico", comenzó.
Aun así, la burocracia fue una constante: "Burocracias miles, autorizaciones a último minuto con el corazón en la mano hasta saber que liberaron o no". Y marcó una diferencia estructural que no se puede ignorar: "Teniendo en cuenta que fue un privilegio poder atenderme de esta forma y sabiendo por las cosas que pasan muchas personas a través del sistema de salud público, realmente es lamentable las demoras, las faltas de atención, de insumos por los que tienen que pasar la mayoría de pacientes", cuestionó.
El diagnóstico trae gastos que nadie anticipa: "Hay tantos gastos que no esperás, que no tenés idea que van a venir después del diagnóstico", señaló y ejemplificó con números concretos: "Había estudios genéticos que tuve que hacer que costaban desde mil dólares hasta otros de 4 mil dólares, algunas cosas por fuera de cobertura".
Incluso con seguro médico, el desgaste es enorme: "Mi cobertura médica me dio algunos dolores de cabeza en ciertas ocasiones por temas de burocracia, pero insistiendo y siendo persistente logré resolverlo". Y agregó una reflexión que expone una falla del sistema: "Me parecía insólito tener que estar lidiando con eso mientras uno está intentando superar semejante situación, pero tenía que hacerlo para poder seguir adelante".
Cáncer en redes, sin filtros
Victoria decidió hablar desde el primer momento: "No tenía idea de cómo se trataba un cáncer, nadie en mi familia tuvo, no estaba familiarizada con el tema y a la hora de informarme me di cuenta que era todo muy acartonado, muy cuidado y muy genérico". Por eso eligió otro camino: "Mostré lo bueno, lo malo, lo feliz, lo triste, los errores, los aciertos y la vida tal cual la estaba viviendo".
La exposición no fue sencilla: "En redes todos tienen una opinión, todos tienen una solución mejor, todos quieren apuntarte lo que estás haciendo mal o simplemente el morbo de ser humano".
Pero el impacto fue mayormente positivo: "La respuesta en su mayoría fue de apoyo, de mensajes hermosos, de miles de personas que habían pasado por lo mismo o que estaban pasando agradeciendo por ponerle voz a tantas cosas que vivimos en este proceso".
Victoria, desde su lugar en redes y como sobreviviente del cáncer, advirtió sobre una realidad que crece y se habla poco: "Falta visibilizar el gran aumento de pacientes de cáncer de mama jóvenes".
Y lo vinculó con hábitos sociales: "Somos la generación que tomó pastillas anticonceptivas por muchos años, la que bebió muchísimo alcohol, fumó más, trabajó en exceso y no le dio prioridad al cuidado del cuerpo".
Para quienes evitan los controles, la entrevistada fue clara: "Hacerse controles no significa que vas a dar positivo, pero en el peor de los casos el mejor escenario es detectarlo a tiempo y no lo podés detectar si no hacés los controles". Antes de cerrar, deja un mensaje contundente, sin culpas ni misticismos: "El cáncer de mama, ni ningún cáncer, es culpa del paciente. No lo determina tu estrato social, ni tu estilo de vida, no es un castigo, no es karma, no es una herida que no sanaste ni tampoco es una sentencia de muerte".
La influencer concluyó: "El cáncer viene a filtrarte la vida, a acomodarte las prioridades, pero cómo lo vivís y cómo salís de este proceso solo depende de vos".
El cáncer no deja moralejas universales ni convierte a nadie en héroe ni heroína por sobrevivir. No es una enseñanza obligatoria ni una prueba de carácter. Es una experiencia que irrumpe, desarma y expone con crudeza las desigualdades, los miedos y las fragilidades de un sistema que muchas veces no llega a tiempo. Escuchar voces como la de Victoria Vázquez no es inspirarse desde la distancia, sino asumir una responsabilidad colectiva: hablar sin tabúes, exigir acceso real a la salud, sostener a quienes atraviesan un diagnóstico y entender, de una vez, que vivir con cáncer no se trata de positivismo forzado, sino de derechos, información y humanidad.