El arranque del Torneo Apertura de la Liga Profesional trajo una novedad en las transmisiones: Morena Beltrán debutó como comentarista de fútbol tras años como cronista de campo de juego. Lejos de celebrarse el avance de una periodista joven en un espacio históricamente cerrado, el hecho derivó en una discusión televisiva que volvió a exponer una lógica anacrónica y profundamente machista. El escenario fue Bendita TV y el protagonista, una vez más, Horacio Pagani.
Mientras la panelista Estefi Berardi reclamaba más espacios para las mujeres en un ámbito que definió como "muy masculino", Pagani reaccionó sin rodeos: "El fútbol es esencialmente masculino, hay una historia de 200 años de fútbol masculino". Lejos de matizar, redobló la apuesta con una frase excluyente: "No se metan las mujeres que no juegan al fútbol. Está todo bien con el femenismo, somos todos iguales, pero al fútbol lo juegan los tipos".
El resto de las integrantes del programa intentó marcarle que "cada vez hay más mujeres que les gusta el fútbol", pero Pagani cerró cualquier posibilidad de debate con una definición tan arbitraria como elitista: "No les tiene que gustar, tienen que entender del juego". En su lógica, el fútbol no es un fenómeno cultural y social, sino un club privado al que solo acceden quienes él considera "legítimos". Todos ellos con una contundente condición: deben ser hombres.
Nada de esto es nuevo. Pagani lleva años construyendo un discurso que niega, minimiza o ridiculiza la participación femenina en el deporte. En enero de 2021, también en Bendita, lanzó una frase que provocó un estallido de críticas: "El fútbol femenino no existe". La afirmación se dio en pleno debate por Rocío Oliva y el uso de tarjetas de crédito tras la muerte de Diego Maradona. Oliva había jugado al fútbol en River y fue allí cuando Pagani disparó: "El fútbol femenino no existe ahora, ¿te imaginás lo que era antes? Le faltan 30 ó 40 años para desarrollarse, ¿no viste la final, 7-0? ¿Vos viste cómo jugaban? Todavía le falta mucho".
La referencia era al partido que definió el primer campeonato profesional del fútbol femenino en la Argentina, donde Boca goleó a River. Para Pagani, un resultado abultado fue suficiente para invalidar toda una disciplina en crecimiento. El razonamiento, además de simplista, ignora deliberadamente las condiciones históricas de desigualdad, falta de inversión y profesionalización tardía que él mismo contribuye a justificar.
El desprecio no se limita al fútbol. En 2019, en el programa Las Rubias, afirmó sin pudor: "Me parece que el boxeo femenino es antinatural. Va a necesitar adaptación. Tengo libertad para decirlo porque soy de otro tiempo". Y agregó: "Los deportes de roce físico (entre mujeres) no me gustan... Soy de otra generación". Como si la pertenencia generacional fuera una coartada válida para el machismo.
Ese mismo año, invitado a la mesa de Mirtha Legrand, la conductora le preguntó: "¿A vos te gusta que las mujeres jueguen al fútbol?". La respuesta volvió a ser reveladora: "No estoy acostumbrado, me es difícil. Es como el boxeo, también ¿no?, es un poco raro". Sobre el boxeo femenino, remató: "Nunca hice una sola línea sobre boxeo femenino. No me gusta, porque me da la sensación que las mujeres compiten para ser lindas y no para desfigurarse".
El archivo es todavía más brutal. En una entrevista publicada en la revista Mía en 2010, Pagani sostuvo: "Hay mujeres que tienen idea en general, pero no llegan a comprometerse con el fútbol como el hombre. Además, ya es difícil explicarle a un hombre qué es un offside, mucho más a una mujer, ¡no van a aprender nunca!". Y fue más allá al describir cómo, según él, viven las mujeres el fútbol: "¡No se puede aprender algo de fútbol cada cuatro años y encima pretender opinar!". Para Pagani, ellas solo se interesan durante los Mundiales y estorban el ritual masculino de mirar un partido.
La conclusión de ese pensamiento resulta tan clara como violenta: "Son compañeras en silencio, ceban mate, mantienen lleno el vaso de lo que estamos tomando, o se pueden ir". No es una provocación aislada: es una concepción del fútbol como territorio masculino, donde las mujeres solo tienen lugar si callan o desaparecen. El debut de Morena Beltrán, lejos de ser el problema, dejó en evidencia la verdadera discusión: no si las mujeres "entienden" o no de fútbol, sino por qué discursos que las expulsan simbólicamente siguen siendo naturalizados en los medios. Mientras el fútbol femenino crece, se profesionaliza y gana audiencia, y cada vez más mujeres ocupan roles periodísticos con formación y trayectoria, ciertas voces insisten en anclarse en un pasado que ya no existe.